Científicos mapean el cerebro de una mosca y lo convierten en un modelo computacional

Científicos mapean el cerebro de una mosca y lo convierten en un modelo computacional

Un equipo internacional reconstruyó el cerebro completo de la mosca de la fruta, 125 mil neuronas y 50 millones de conexiones, y lo convirtió en un modelo computacional que predice comportamientos reales con 91% de precisión.

Imagina poder tomar el cerebro de una mosca, fotografiar cada una de sus neuronas con un microscopio electrónico, registrar cada una de sus 50 millones de conexiones… y luego reconstruirlo dentro de una computadora. Eso es, en esencia, lo que hizo un equipo de investigadores de la empresa Eon Systems  en colaboración con universidades como UC Berkeley, Princeton y Cambridge, entre otras.

El animal elegido fue la Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta. No porque sea glamorosa, sino porque tiene el cerebro más completamente mapeado de cualquier animal adulto en la historia de la ciencia. Su connectome, el mapa completo de todas las conexiones neuronales, fue publicado también en 2024, y este estudio lo usó como punto de partida.

Con ese mapa en mano, los investigadores construyeron un modelo computacional de integración y disparo: básicamente, una simulación que imita cómo las neuronas se activan, se comunican entre sí y generan respuestas. Sin entrenarlo con datos externos. Sin inteligencia artificial de por medio. Solo las conexiones reales del cerebro de la mosca.

Azúcar, agua y una trompa

Para probar si el modelo funcionaba, los científicos le hicieron preguntas concretas: ¿qué pasa en el cerebro de la mosca cuando detecta azúcar? ¿Y cuando detecta algo amargo? ¿Qué neuronas se activan, en qué orden, y qué comportamiento producen?

En la vida real, cuando una mosca hambrienta toca azúcar con sus patas o su boca, extiende la trompa para comer. Cuando detecta algo amargo, la retrae. Es un reflejo básico, pero involucra docenas de neuronas trabajando en cadena.

El modelo predijo correctamente cuáles neuronas se activaban con el azúcar, cuáles desencadenaban el movimiento de la trompa, y cómo el sabor amargo lo inhibía. Todo esto sin haberle «enseñado» ninguna de esas respuestas.

Los resultados fueron validados experimentalmente: activaron neuronas reales en moscas vivas usando optogenética, una técnica que usa luz para encender o apagar neuronas específicas,  y compararon lo que predecía el modelo con lo que hacía la mosca de verdad. La precisión fue del 91% en más de 164 predicciones distintas.

Aquí está el dato que hace que esto trascienda la biología de insectos: nunca antes se había modelado un cerebro completo partiendo únicamente de su estructura física sin ningún tipo de entrenamiento previo.

Lo que hicieron fue demostrar que la arquitectura del cerebro ya contiene información suficiente para predecir el comportamiento. No necesitas saber qué aprende el animal, ni su historia, ni sus experiencias. Solo necesitas saber cómo está conectado.

Esto tiene implicaciones profundas para la neurociencia, la inteligencia artificial y el estudio de enfermedades neurológicas. Si el modelo funciona en una mosca con 125 mil neuronas, la pregunta natural es: ¿qué tan lejos estamos de hacer lo mismo con organismos más complejos?

El modelo tiene limitaciones reconocidas por los propios autores: no captura neuromoduladores como la dopamina o la serotonina, ignora el estado interno del animal (si tiene hambre o no), y asume que todas las neuronas parten de cero actividad. Algunos comportamientos más complejos que dependen de estos factores no pudieron ser predichos correctamente.

Pero esas limitaciones son también una hoja de ruta. Cada cosa que el modelo falla en predecir señala exactamente dónde hay que seguir investigando.

El código del modelo es público y está disponible en GitHub. Cualquier laboratorio del mundo puede tomarlo, ajustarlo y usarlo para estudiar nuevos circuitos del cerebro de la mosca, o intentar replicar el enfoque en otros organismos.

El cerebro humano tiene aproximadamente 86 mil millones de neuronas y 100 billones de conexiones. El de la mosca tiene 125 mil neuronas. La escala es radicalmente diferente.

Pero la metodología, el principio, ya fue demostrado: es posible tomar el mapa de un cerebro y simular cómo piensa. El connectome humano completo aún no existe, es uno de los proyectos más ambiciosos de la neurociencia actual, pero este estudio es una prueba de concepto de lo que se podría hacer cuando esté listo.

Si la estructura es suficiente para predecir el comportamiento de una mosca, la pregunta no es si algún día podremos simular un cerebro humano. La pregunta es cuándo.