Este viernes, el Paseo de la Reforma se transformó en un escenario lleno de luz, color y tradición. Entre el resplandor de las piezas lumínicas del festival “Solo la Luz” y los tonos encendidos del Festival de Flores de Cempasúchil, la Ciudad de México dio inicio a las celebraciones del Día de Muertos con dos eventos que unieron arte contemporáneo y herencia ancestral.

A lo largo de la avenida, miles de personas caminaron entre esculturas de luz, proyecciones y estructuras interactivas que integran la muestra curada por David Di Bona y creada por FILUX LAB, un colectivo reconocido por sus intervenciones lumínicas en espacios públicos. Desde la glorieta del Ángel de la Independencia hasta el Ahuehuete, Reforma se convirtió en un corredor sensorial donde la tecnología y la creatividad dialogaron con la arquitectura urbana.
“La luz no sólo embellece nuestras calles; también ilumina nuestras emociones”, expresó Alejandra Frausto Guerrero, secretaria de Turismo de la Ciudad de México, durante la inauguración oficial del festival. Acompañada por artistas, curadores y representantes del sector cultural, destacó que este tipo de proyectos “permiten vivir la ciudad desde la inclusión, la sustentabilidad y el derecho al arte”.

El festival “Solo la Luz” podrá visitarse hasta el 29 de octubre, con entrada libre, como parte de las actividades culturales que posicionan a la capital como uno de los principales referentes del turismo artístico en América Latina.
El brillo del cempasúchil en Reforma
Junto con el festival lumínico, se inauguró también el Festival de Flores de Cempasúchil, una exposición y venta que llenó Reforma de los colores tradicionales del Día de Muertos. En la ceremonia participaron Alejandra Frausto, Nadine Gasman Zylbermann, titular de la Secretaría de Salud; y Eréndira Cruzvillegas, consejera jurídica del gobierno capitalino, acompañadas por diputadas locales y productores de Xochimilco.
Sobre las aceras de Reforma, los visitantes pudieron recorrer puestos donde se ofrecían ramos y arreglos florales elaborados por productores locales. De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente, este año se cultivaron más de 6 millones de plantas de cempasúchil en la Ciudad de México, una cifra que refleja la fuerza de la floricultura capitalina.

“El festival acerca la riqueza del suelo rural de la ciudad a la vida urbana”, comentó Frausto, subrayando la importancia cultural y ecológica de esta tradición que cada año tiñe de amarillo los campos y los altares dedicados a los fieles difuntos.
El recorrido inaugural culminó con el corte de listón frente al número 296 de Paseo de la Reforma, donde autoridades, floricultores y visitantes se sumergieron en una mezcla de aromas, luces y música que marcaron el inicio de la temporada más simbólica para la cultura mexicana.
Ambos festivales permanecerán abiertos hasta inicios de noviembre, ofreciendo un fin de semana en el que la Ciudad de México late con arte, memoria y tradición.
