Grimes y Milla Jovovich entran al laboratorio de la IA: artistas que cruzan una frontera históricamente masculina

Grimes y Milla Jovovich entran al laboratorio de la IA: artistas que cruzan una frontera históricamente masculina

En un campo donde las mujeres representan apenas 22% de los profesionales, dos figuras formadas en la música, el cine y la cultura pop han intervenido problemas centrales de la inteligencia artificial: la voz sintética, la autoría, la memoria y la relación entre humanos y máquinas.

Grimes y Milla Jovovich, dos artistas conocidas por su trabajo frente al público, han comenzado a ocupar un lugar distinto dentro del ecosistema de inteligencia artificial: no solo como usuarias, imagen o tema de discusión, sino como participantes en proyectos que tocan problemas técnicos de fondo. Grimes abrió su voz sintética a creadores mediante Elf.Tech; Jovovich aparece asociada a MemPalace, un sistema abierto de memoria para IA. En ambos casos, el gesto resulta significativo porque ocurre en una industria donde las mujeres siguen siendo minoría estructural.

La desigualdad no es menor. De acuerdo con UNESCO, las mujeres representan solo 22% de los profesionales en inteligencia artificial y 28% de los graduados terciarios en ingeniería. La cifra permite leer estos casos más allá de la anécdota pop: no se trata únicamente de celebridades entrando a la IA, sino de mujeres provenientes de industrias culturales que cruzan hacia territorios donde históricamente se han diseñado sistemas, patentes, infraestructuras y modelos técnicos sin ellas.

En 2023, Claire Elise Boucher, conocida como Grimes, cantante y compositoria del género electrónico, lanzó Elf.Tech en colaboración con CreateSafe. La plataforma permitía subir o grabar voces para transformarlas en una voz sintética basada en GrimesAI-1. Los creadores podían usar esa voz en canciones comerciales a cambio de compartir 50% de las regalías del master recording. La propuesta apareció en medio de una discusión creciente sobre deepfakes musicales, derechos de autor y clonación de voz, pero Grimes eligió un camino distinto al rechazo frontal: intentar convertir la copia de su voz en una licencia experimental.

Grimes aparece anunciada por Fortune Brainstorm Tech 2026 como CEO de Gesserit, aunque el sitio público de Gesserit todavía no explica con claridad su estructura corporativa ni el rol de Claire Elise Boucher en el proyecto. La señal, sin embargo, es relevante: Gesserit se presenta como una herramienta de text-to-speech para creadores, justo en la zona donde Grimes ya venía experimentando con voz sintética, licencias y autoría generativa.

Grimes no llega a la IA solo como cantante famosa que “descubrió” una moda tecnológica. Antes de su carrera musical estudió en McGill University en un programa conjunto de artes y ciencias, y ha construido buena parte de su obra alrededor de estética digital, avatares, música electrónica, ciencia ficción, cultura de internet y tecnologías emergentes. Su intervención con Elf.Tech puede leerse como una continuidad de esa trayectoria: la voz no solo como expresión artística, sino como interfaz, propiedad intelectual, material entrenable y sistema de distribución.

La actriz Milla Jovovich, llega desde una trayectoria distinta. Nació en Kyiv en 1975, emigró con su familia desde la Unión Soviética siendo niña y construyó una carrera como modelo, actriz y música. Su sitio oficial recuerda que comenzó a modelar desde los once años, pasó al cine a finales de los ochenta y publicó en 1994 el álbum The Divine Comedy, con letras escritas desde la adolescencia.

En 2026, Jovovich está vinculada a MemPalace, un sistema open source de memoria para IA desarrollado junto con Ben Sigman. El proyecto se presenta como una arquitectura local-first para que los modelos conserven memoria persistente, almacenen información de forma literal y recuperen contexto mediante búsqueda semántica. Su sitio oficial la define como “Architect of MemPalace”, mientras que la página técnica del proyecto la presenta como arquitecta de la visión y a Sigman como responsable del motor, benchmarks e infraestructura.

MemPalace no está exento de discusión. El propio ecosistema alrededor del proyecto ha tenido que matizar afirmaciones sobre benchmarks y rendimiento. Un análisis crítico publicado en arXiv sostiene que parte del desempeño proviene más de su filosofía de almacenamiento literal y del uso de ChromaDB que de la metáfora espacial del “palacio de memoria”. Aun así, el análisis reconoce contribuciones relevantes: almacenar memoria de forma verbatim, reducir costos de arranque, operar sin llamadas obligatorias a API y aplicar metáforas espaciales para organizar memoria de agentes.

La lectura histórica aparece después de los hechos. Durante décadas, a muchas mujeres en las industrias culturales se les permitió ser rostro, cuerpo, voz o presencia, pero no necesariamente arquitectura. La cámara, el micrófono y el escenario aceptaban su imagen; los laboratorios, las patentes y los sistemas técnicos rara vez les concedían la misma autoridad. Por eso estos casos importan: Grimes no solo canta; convierte su voz en infraestructura licenciable. Jovovich no solo interpreta personajes de ciencia ficción; participa en una arquitectura de memoria para sistemas de IA.

El antecedente inevitable es la actriz Hedy Lamarr. Hollywood la convirtió en símbolo de belleza durante su época dorada, pero Lamarr también trabajó con el compositor George Antheil en un sistema de comunicación por salto de frecuencia, patentado en 1942, pensado para reducir el riesgo de detección o interferencia en torpedos guiados por radio. No inventó directamente el Wi-Fi, como suele simplificarse, pero su patente es reconocida como un desarrollo importante en la historia de las comunicaciones inalámbricas.

Ese paralelo no significa que Lamarr, Grimes y Jovovich ocupen el mismo lugar técnico. Lamarr participó en una patente de comunicaciones; Grimes intervino la economía de la voz sintética; Jovovich aparece asociada a un sistema open source de memoria para IA. Lo que comparten es otra cosa: la interrupción de una expectativa histórica. Mujeres formadas en industrias donde se les pidió aparecer, interpretar o representar, cruzan hacia espacios donde se define cómo funcionarán las tecnologías.

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