OpenAI publicó este 6 de abril el documento Industrial Policy for the Intelligence Age: Ideas to Keep People First, un texto de 13 páginas en el que plantea que la política pública ya debería empezar a prepararse para una transición hacia la “superinteligencia”, definida ahí como sistemas capaces de superar a los humanos más capaces incluso cuando esos humanos están asistidos por IA. La empresa presenta esa transición no como una posibilidad remota, sino como un proceso que ya habría comenzado.
El punto más explosivo del documento está en ese encuadre. OpenAI afirma que «estamos iniciando una transición hacia la superinteligencia” y sostiene que los marcos institucionales actuales no bastan para gobernar lo que viene. Bajo esa premisa, la firma no se limita a pedir regulación técnica para modelos avanzados, sino que propone una discusión más amplia sobre una nueva política industrial capaz de reordenar trabajo, energía, impuestos, seguridad y distribución del ingreso.
El texto está armado alrededor de una promesa y una advertencia. Por un lado, OpenAI asegura que la superinteligencia podría acelerar descubrimientos científicos y médicos, elevar la productividad y abaratar bienes esenciales. Por otro, advierte riesgos de desplazamiento laboral, concentración de riqueza, usos maliciosos en ciberseguridad y biología, y sistemas que actúen fuera de un control humano significativo.
A partir de ahí, la empresa propone una agenda económica y social inusualmente ambiciosa para una firma tecnológica. Entre sus ideas están tratar el acceso a la IA como un “derecho a la IA”, es decir, como una condición básica para participar en la economía moderna; modernizar la base fiscal ante una posible erosión de impuestos ligados al trabajo y la nómina; explorar gravámenes relacionados con “trabajo automatizado”; y crear un Fondo de Riqueza Pública (Public Wealth Fund) para que la población participe directamente del crecimiento impulsado por IA.
«Derecho a la IA. Considerar el acceso a la IA como fundamental para la participación en la economía moderna, de forma similar a los esfuerzos masivos para aumentar la alfabetización global o para garantizar que la electricidad e internet lleguen a las zonas más remotas del planeta. (Internet aún no está distribuido equitativamente en todo el mundo, ni siquiera en Estados Unidos; aprendamos de esto y busquemos corregir estos problemas en lo que respecta a la IA). Ampliar el acceso asequible y fiable a los modelos fundamentales —los componentes básicos de los sistemas de IA modernos— y garantizar un nivel básico de capacidad que esté ampliamente disponible, incluso mediante puntos de acceso gratuitos o de bajo coste. Apoyar la educación, la infraestructura, la conectividad y la formación necesarias para utilizar estos sistemas de forma eficaz, y asegurar que los trabajadores, las pequeñas empresas, las escuelas, las bibliotecas y las comunidades marginadas no queden excluidas de las capacidades que impulsan la productividad y las oportunidades», señala el texto.
En la parte laboral, OpenAI plantea dar a los trabajadores una voz formal en la adopción de IA dentro de los lugares de trabajo, con la idea de que esa tecnología mejore seguridad y calidad laboral en vez de degradarlas. También propone incentivos para pilotos de semanas laborales de 32 horas o cuatro días sin reducción salarial, siempre que el nivel de producción y servicio se mantenga.
El documento también entra en terreno sensible en materia de seguridad. OpenAI pide fortalecer esquemas de auditoría para riesgos de frontera, desarrollar sistemas de trazabilidad y verificación, y preparar mecanismos de contención para modelos peligrosos que ya hayan sido liberados. En ese apartado menciona explícitamente riesgos químicos, biológicos, radiológicos, nucleares y cibernéticos, así como escenarios en los que sistemas avanzados no puedan retirarse fácilmente del entorno real.
Aunque el texto se presenta como una invitación temprana al debate y no como un paquete final de recomendaciones, su apuesta política es clara: OpenAI quiere instalar la idea de que el ascenso de la IA avanzada exige una actualización del contrato social comparable, en su narrativa, a las transformaciones institucionales que acompañaron la era industrial. El documento incluso vincula esa conversación a nuevas becas, apoyos en créditos de API y discusiones en un nuevo OpenAI Workshop que abrirá en mayo en Washington, DC.
La publicación ya empezó a ser leída en esa clave. Axios describió el texto como una especie de “superintelligence New Deal”, mientras que otros medios destacaron propuestas como impuestos al trabajo automatizado, un fondo público de riqueza y la semana laboral de cuatro días.
Más allá de si esas ideas prosperan o no, el documento deja una señal política importante: OpenAI ya no está hablando solo de herramientas de IA ni solo de riesgos técnicos. Está empujando públicamente una narrativa en la que la superinteligencia funciona como horizonte organizador de la economía y de la gobernanza. Y eso desplaza la discusión: ya no se trata únicamente de regular productos, sino de empezar a rediseñar instituciones bajo una premisa tecnológica todavía altamente disputada.
