Musk acusa a OpenAI de “robar una organización benéfica”; OpenAI responde con sus propios correos

Musk acusa a OpenAI de “robar una organización benéfica”; OpenAI responde con sus propios correos

El juicio entre Elon Musk y OpenAI tuvo su primer momento dramático cuando un abogado de la empresa intentó presentar al empresario como resentido y contradictorio. La disputa ya no gira solo en torno al dinero: también se pelea la memoria fundacional de la compañía que creó ChatGPT.

El megajuicio de la era de la inteligencia artificial ya tuvo su primer momento de tensión. En una corte federal de Oakland, California, Elon Musk volvió al estrado en su demanda contra OpenAI y Sam Altman, en un caso que podría alterar el futuro corporativo de una de las empresas más poderosas de la industria tecnológica.

La escena más incómoda ocurrió durante el interrogatorio del miércoles, cuando Bill Savitt, abogado externo de OpenAI, cuestionó directamente las motivaciones de Musk para demandar a la compañía que él mismo ayudó a fundar en 2015. De acuerdo con The Information, Savitt intentó presentar al magnate como una figura resentida y manipuladora, y buscó debilitar su argumento legal: que OpenAI incumplió sus promesas originales y violó sus deberes filantrópicos.

En varios momentos, según ese reporte, Savitt corrigió la versión de Musk sobre los primeros años de OpenAI leyendo correos electrónicos escritos por el propio empresario. La estrategia de la defensa parece clara: OpenAI no solo quiere negar que traicionó su misión original, sino disputar la autoridad moral de Musk para contar esa historia.

Musk acusa a OpenAI de haber abandonado el propósito con el que nació: desarrollar inteligencia artificial en beneficio de la humanidad bajo una estructura sin fines de lucro. En su testimonio, el empresario afirmó que hacia finales de 2022 comenzó a creer que Altman intentaba “robar la caridad”, en referencia a la transformación de OpenAI en una organización con una poderosa rama comercial.

OpenAI rechaza esa versión. Sus abogados sostienen que nunca existió una promesa legalmente vinculante de permanecer como una organización sin fines de lucro para siempre. También argumentan que Musk no actúa como un guardián desinteresado de la misión original, sino como un competidor que busca dañar a OpenAI mientras desarrolla su propia empresa de inteligencia artificial, xAI.

El cruce entre Musk y Savitt fue especialmente tenso. Reuters reportó que Musk acusó al abogado de intentar engañarlo con sus preguntas. Savitt le respondió que sus cuestionamientos sobre los beneficios fiscales de las donaciones de Musk y la estructura corporativa de OpenAI eran simples, y que sus respuestas también debían serlo. Musk replicó: “Sus preguntas no son simples. Están diseñadas para engañarme”.

La jueza Yvonne Gonzalez Rogers, quien preside el caso, tuvo que intervenir en algunos momentos para pedir respuestas más directas. CBS News reportó que, cuando se le preguntó si OpenAI fue constituida como organización sin fines de lucro en diciembre de 2015, Musk terminó respondiendo que sí, aunque intentó matizar la respuesta con una comparación que la jueza frenó rápidamente.

El caso tiene una dimensión económica enorme. Musk busca revertir la conversión de OpenAI hacia una estructura con fines de lucro, remover a Altman y Greg Brockman, y obtener daños multimillonarios que, según su postura, serían destinados al brazo sin fines de lucro de OpenAI. Reuters reportó que la cifra reclamada ronda los 150 mil millones de dólares, mientras que otros reportes han manejado montos distintos según el alcance de las demandas y los demandados involucrados.

Pero el juicio también tiene una dimensión simbólica. Lo que se discute en Oakland no es únicamente si OpenAI puede operar como una empresa valorada en cientos de miles de millones de dólares. También se disputa quién puede reclamar la misión original de la inteligencia artificial “para beneficio de la humanidad”.

Musk intenta presentarse como el fundador que financió una causa filantrópica y luego fue traicionado por sus antiguos socios. OpenAI intenta mostrar otra historia: que Musk conocía las tensiones económicas del proyecto, que exploró estructuras comerciales y que buscó tener mayor control sobre la organización antes de distanciarse de ella. The Guardian reportó que durante el juicio se han revisado comunicaciones internas y discusiones sobre posibles modelos comerciales, así como el papel de Tesla en los planes de Musk para la IA.

Por eso, el interrogatorio de Savitt importa. Al leer los propios correos de Musk, OpenAI intenta mover el juicio del terreno épico —la traición a una misión humanitaria— hacia uno más incómodo para el empresario: el de sus contradicciones, sus intereses comerciales y su disputa personal con Altman.

El resultado podría tener consecuencias profundas para OpenAI, para sus planes corporativos y para el modelo bajo el cual se está construyendo la inteligencia artificial más avanzada. Pero, más allá del fallo, el juicio ya abrió una pregunta mayor: si la IA nació bajo la promesa de servir a la humanidad, ¿quién tiene derecho a decidir cuándo esa promesa fue traicionada?

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