El nuevo Destino Manifiesto: Estados Unidos y la doctrina de supremacía en inteligencia artificial

El nuevo Destino Manifiesto: Estados Unidos y la doctrina de supremacía en inteligencia artificial

En 1845, el periodista John O’Sullivan acuñó la frase que justificaría décadas de expansión territorial estadounidense: era el «destino manifiesto» de Estados Unidos extenderse de costa a costa, civilizar el continente y hacerlo bajo la convicción de una superioridad moral otorgada por la providencia. El argumento combinaba tres elementos: superioridad civilizatoria, misión histórica inevitable y derecho natural sobre los territorios que esa misión requería.

Casi dos siglos después, la administración de Donadl Trump ha construido algo con indicios de una doctrina equivalente o al menos afín a una de las primeras manifestaciones sobre expansionismo norteamericano frente al desarrollo de la inteligencia artificial. No como metáfora. Como política de Estado.

La doctrina

Desde el 20 de enero de 2025, la Casa Blanca ha articulado con precisión creciente una visión de dominación tecnológica global. Los documentos son explícitos: el objetivo es la «dominación global incuestionada e incontestada» en inteligencia artificial. En julio de 2025, Trump firmó tres órdenes ejecutivas orientadas a construir infraestructura de IA, difundir tecnología estadounidense globalmente y eliminar lo que la administración llama «sesgos ideológicos» en los modelos. El plan de acción que las acompaña contiene más de cien recomendaciones para alcanzar la supremacía global.

El lenguaje presidencial no deja margen a la interpretación. En la cumbre «Winning the AI Race» de julio de 2025, Trump equiparó el momento con «una prueba diferente a cualquier cosa desde el amanecer de la era espacial» y prometió hacer «lo que sea necesario» para mantenerse por delante de China.

Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, lo formuló con la precisión de quien sabe exactamente lo que está construyendo: «Así como el dólar americano es el estándar global sobre el que cada país opera, el stack tecnológico americano debería ser el stack de IA sobre el que todos construyen». El dólar como moneda de reserva nunca fue solo economía. Fue geopolítica. La analogía de Huang no es casual.

Los tres pilares del Destino Manifiesto original, en versión 2026

El Destino Manifiesto del siglo XIX operaba sobre una arquitectura de tres elementos. Los tres reaparecen.

Superioridad civilizatoria. Entonces era la democracia liberal anglosajona frente a los pueblos «no civilizados». Hoy es la «IA libre» frente a la «IA autoritaria» china. El framing moral está construido: Estados Unidos desarrolla IA con valores, China desarrolla IA para vigilar y controlar. Que ambas potencias utilicen sus modelos para fines de inteligencia militar y seguridad nacional no interrumpe el relato.

Misión histórica inevitable. En el siglo XIX, la expansión era una obligación, no una opción. Hoy, el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca publicó en enero de 2026 un informe que describe las políticas de IA de Trump como el equivalente a capturar la ventaja de una revolución industrial: los países que no suban al stack estadounidense quedarán rezagados de forma permanente. La inevitabilidad está incorporada al argumento económico.

«La administración Trump está sentando las bases para el dominio estadounidense de la IA mediante la aceleración de la innovación, el desarrollo de infraestructuras y la desregulación, al tiempo que establece una posición dominante a nivel mundial a través de las exportaciones tecnológicas. Si la revolución de la IA es tan transformadora como la Revolución Industrial, ¿deberíamos esperar que esto conduzca a una segunda Gran Divergencia?», señala el texto.

Derecho sobre el territorio que la misión requiere. En el siglo XIX, ese territorio era físico. Hoy es infraestructura: rutas de datos, minerales críticos para semiconductores, capacidad de cómputo, y también territorio físico. Las declaraciones de Trump sobre Groenlandia, Canadá y el Canal de Panamá tienen una lógica de perímetro estratégico que incluye explícitamente el control de los recursos que sostienen la supremacía tecnológica. La energía barata para los data centers es parte de la doctrina: el secretario de energía Chris Wright lo articuló sin eufemismos en el National Petroleum Council.

La bendición que completa el cuadro

El Destino Manifiesto del siglo XIX necesitaba a Dios. Las iglesias protestantes proporcionaron el lenguaje providencial que convirtió la conquista en vocación.

En mayo de 2026, el Papa León XIV presentó Magnifica Humanitas, la primera encíclica papal dedicada a la inteligencia artificial, acompañado en el estrado vaticano por Christopher Olah, cofundador de Anthropic. La imagen circuló en todos los medios del mundo: el pontífice y el tecnólogo, juntos, llamando a una «alianza entre la Iglesia y la industria tecnológica» para guiar el desarrollo de la IA.

El detalle que los titulares omitieron: Anthropic había rechazado previamente firmar el compromiso ético de IA avalado por el propio Vaticano. Aun así, recibió el lugar más prominente en el acto.

No es necesario atribuir intención para observar el efecto: la institución moral más antigua de Occidente acaba de colocar su autoridad simbólica en el mismo marco que la expansión tecnológica estadounidense. Que Anthropic litigue simultáneamente contra el Pentágono por el uso militar de sus modelos añade una capa de complejidad al cuadro, pero no lo deshace. Los actores del Destino Manifiesto original también tenían contradicciones internas.

Lo que esto significa para el resto

El Destino Manifiesto del siglo XIX no fue solo una doctrina de expansión. Fue un mecanismo para naturalizar la asimetría: lo que era conquista se volvió destino; lo que era política se volvió inevitabilidad histórica.

La doctrina de supremacía en IA opera de la misma manera. Para los países que no producen modelos de frontera, la mayoría del mundo, incluyendo México y el resto de América Latina, el debate no es si adoptar el stack estadounidense o el chino. Es si existe alguna posibilidad de no ser territorio de expansión de ninguno de los dos. Esa pregunta, por ahora, no tiene respuesta en ningún plan de acción gubernamental de la región.

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