Conatel informó que la ruptura de un cable submarino de fibra óptica redujo en aproximadamente 50% la capacidad de internet del país. La reparación requiere trabajos bajo el mar y rutas alternas de conectividad internacional.
Los terremotos que golpearon Venezuela el 24 de junio no solo dañaron edificios, puertos, hospitales y redes eléctricas. También afectaron una de las capas menos visibles de la emergencia: la infraestructura que conecta al país con internet global. La Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela, (Conatel), informó que los sismos provocaron la ruptura física de un cable submarino de fibra óptica que enlaza al país con la red internacional. La afectación más grave fue ubicada a 1.8 kilómetros de la estación de Puerto Viejo, en Catia La Mar, estado La Guaira.
De acuerdo con el regulador venezolano, esta falla redujo la capacidad nacional de internet en aproximadamente 50%. Mientras continúan las labores de reparación, los usuarios pueden experimentar intermitencias, lentitud al cargar páginas o videos, demoras en videollamadas y videojuegos, fallas de conexión hacia plataformas internacionales y mayor congestión en horas pico. Conatel pidió a la población hacer un uso “consciente y racional” de la red para priorizar comunicaciones vinculadas con la emergencia.
La avería muestra hasta qué punto la conectividad depende de infraestructuras físicas vulnerables. Aunque internet suele imaginarse como una red distribuida y casi intangible, su tráfico internacional viaja en gran medida por cables de fibra óptica tendidos en el fondo marino. Cuando esos cables llegan a la costa, se integran con redes terrestres que distribuyen el servicio hacia hogares, empresas, teléfonos móviles y centros de datos. En una emergencia sísmica, el daño puede ocurrir tanto en tierra como en los puntos de amarre submarino.
El impacto técnico coincide con una crisis humanitaria más amplia. Los dos sismos del 24 de junio, reportados con magnitudes de 7.2 y 7.5, dejaron miles de personas muertas, lesionadas y sin vivienda, especialmente en Caracas y La Guaira. Reuters reportó el 6 de julio que la cifra oficial de fallecidos había subido a 3,535, con 16,740 heridos y 17,854 personas sin hogar.
NetBlocks, organización que monitorea interrupciones de internet, reportó desde el 25 de junio una caída significativa de conectividad en Venezuela tras los sismos, incluidos problemas en Caracas. En ese momento, el descenso fue atribuido a daños en infraestructura eléctrica y de telecomunicaciones, mientras las autoridades evaluaban la magnitud del desastre.
La empresa Cirion Technologies, uno de los operadores de infraestructura digital en la región, confirmó que los terremotos dañaron un cable submarino cerca de su estación de aterrizaje en La Guaira. Según Developing Telecoms, Cirion afirmó haber restablecido 62% de los servicios afectados y señaló que su estación de aterrizaje, centro de datos y anillo metropolitano de Caracas seguían operativos. La compañía también informó que estaba habilitando capacidad mediante socios internacionales mientras avanzaban los trabajos para reparar el cable.
Como medida temporal, Conatel activó un plan de celeridad regulatoria para que operadores nacionales como Airtek, Fibex, Thundernet y VNET puedan aumentar capacidad internacional mediante conexiones terrestres con proveedores colombianos. La medida no significa que haya una caída regional generalizada, sino que Venezuela está buscando rutas alternas para compensar la pérdida de capacidad submarina.
La reparación definitiva no es inmediata. Medios venezolanos que citan a Conatel señalan que se requiere ingeniería submarina de alta complejidad y que un buque especializado zarpó desde Curazao el 1 de julio para iniciar trabajos en la zona afectada. Mientras tanto, la conectividad puede seguir degradada durante varios días.
La ruptura del cable también deja una advertencia para la región. La resiliencia digital no depende solo de aplicaciones, centros de datos o satélites, sino de rutas físicas redundantes, estaciones de aterrizaje protegidas, acuerdos transfronterizos y planes de emergencia capaces de mantener comunicaciones básicas cuando la infraestructura principal falla. En el caso venezolano, la emergencia confirma que el acceso a internet ya no puede tratarse como un servicio secundario: en medio de un desastre, también es una infraestructura de supervivencia.
