Un pato robot de apenas 25 centímetros, capaz de caminar, levantarse después de una caída y hasta desplazarse sobre pequeños patines, se convirtió en uno de los lanzamientos de robótica más comentados de los últimos días. Microduck, desarrollado por Pollen Robotics, propiedad de Hugging Face, cuesta 399 dólares y superó 2.6 millones de dólares en pedidos durante sus primeras 24 horas, según Business Insider. La demanda fue suficiente para generar una lista de espera estimada de entre cuatro y seis meses.
A primera vista, las capacidades del pequeño robot difícilmente parecen justificar semejante entusiasmo. Microduck tiene 15 motores, mide 25 centímetros, pesa menos de 800 gramos y llega con siete movimientos previamente entrenados. Puede caminar, agacharse, recuperar la posición cuando cae, manipular pequeños objetos con el pico y utilizar unos patines incluidos como accesorio. Para percibir el entorno incorpora una cámara frontal, LiDAR y dos unidades de medición inercial.

Pero el pato es, en realidad, la parte menos importante del experimento. Microduck fue diseñado como una pequeña plataforma para aprender y experimentar con reinforcement learning, o aprendizaje por refuerzo. Sus propietarios pueden entrenar nuevos comportamientos dentro de una simulación física y después transferir esas políticas al robot real. Pollen Robotics publica el SDK, el simulador y el conjunto completo de herramientas de entrenamiento, de manera que los desarrolladores pueden estudiar cómo funcionan los movimientos existentes, modificarlos, volverlos a entrenar y compartir los resultados.
La compañía utiliza MuJoCo para simular la física del robot y ejecuta sus políticas a una frecuencia de 50 Hz. La idea es reducir una de las barreras que históricamente han separado el desarrollo de modelos de inteligencia artificial del desarrollo de robots: probar una nueva política de movimiento ya no requiere comenzar cada experimento directamente sobre una máquina física cara y delicada. Buena parte del entrenamiento puede realizarse primero en un entorno virtual y posteriormente desplegarse sobre Microduck.
We have a huge news to share today!
Today we are unveiling the first truly accessible RL robot – welcome Microduck
A 25 cm tiny open-source biped with 15 actuators and packed with sensors (camera, speaker, LiDAR, NFC, bluetooth, wifi, etc) that you train yourself with… pic.twitter.com/2SO4HgqxY3
— Thomas Wolf (@Thom_Wolf) August 27, 2026
De compartir modelos a compartir comportamientos
Aquí aparece la verdadera apuesta de Hugging Face. La empresa construyó buena parte de su relevancia convirtiéndose en un espacio donde investigadores y desarrolladores pueden publicar, descargar, modificar y reutilizar modelos de inteligencia artificial. Con Pollen Robotics está intentando trasladar una lógica semejante al mundo físico.
Los propios desarrolladores de Microduck explican que quieren que los comportamientos físicos puedan compartirse de manera similar a los modelos, acompañados de los entornos y procedimientos necesarios para reproducirlos. En lugar de que cada laboratorio tenga que programar desde cero la locomoción o determinados movimientos de un robot, una comunidad podría desarrollar políticas, publicarlas y permitir que otros las adapten.
En ese sentido, Microduck se parece menos a una mascota electrónica y más a un pequeño kit de desarrollo de IA física disfrazado de pato. Hugging Face ya había experimentado con esa estrategia mediante Reachy Mini, un robot de escritorio lanzado junto con Pollen Robotics. Según la compañía, más de 10,000 unidades de Reachy Mini llegaron a usuarios durante el último año. Microduck intenta llevar el concepto un paso más allá: en lugar de permanecer sobre una mesa e interactuar principalmente con personas, su propósito es aprender a desplazarse y actuar dentro del mundo físico.
Un robot suficientemente barato para experimentar
El precio también explica una parte importante de la reacción. Los robots utilizados para investigación avanzada pueden costar miles o decenas de miles de dólares. Microduck lleva una plataforma programable con cámara, sensores, locomoción bípeda y herramientas de aprendizaje por refuerzo a un precio introductorio de 399 dólares antes de impuestos y envío. Las primeras entregas están previstas antes de Navidad de 2026 en Norteamérica, Europa y Reino Unido.
Eso no convierte a Microduck en un robot doméstico avanzado. No limpia una casa, no cocina y sus capacidades iniciales son relativamente modestas. Tampoco todo el robot es abierto: Pollen Robotics especifica que el carácter open source corresponde al software, mientras que los archivos de diseño mecánico y electrónico no se publican como hardware abierto.
Su atractivo está en otra parte: por unos cientos de dólares, estudiantes, desarrolladores y aficionados pueden experimentar con un problema que hasta hace poco estaba mucho más concentrado en universidades, laboratorios y empresas especializadas: cómo conseguir que una inteligencia entrenada en simulación controle después un cuerpo en el mundo real.
El aspecto de pato probablemente tampoco sea accidental. Frente a brazos industriales o plataformas experimentales visualmente impersonales, Microduck convierte la robótica en un objeto reconocible, gracioso y fácil de mostrar en redes sociales. Esa combinación entre una herramienta de desarrollo y una mascota tecnológica ayudó a convertir un experimento de IA física en un producto de consumo.
Por eso, la euforia alrededor de Microduck no parece explicarse por lo que el pato sabe hacer al salir de la caja. La apuesta está en lo que otros puedan enseñarle.
Si Hugging Face consigue reproducir en robótica la dinámica comunitaria que ayudó a desarrollar alrededor de los modelos abiertos, Microduck podría convertirse en uno de muchos cuerpos capaces de ejecutar comportamientos desarrollados, modificados y compartidos por terceros.
El pato de 399 dólares sería entonces apenas la interfaz simpática de una idea mucho más ambiciosa: que las habilidades de los robots empiecen a circular como hoy circulan los modelos de inteligencia artificial.
