El gobierno de Qatar condenó de forma categórica los supuestos planes de grupos vinculados a la ocupación israelí para destruir la Mezquita de Al-Aqsa, uno de los sitios más sagrados del islam, y sustituirla por el llamado Tercer Templo judío.
El Estado de Qatar condenó enérgicamente los reportes sobre presuntos planes de grupos afiliados a organizaciones de ocupación israelíes para destruir la sagrada Mezquita de Al-Aqsa y reemplazarla por el llamado Templo, al que se refieren sectores del judaísmo como el Tercer Templo. Según el gobierno catarí, esta amenaza mediante la difusión de un video en el que se simula la destrucción de la mezquita, representa una provocación peligrosa que podría intensificar la violencia en Medio Oriente, especialmente en el contexto de la guerra en curso en la Franja de Gaza.
En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar manifestó su rechazo categórico a cualquier intento de alterar el estatus histórico y legal de la Mezquita de Al-Aqsa, ubicada en Jerusalén Este, y exigió a la comunidad internacional actuar con firmeza para detener estas amenazas, hacer rendir cuentas a la potencia ocupante y garantizar la protección de los lugares sagrados, conforme al derecho internacional.
Statement | Qatar Strongly Condemns Reported Israeli Plans Targeting Al-Aqsa Mosque#MOFAQatar pic.twitter.com/6cyenuHTcM
— Ministry of Foreign Affairs – Qatar (@MofaQatar_EN) April 19, 2025
¿Qué es la Mezquita de Al-Aqsa?
La Mezquita de Al-Aqsa, cuyo nombre significa “la más lejana” en árabe, es el tercer lugar más sagrado del islam, después de La Meca y Medina. Está situada en la Explanada de las Mezquitas (conocida por los judíos como Monte del Templo), en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Según la tradición islámica, desde allí el profeta Mahoma ascendió a los cielos durante el viaje nocturno conocido como Isra y Mi’raj.
Para el judaísmo, el mismo lugar es considerado el más sagrado, ya que allí se encontraban el Primer y Segundo Templo del pueblo judío, destruidos en el 586 a.C. por los babilonios y en el 70 d.C. por los romanos, respectivamente. Algunos movimientos judíos extremistas han impulsado la reconstrucción del Tercer Templo, lo que implicaría demoler la mezquita, generando un alto riesgo de conflicto religioso a escala internacional.
Ataques y provocaciones previas contra Al-Aqsa
Los temores actuales no son nuevos. En la década de 1980, los colonos israelíes Ben Shoshan y Yehuda Etzion, miembros del grupo clandestino Gush Emunim, planearon volar tanto la Mezquita de Al-Aqsa como la Cúpula de la Roca, con el objetivo de provocar un “despertar espiritual” en Israel y facilitar la construcción del Tercer Templo judío.
El 15 de enero de 1988, en plena Primera Intifada, tropas israelíes dispararon balas de goma y gases lacrimógenos contra manifestantes palestinos en los exteriores de la mezquita, hiriendo a 40 fieles. El 8 de octubre de 1990, el grupo judío Movimiento de los Fieles del Monte del Templo y la Tierra de Israel intentó colocar la primera piedra del Tercer Templo, lo que provocó protestas. La policía israelí respondió con violencia, matando a 22 palestinos e hiriendo a más de cien personas, en lo que se conoce como la masacre de Al-Aqsa.
El 28 de septiembre del 2000, el entonces líder del Likud, Ariel Sharon, visitó el recinto con alrededor de 1,000 guardias armados, lo que desató una oleada de protestas y enfrentamientos que derivaron en la llamada Intifada de Al-Aqsa o Segunda Intifada, una revuelta palestina de cinco años que dejó más de 3,500 palestinos y 1,000 israelíes muertos.
Más recientemente, el 5 de noviembre de 2014, la policía israelí ingresó por primera vez directamente a la mezquita de Al-Aqsa, según denunció el jeque Azzam al-Jatib, director del waqf islámico encargado del sitio. Hasta entonces, las incursiones israelíes habían ocurrido en el recinto general de la Explanada, pero no en el interior de la mezquita.
Llamado a la comunidad internacional
Qatar advirtió que las amenazas contra la Mezquita de Al-Aqsa no solo constituyen una afrenta al pueblo palestino, sino también una amenaza directa a la estabilidad regional. El gobierno reiteró su apoyo inquebrantable a la causa palestina y a la resiliencia del pueblo palestino, reafirmando su compromiso con la solución de dos Estados: el reconocimiento de un Estado palestino independiente con las fronteras de 1967 y Jerusalén Oriental como su capital.
El comunicado concluyó con un llamado urgente a detener cualquier acción que pudiera desencadenar una escalada aún mayor del conflicto y a respetar el carácter sagrado y el valor histórico de este lugar, central tanto para musulmanes como para judíos, y foco de tensiones políticas, religiosas y territoriales desde hace décadas.
