Mujeres en plataformas digitales ganan menos y enfrentan menor protección laboral, advierte estudio de SEGIB, OIT y ONU Mujeres

Mujeres en plataformas digitales ganan menos y enfrentan menor protección laboral, advierte estudio de SEGIB, OIT y ONU Mujeres

Un nuevo estudio de la Secretaría General Iberoamericana, la Organización Internacional del Trabajo y ONU Mujeres advierte que la economía de plataformas digitales está abriendo oportunidades de empleo para las mujeres en Iberoamérica, pero también reproduce desigualdades de ingreso, protección social, acceso tecnológico y seguridad laboral.

El informe Mujeres en la economía de plataformas: desafíos y oportunidades en Iberoamérica analiza la participación femenina en dos tipos de plataformas: las basadas en ubicación, como transporte, reparto, cuidados y tareas del hogar; y las plataformas de trabajo en línea, donde las personas prestan servicios a distancia para mercados globales.

De acuerdo con el estudio, las plataformas digitales de trabajo pasaron de 193 en 2010 a 1,070 en 2023. Este crecimiento ha ampliado las posibilidades de acceso al empleo y ha ofrecido configuraciones más flexibles de jornada, pero también plantea nuevos desafíos para garantizar condiciones dignas de trabajo, especialmente para quienes ya enfrentaban posiciones vulnerables en el mercado laboral.

El informe estima que, en América Latina, más de 1.7 millones de personas trabajan en plataformas de transporte, de las cuales alrededor de 220,000 son mujeres. En plataformas de reparto en Iberoamérica trabajan más de 1.4 millones de personas, incluidas 227,000 mujeres. En el caso de plataformas de trabajo en línea, el estudio calcula que 8.3 millones de personas realizan este tipo de actividades en la región, de las cuales 2.8 millones son mujeres.

Aunque estas plataformas pueden funcionar como una vía de acceso al empleo, el documento señala que la participación femenina sigue atravesada por desigualdades estructurales. Las mujeres tienden a concentrarse en tareas peor remuneradas, realizan menos encargos mensuales que los hombres y enfrentan barreras vinculadas con brechas digitales, dominio del inglés, formación en áreas tecnológicas y responsabilidades de cuidado.

Una de las brechas más visibles aparece en los ingresos. En plataformas de trabajo en línea, el ingreso semanal promedio de las mujeres es de 35.2 dólares, frente a 58.3 dólares para los varones. La diferencia se relaciona con la menor participación femenina en ciertas tareas, la concentración en segmentos de menor pago y la desigual distribución de tiempo disponible para realizar encargos remunerados.

El estudio también identifica una paradoja en la flexibilidad laboral. Para muchas mujeres, las plataformas permiten trabajar desde casa, adaptar horarios y obtener ingresos cuando otras opciones laborales no están disponibles. Entre las mujeres encuestadas en plataformas en línea, 44.6% señaló como motivación central la posibilidad de trabajar desde su hogar, mientras que 48.4% consideró que los horarios se adecuan muy bien a sus responsabilidades de cuidado.

Sin embargo, esa misma flexibilidad puede estar asociada con falta de formalización, aislamiento, inestabilidad de ingresos y ausencia de protección social. El informe señala que solo 58% de las mujeres que trabajan en plataformas cuenta con seguro de salud y apenas 20% tiene un plan de retiro o jubilación. Esto también limita el acceso a licencias de maternidad y paternidad.

La inseguridad económica aparece como uno de los principales riesgos. Debido a que las trabajadoras no controlan la demanda de tareas, 46.9% de las mujeres identifica como principal riesgo la insuficiencia de encargos. Además, 24.1% reporta dificultades para separar los tiempos de trabajo y vida personal cuando realiza tareas desde el hogar.

En las plataformas basadas en ubicación, el informe advierte riesgos adicionales de violencia y acoso. Muchas mujeres evitan ciertas zonas o franjas horarias, como la noche, lo que puede reducir sus ingresos porque implica renunciar a tarifas más altas, bonos o premios disponibles en esos horarios. El estudio también señala la ausencia de mecanismos adecuados de denuncia y protección como un factor que profundiza la vulnerabilidad de las trabajadoras.

El documento subraya que las desigualdades no son producidas únicamente por las plataformas, sino que se insertan en un mercado laboral previamente desigual. La carga desproporcionada del trabajo de cuidado no remunerado, la menor presencia de mujeres en áreas STEM y las limitaciones de acceso a dispositivos, conectividad y formación digital influyen en los tipos de empleo a los que acceden las mujeres y en los ingresos que pueden obtener.

Entre sus recomendaciones, SEGIB, OIT y ONU Mujeres proponen prevenir la discriminación por razón de género en el trabajo en plataformas digitales, garantizar igualdad en la remuneración, promover transparencia en los sistemas algorítmicos de asignación de tareas e ingresos, reducir brechas digitales, fortalecer la protección social y asegurar la participación de mujeres trabajadoras en espacios de diálogo social y negociación colectiva.

El informe también recomienda producir y utilizar datos desagregados con enfoque de igualdad e interseccionalidad, con el fin de comprender los impactos diferenciados de la economía de plataformas. Para las organizaciones, estos datos son necesarios para diseñar políticas públicas que permitan aprovechar las oportunidades del trabajo digital sin profundizar las desigualdades laborales existentes.

La investigación fue elaborada por SEGIB, OIT y ONU Mujeres, con apoyo técnico de especialistas de las tres organizaciones. Su publicación se produce en un momento en que la economía de plataformas continúa expandiéndose en Iberoamérica y reconfigura el acceso al empleo, la organización del trabajo y los mecanismos de protección social.

El mensaje central del estudio es que las plataformas digitales pueden ampliar las oportunidades económicas de las mujeres, pero no garantizan por sí mismas mejores condiciones laborales. Sin regulación, protección social, transparencia algorítmica y políticas de igualdad, la promesa de flexibilidad puede convertirse en una nueva forma de precariedad digital.

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