OpenAI y Anthropic piden rastrear ADN sintético para frenar armas biológicas creadas con IA

OpenAI y Anthropic piden rastrear ADN sintético para frenar armas biológicas creadas con IA

Líderes de OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Microsoft AI firmaron una carta al Congreso de Estados Unidos para exigir controles obligatorios sobre pedidos de ADN y ARN sintético. Advierten que la inteligencia artificial puede reducir las barreras técnicas para que actores maliciosos obtengan capacidades biológicas peligrosas.

OpenAI, Anthropic, Google DeepMind, Microsoft AI y líderes de la industria biotecnológica pidieron al Congreso de Estados Unidos aprobar una ley para hacer obligatorio el rastreo de pedidos de ADN y ARN sintético, ante el riesgo de que la inteligencia artificial facilite el desarrollo de armas biológicas.

La petición aparece en una carta abierta publicada en junio de 2026 bajo el título In Support of Mandatory Nucleic Acid Synthesis Screening and Recordkeeping. El documento llama a los legisladores estadounidenses a exigir que los proveedores de ácidos nucleicos sintéticos y los fabricantes del equipo necesario para producirlos revisen los pedidos, verifiquen la legitimidad de sus clientes y conserven registros.

La carta está firmada por Sam Altman, CEO de OpenAI; Dario Amodei, CEO de Anthropic; Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind; Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI; Alexandr Wang, jefe de IA de Meta; además de científicos, ejecutivos de biotecnología y especialistas en seguridad nacional.

El mensaje central es inusual por su contundencia: los principales actores de la industria de IA están reconociendo que sus propios sistemas podrían facilitar el acceso a conocimiento técnico necesario para producir amenazas biológicas. La carta advierte que existe una “posibilidad real” de que la IA erosione las barreras de conocimiento que históricamente impedían a actores maliciosos obtener armas biológicas.

Los firmantes no piden únicamente mejores filtros en chatbots ni nuevas reglas de moderación para modelos de lenguaje. Su propuesta desplaza el punto de control hacia la cadena física de producción biotecnológica: las empresas que fabrican ADN o ARN sintético, los pedidos de secuencias genéticas, las máquinas de síntesis y los registros que permitirían rastrear una amenaza hasta su origen.

El ADN y el ARN sintético son secuencias genéticas producidas en laboratorio a partir de instrucciones digitales. En condiciones legítimas, estos pedidos se usan para investigación científica, vacunas, diagnósticos, terapias, biotecnología agrícola o desarrollo farmacéutico. Sin embargo, la misma infraestructura puede convertirse en un punto vulnerable si alguien intenta solicitar fragmentos asociados con patógenos, toxinas o secuencias de preocupación.

La carta recuerda que la síntesis de ADN ya había sido identificada desde hace más de dos décadas como un punto sensible de la cadena biotecnológica. La novedad, según los firmantes, es el avance acelerado de la inteligencia artificial. El documento sostiene que los modelos actuales ya pueden superar a virólogos con nivel de doctorado en preguntas sobre procedimientos técnicos de laboratorio dentro de sus áreas de especialidad, aunque reconoce que la evidencia sobre el riesgo bioseguridad actual sigue siendo mixta.

El antecedente regulatorio ya existe. En abril de 2024, la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca publicó un marco para el cribado de síntesis de ácidos nucleicos. Ese marco establecía requisitos para que compras financiadas con recursos federales de investigación en ciencias de la vida se hicieran con proveedores que cumplieran reglas de revisión de secuencias, legitimidad de clientes y seguridad.

Pero la carta de junio de 2026 va más allá del cumplimiento voluntario o condicionado a fondos públicos. Pide un mandato legal nacional. Los firmantes argumentan que muchos proveedores responsables ya revisan y registran pedidos de forma voluntaria, pero sostienen que la velocidad del cambio tecnológico exige una norma obligatoria y uniforme en Estados Unidos.

La propuesta también incluye conservación de datos. Según la carta, los proveedores deberían registrar pedidos de síntesis y datos de secuencia para apoyar investigaciones legítimas de bioseguridad, incluso cuando una secuencia individual no parezca preocupante por sí sola. La trazabilidad, sostienen, serviría para reconstruir el origen de una amenaza y disuadir usos indebidos.

La presión de OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Microsoft AI coloca a la industria en una posición delicada. Por un lado, los laboratorios defienden el potencial de la IA para acelerar descubrimientos científicos y médicos. Por otro, admiten que esa misma capacidad puede reducir las barreras para actores maliciosos interesados en desarrollar amenazas biológicas.

Ese es el punto más grave de la carta: no se trata de una advertencia externa contra la IA, sino de una advertencia firmada por quienes construyen los modelos más avanzados. La industria está pidiendo que el Estado intervenga en la cadena de síntesis genética porque sus propios sistemas podrían hacer más accesible el conocimiento necesario para producir daño biológico.

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