El Gobierno de Estados Unidos prepara nuevas acciones regulatorias sobre los chips utilizados para inteligencia artificial, pero no sustituirá el controvertido sistema global de cuotas creado durante la administración de Joe Biden, informó Jeffrey Kessler, subsecretario de Comercio para Industria y Seguridad.
Durante una audiencia ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Kessler aseguró que habrá futuras medidas en el área de los semiconductores y la IA, aunque consideró que la llamada Regla de Difusión de Inteligencia Artificial no merece ser reemplazada. El funcionario no explicó qué alcance tendrán las nuevas disposiciones ni ofreció un calendario para su publicación.
La declaración representa un cambio respecto de la posición anunciada por el Departamento de Comercio en mayo de 2025. En ese momento, la Oficina de Industria y Seguridad, conocida como BIS, informó que retiraría la regla de Biden, pero prometió publicar posteriormente una regulación sustitutiva.
El Gobierno de Donald Trump parece optar ahora por medidas específicas, en lugar de reconstruir un régimen mundial que asigne a cada país una cantidad máxima de chips. Por el contexto de la audiencia y las competencias de BIS, el anuncio se refiere principalmente a controles de exportación, licencias y mecanismos para impedir que procesadores estadounidenses lleguen a empresas o gobiernos considerados riesgos para la seguridad nacional.
Un sistema mundial de cuotas que nunca entró plenamente en vigor
La Regla de Difusión de IA fue presentada en los últimos días de la administración Biden y debía comenzar a aplicarse en mayo de 2025. El esquema dividía a los países en diferentes categorías, facilitaba el acceso de los aliados más cercanos de Washington y establecía límites para la cantidad de procesadores avanzados que podían enviarse a otros mercados.
La administración Trump suspendió su aplicación dos días antes de que comenzaran las obligaciones de cumplimiento. El Departamento de Comercio argumentó entonces que el sistema imponía requisitos excesivos a las empresas estadounidenses, podía perjudicar el desarrollo internacional de infraestructura de IA y colocaba a numerosos países aliados en una categoría secundaria.
Sin embargo, la eliminación de ese mecanismo no significó el fin de los controles tecnológicos. BIS publicó advertencias sobre el uso de procesadores chinos de Huawei, la posible utilización de chips estadounidenses para entrenar modelos chinos y las estrategias de triangulación mediante terceros países.
La diferencia anunciada por Kessler es que Washington ya no intentará reconstruir el mismo sistema de distribución mundial. Las próximas reglas podrían concentrarse en productos, compradores, empresas intermediarias y destinos específicos, aunque Comercio todavía no ha revelado el diseño.
Los H200 ya comenzaron a llegar a China
El anuncio se produjo durante una audiencia marcada por las preguntas sobre las exportaciones del H200 de Nvidia, uno de los procesadores más potentes que Washington ha permitido vender a clientes chinos. Kessler confirmó que los primeros envíos ya comenzaron, pero afirmó que hasta ahora se han entregado cantidades mínimas.
El Gobierno estadounidense había autorizado a alrededor de diez compañías chinas a solicitar estos procesadores. Reuters reportó que Alibaba, Tencent y ByteDance se encontraban entre las empresas aprobadas y que una unidad del fabricante de telecomunicaciones ZTE figuraba entre los receptores de autorizaciones más recientes.
Las ventas forman parte de una estrategia distinta a la prohibición total aplicada anteriormente. La administración Trump sostiene que permitir algunos procesadores estadounidenses bajo licencia puede mantener a las compañías chinas dentro del ecosistema tecnológico de Estados Unidos, en lugar de impulsar exclusivamente la demanda de alternativas fabricadas por Huawei y otras empresas locales.
La decisión ha recibido críticas de legisladores que consideran que los H200 pueden acelerar las capacidades industriales, científicas y militares de China. El congresista demócrata Gregory Meeks acusó al Gobierno de utilizar los controles tecnológicos como instrumentos de negociación comercial, mientras legisladores republicanos cuestionaron posibles vacíos que permitirían a filiales chinas obtener chips Blackwell todavía más avanzados.
Más presupuesto para vigilar las exportaciones
Las nuevas medidas estarán acompañadas por una expansión considerable de la estructura encargada de aplicarlas. En su testimonio escrito, Kessler pidió elevar el presupuesto de la unidad de cumplimiento de BIS de 122 millones de dólares en el año fiscal 2026 a 301 millones para 2027, un incremento de 147 por ciento.
La propuesta permitiría aumentar el personal de esa división de 299 a 669 puestos y elevar de 25 a 65 el número de funcionarios destinados fuera de Estados Unidos. Kessler reconoció que los investigadores tienen actualmente más casos y pistas de las que pueden procesar, especialmente por las operaciones de triangulación y el traslado de servidores con chips avanzados mediante países del sudeste asiático.
El anuncio deja pendiente la parte más importante: qué tecnologías, empresas y territorios serán afectados por la nueva regulación. Lo que ya parece definido es que Estados Unidos continuará controlando la circulación internacional de la capacidad de cómputo para IA, pero abandonará el intento de administrar todo el mercado mundial mediante una única clasificación de países.
