La empresa publicó correos e iMessages para responder a la demanda por presunto robo de secretos comerciales. Los documentos exhiben errores de los abogados de Apple y graves fallas en la salida de empleados, aunque no despejan todas las acusaciones sobre archivos, entrevistas y proveedores.
OpenAI decidió que no iba a responder únicamente ante el tribunal. La empresa publicó una larga colección de correos electrónicos y conversaciones privadas para desacreditar la demanda presentada por Apple, a la que calificó como “descuidada, agresiva y extrañamente personal”. Su defensa incluye un error difícil de explicar: los abogados externos de Apple confundieron dos apellidos asiáticos y enviaron al director jurídico de OpenAI un mensaje que daba por realizada una llamada telefónica que nunca ocurrió.
La disputa comenzó el 10 de julio, cuando Apple demandó a OpenAI, a su división de dispositivos io Products y a los exempleados Chang Liu y Tang Yew Tan ante el Tribunal de Distrito del Norte de California. Apple sostiene en su demanda que ambos trasladaron información confidencial sobre diseño de productos, ingeniería, fabricación y cadenas de suministro para acelerar el ingreso de OpenAI al mercado de dispositivos electrónicos. Ninguna de esas acusaciones ha sido probada y el tribunal todavía no se ha pronunciado sobre el fondo del caso.
El conflicto se intensificó el 3 de agosto, cuando Apple solicitó una medida cautelar para impedir que OpenAI y los dos exempleados accedan, obtengan, utilicen o divulguen información que la compañía considera secreta. También pidió un proceso acelerado de descubrimiento de pruebas, incluida la entrega de documentos y declaraciones bajo juramento de Liu, Tan, otros empleados y representantes corporativos de OpenAI e io Products.
El correo que Apple envió a la persona equivocada
Una parte de la demanda de Apple sostenía que la compañía había intentado comunicarse con OpenAI en febrero y que no recibió respuesta. También sugería que sus representantes habían conversado con Che Chang, director jurídico de OpenAI. Los correos publicados ahora muestran una secuencia considerablemente más desordenada.
El abogado externo de Apple, Gabriel Gross, envió un mensaje a Chang sobre antiguos empleados que presuntamente conservaban información confidencial. Minutos después le agradeció por una llamada y por ofrecerse a colaborar rápidamente. Chang respondió directamente al equipo jurídico interno de Apple para advertir que nunca había hablado con Gross y que el abogado estaba afirmando algo falso.
Gross reconoció posteriormente que aquel segundo correo estaba dirigido en realidad a otra persona, de apellido Wang, con quien sí había hablado. Explicó que había contestado por accidente dentro de la cadena de Chang. OpenAI presenta el episodio como una confusión entre dos apellidos asiáticos y sostiene que Apple convirtió después ese error en la afirmación de que había mantenido una conversación con su director jurídico.
Los documentos también muestran que el equipo jurídico de Apple confirmó que Gross representaba a la compañía y consideró que la “mala comunicación” ya había sido explicada. Según OpenAI, Apple nunca presentó entonces las acusaciones específicas que terminaron apareciendo en la demanda y dejó pasar cinco meses sin volver a contactar a la empresa.
El error no elimina automáticamente las acusaciones de apropiación de secretos comerciales, pero sí debilita una parte de la narración inicial de Apple: la idea de que notificó claramente a OpenAI, habló con su responsable jurídico y fue ignorada.
Apple acusa a un exempleado al que sus propios trabajadores seguían consultando
La segunda revelación gira alrededor de Chang Liu, ingeniero que trabajó ocho años en Apple y se incorporó a OpenAI en enero. Apple afirma que Liu conservó una computadora corporativa, aprovechó una falla de autenticación para entrar en carpetas compartidas y descargó decenas de documentos sobre productos no anunciados, especificaciones técnicas y proyectos de hardware. También lo acusa de enseñar a otra trabajadora a copiar archivos sin llamar la atención del equipo de seguridad.
OpenAI no respondió directamente a cada una de esas acusaciones. En cambio, publicó mensajes que muestran que empleados de Apple continuaron pidiendo ayuda a Liu después de su salida. Una compañera mantuvo abierta su cuenta de iCloud para terminar de copiar archivos que él había preparado antes de abandonar la empresa, le consultó decisiones técnicas y llegó a decirle que, aunque ya no trabajara allí, seguía siendo la mejor persona para responder algunas preguntas.
Las conversaciones se prolongaron durante semanas. Liu advirtió a la trabajadora que cerrara su sesión de iMessage porque podrían comenzar a aparecer mensajes de su nuevo empleo. En marzo, cuando fue incorporado a una conversación sobre asuntos internos, pidió ser retirado porque consideraba irregular que siguieran consultándolo.
OpenAI utiliza esos mensajes para sostener que parte del supuesto acceso clandestino fue, en realidad, tolerado o incluso solicitado por empleados de Apple. También afirma que la compañía tiene problemas recurrentes para cancelar accesos y cuentas cuando una persona deja de trabajar allí.
La explicación exhibe fallas importantes en los controles internos de Apple, pero no resuelve por sí sola si Liu descargó otros archivos sin autorización, conservó equipos corporativos o utilizó información para trabajar en los dispositivos de OpenAI. Las conversaciones difundidas ofrecen contexto favorable a Liu, aunque son una selección realizada por una de las partes del litigio.
Las acusaciones que OpenAI todavía no contesta
La demanda de Apple es mucho más amplia que el caso de Liu. La compañía también acusa a Tang Tan, actual director de hardware de OpenAI y antiguo vicepresidente de diseño del iPhone y el Apple Watch, de utilizar nombres internos de proyectos durante entrevistas y pedir a candidatos que llevaran componentes reales de Apple para realizar sesiones de demostración.
Apple sostiene además que los procesos de contratación de OpenAI solicitaban a los aspirantes presentar prototipos, archivos de diseño asistido por computadora, decisiones sobre componentes, herramientas de integración y relaciones con proveedores. La demanda incluye otra acusación: que OpenAI habría recurrido a un proveedor de Apple para reproducir un proceso confidencial de acabado de metales.
La publicación de OpenAI apenas responde a esos puntos. Respecto de Tan, la compañía afirma que siempre ha ordenado a su equipo no solicitar ni utilizar información confidencial de otras empresas, pero no presenta documentos equivalentes que expliquen las entrevistas, los componentes físicos o los contactos con proveedores.
Este es el principal límite de la contraofensiva. OpenAI ha encontrado contradicciones, errores procesales y fallas de seguridad suficientemente llamativas como para cuestionar la precisión de Apple, pero todavía no ha desmontado todo el caso. La publicación tampoco constituye una respuesta judicial formal: es una operación de transparencia selectiva dirigida al tribunal de la opinión pública.
De socios a rivales por el dispositivo que podría sustituir al teléfono
Detrás del intercambio de acusaciones aparece una batalla estratégica mayor. OpenAI está desarrollando dispositivos de consumo mediante io Products, la empresa de hardware asociada con Jony Ive que adquirió en 2025. Apple sostiene que esa operación se benefició del conocimiento acumulado por antiguos integrantes de sus equipos y busca impedir que cualquier información protegida sea utilizada mientras se desarrolla el litigio.
Apple pidió al tribunal prohibir la posesión, uso o divulgación de sus secretos, ordenar la devolución de materiales, preservar correos y metadatos y conceder indemnizaciones por las pérdidas que logre demostrar. Una medida cautelar amplia podría obligar a OpenAI a separar empleados, revisar proyectos y documentar el origen de sus decisiones técnicas, con el riesgo de retrasar su programa de hardware.
Por ahora, OpenAI ha respondido con una estrategia poco habitual: publicar las conversaciones que normalmente permanecerían enterradas durante el proceso judicial. Los mensajes no prueban que la empresa esté libre de cualquier información de Apple, pero sí convierten una demanda que inicialmente parecía devastadora en un enfrentamiento mucho más incierto. Apple tendrá que demostrar no sólo que algunos exempleados conservaron información, sino que OpenAI la obtuvo, sabía de dónde procedía y la incorporó efectivamente a sus dispositivos.
Y también tendrá que explicar cómo una compañía famosa por controlar hasta el último detalle permitió que un exempleado conservara accesos, dejara abierta su cuenta de iCloud y continuara resolviendo dudas técnicas para sus antiguos compañeros mientras ya trabajaba para su futuro competidor.
Con información de The Verge y Reuters
