La deuda vinculada con inteligencia artificial se acerca a 500 mil millones de dólares en 2026, según Goldman Sachs. No significa que la IA esté absorbiendo “todo el dinero”, pero su expansión está cambiando rápidamente el mercado de crédito y aumentando la competencia por financiamiento en un momento de fuertes necesidades de endeudamiento público.
La construcción de centros de datos, redes eléctricas, infraestructura de cómputo y otros proyectos necesarios para la expansión de la inteligencia artificial está creando una nueva demanda de capital de una escala poco habitual. Goldman Sachs Research estima que durante 2026 se han emitido casi 500 mil millones de dólares de deuda vinculada con la IA, una cifra que incluye no solamente los bonos de las grandes empresas tecnológicas, sino financiamiento del ecosistema más amplio que participa en la construcción de esta infraestructura. Los llamados hiperescaladores, es decir proveedores de servicios de computación en la nube e infraestructura digital que opera redes masivas de centros de datos, representan alrededor de 40% de ese monto.
En el mercado estadounidense de bonos corporativos con grado de inversión, Goldman Sachs calcula que las emisiones relacionadas con IA representan aproximadamente 18% de la oferta acumulada durante 2026. La proporción era de alrededor de 1% en 2024 y 7% en 2025. El cambio, por tanto, no consiste en que la IA haya monopolizado el mercado, sino en que un sector que hace apenas dos años tenía una presencia marginal se convirtió rápidamente en uno de sus principales emisores.
El efecto es todavía más visible en la deuda de largo plazo. Aproximadamente 40% de las emisiones con grado de inversión y vencimientos de 15 años o más realizadas este año están asociadas con empresas de IA o con compañías que financian esta expansión, según Goldman Sachs. Esa concentración importa porque aseguradoras, fondos de pensiones y otros grandes inversionistas mantienen límites sobre cuánto riesgo pueden acumular en una sola empresa, sector o temática, incluso cuando los emisores tienen altas calificaciones crediticias.
Las grandes tecnológicas comenzaron a recurrir masivamente a la deuda
Durante años, compañías como Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft pudieron financiar buena parte de sus inversiones utilizando el enorme flujo de efectivo generado por sus propios negocios. La escala de la actual carrera por construir infraestructura de IA está alterando ese modelo. Goldman Sachs calculó a principios de agosto que los hiperescaladores habían emitido 194 mil millones de dólares de deuda en 2026, frente a 108 mil millones durante todo 2025. Para mediados de agosto, Reuters, citando datos de LSEG , estimó que las emisiones acumuladas por grandes empresas tecnológicas vinculadas con esta expansión se acercaban ya a 220 mil millones de dólares.

Aunque muchas de estas empresas continúan teniendo balances sólidos y acceso privilegiado al crédito, la escala de las inversiones previstas ya es problemática. Goldman Sachs estimó que el gasto de capital de los grandes hiperescaladores podría alcanzar alrededor de 750 mil millones de dólares durante 2026, frente a aproximadamente 778 mil millones de flujo de efectivo operativo. El banco calcula que alrededor de una tercera parte de ese gasto terminará financiándose mediante deuda.
Días después, Goldman Sachs situó el capex (gasto de capital) de los hiperescaladores estadounidenses todavía más arriba, en 794 mil millones de dólares para 2026. Sin embargo, Goldman advirtió que esa cifra no debe confundirse con inversión estadounidense en IA: calcula que sobreestima esta última en unos 200 mil millones de dólares porque incluye inversiones no relacionadas con IA y gasto realizado fuera del país. Al ampliar el cálculo a empresas privadas, compañías no hiperescaladoras y grupos extranjeros, el banco estima que la inversión mundial relacionada con IA superará un billón de dólares este año.

Esto también explica por qué empresas extremadamente rentables deciden endeudarse en lugar de pagar toda la infraestructura con efectivo. Emitir bonos les permite repartir en varios años el costo de activos que también producirán ingresos durante largos periodos y conservar liquidez para otras operaciones. Goldman Sachs considera que las grandes tecnológicas todavía tienen margen considerable para aumentar su endeudamiento sin perder necesariamente sus calificaciones de grado de inversión.
¿Quién compra toda esa deuda?
Estados Unidos, Japón y varios países europeos también están colocando grandes cantidades de deuda para financiar déficits, defensa, energía, infraestructura y otros gastos. El déficit estadounidense ronda 6% del producto interno bruto, unos 1.9 billones de dólares durante este año; Francia mantiene uno cercano a 5% y Reino Unido a 4%. En Europa, administradores de fondos consultados por la agencia consideran que el gasto en defensa, seguridad energética e infraestructura pesa más sobre la demanda de capital que la IA por sí sola.
Por ello, hablar simplemente de que “la IA está encareciendo la deuda pública” elimina buena parte del fenómeno. Los rendimientos de los bonos responden simultáneamente a las expectativas de inflación, crecimiento económico, política de los bancos centrales, percepción de riesgo fiscal y cantidad de títulos que gobiernos y empresas intentan colocar en el mercado. A esto se suman actualmente las tensiones geopolíticas y energéticas y una menor disposición de algunos inversionistas extranjeros a aumentar sus posiciones en deuda estadounidense. La expansión de la IA es un nuevo participante importante dentro de esa presión, no su única causa.
El 18 de agosto, la tasa de referencia del bono del Tesoro estadounidense a 10 años cerró en 4.71%, mientras la de 30 años se ubicó en 5.28%, de acuerdo con los datos oficiales del Departamento del Tesoro. Durante la jornada, los rendimientos de largo plazo alcanzaron niveles no vistos desde 2007 antes de retroceder parcialmente.
Ya aparecen señales de cansancio entre los inversionistas
La presión no es solamente teórica. Un análisis de Reuters sobre datos de LSEG encontró que 78 de 91 bonos de hiperescaladores emitidos durante 2026 para los que existían datos comparables cotizaban a finales de julio con rendimientos superiores a los que ofrecían cuando fueron vendidos. El incremento mediano era de alrededor de 22 puntos base.
También disminuyó el exceso de demanda en las nuevas emisiones. Apollo Global Management calculó que las órdenes recibidas por los bonos de hiperescaladores equivalían a casi cinco veces el monto ofrecido en febrero; para julio esa proporción había caído por debajo de dos veces. Todavía había compradores suficientes, pero las empresas tenían que ofrecer condiciones cada vez más atractivas para convencerlos.
Los diferenciales de crédito también comenzaron a ampliarse. En bonos de Amazon, Alphabet, Meta y Oracle con vencimientos de entre dos y cuatro años, el diferencial mediano sobre las tasas libres de riesgo pasó de aproximadamente 30 puntos base en 2025 a 40 durante 2026. En títulos de más de 20 años aumentó de 108.5 a 118 puntos base. Es una señal de que el mercado empieza a exigir una prima ligeramente mayor para absorber una oferta que crece con rapidez.
Esto todavía no es una crisis de deuda tecnológica
La magnitud de las emisiones tampoco debe confundirse con una crisis de solvencia. La Reserva Federal ha señalado que muchos de los principales inversionistas en IA siguen siendo empresas financieramente sólidas y que, incluso bajo escenarios muy ambiciosos de inversión y endeudamiento, el apalancamiento agregado difícilmente alcanzaría los niveles observados antes de la crisis financiera global.
A principios de agosto, el jefe de activos Apollo, Torsten Slok, declaró que «la expansión de los centros de datos sigue siendo menos de la mitad del tamaño del boom inmobiliario, que alcanzó su máximo en el 6,6% del PIB en 2005».
La propia Fed, sin embargo, reconoce el cambio. En su informe de política monetaria de julio señaló que la emisión neta de bonos corporativos con grado de inversión fue particularmente fuerte durante el primer trimestre de 2026, impulsada en parte por grandes tecnológicas que aumentaron el financiamiento mediante deuda de su expansión de infraestructura de IA.
«La emisión neta de bonos corporativos con grado de inversión fue particularmente fuerte en el primer trimestre, impulsada en parte por las grandes empresas tecnológicas que cotizan en bolsa, las cuales incrementaron su financiación mediante deuda para la expansión de su infraestructura de IA», concluyó la FED.
La IA entra en la disputa mundial por el capital
En Estados Unidos, las emisiones asociadas con IA representan alrededor de una quinta parte de la nueva deuda corporativa con grado de inversión, aunque su participación se acerca a 40% en algunos segmentos de largo plazo. Lo extraordinario es la velocidad del cambio: en apenas dos años pasó de representar aproximadamente 1% del mercado a convertirse en una fuerza capaz de modificar las decisiones de fondos, bancos, aseguradoras y administradores de activos.
Gobiernos con grandes déficits, empresas tecnológicas construyendo centros de datos, compañías energéticas ampliando capacidad y otros proyectos de infraestructura buscan simultáneamente financiamiento de largo plazo. Si la oferta de deuda continúa aumentando más rápido que la demanda de los inversionistas, el mecanismo de ajuste es un mayor rendimiento.
