Nancy Grace Roman, la mujer que convenció a NASA de mirar el universo desde el espacio

Nancy Grace Roman, la mujer que convenció a NASA de mirar el universo desde el espacio

El telescopio espacial Nancy Grace Roman lleva el nombre de una mujer que pasó buena parte de su carrera defendiendo una idea que hoy parece obvia: si la atmósfera terrestre limita lo que podemos observar, entonces algunos de los grandes telescopios de la humanidad deberían estar en el espacio.

Nancy Grace Roman nació el 16 de mayo de 1925 en Nashville, Tennessee. Desde niña mostró interés por la astronomía y, cuando tenía 11 años, organizó junto con sus compañeras un pequeño club para aprender sobre constelaciones y otros objetos celestes. Décadas después se convertiría en la primera jefa de astronomía de NASA y en la primera mujer que ocupó un cargo ejecutivo dentro de la agencia.

Su camino hacia esa posición estuvo marcado por las barreras que enfrentaban las mujeres dentro de la ciencia estadounidense de mediados del siglo XX. Roman estudió astronomía en Swarthmore College y obtuvo un doctorado por la Universidad de Chicago en 1949. Permaneció después varios años investigando en el Observatorio Yerkes, pero llegó a la conclusión de que difícilmente conseguiría una plaza académica permanente en un entorno donde prácticamente no había mujeres con tenure en astronomía.

En 1955 dejó la universidad y se incorporó al Naval Research Laboratory, donde trabajó en el entonces joven campo de la radioastronomía. Esa experiencia, además de ampliar su trabajo científico, la familiarizó con equipos de ingeniería y con la administración de grandes proyectos tecnológicos, algo que posteriormente resultaría decisivo.

Llegó a NASA cuando NASA apenas comenzaba

Roman se incorporó a NASA a principios de 1959, apenas unos meses después de la creación de la agencia. Su trabajo ya no consistía únicamente en observar estrellas: debía ayudar a construir un programa completo de astronomía espacial.

Como responsable de los programas de astronomía y relatividad, participó en la planificación de satélites y cohetes científicos y administró fondos para investigadores. Su posición le permitía conectar tres mundos que normalmente funcionan por separado: astrónomos, ingenieros y funcionarios responsables de aprobar presupuestos.

Esa capacidad fue fundamental para uno de los proyectos científicos más ambiciosos de la época.

Desde hacía años, astrónomos como Lyman Spitzer defendían la posibilidad de colocar un gran telescopio por encima de la atmósfera. Roman convirtió aquella aspiración científica en un programa capaz de sobrevivir dentro de NASA y, más tarde, en un proyecto que pudiera obtener dinero del Congreso estadounidense.

Dirigió comités científicos y de planificación, reunió a astrónomos e ingenieros, defendió las especificaciones mínimas que debía tener el observatorio y ayudó a conseguir apoyo político para el proyecto que entonces se conocía como Large Space Telescope. Incluso preparó testimonios utilizados por NASA ante el Congreso.

Años después ese proyecto recibiría otro nombre: Hubble.

“La madre del Hubble”

Roman no inventó por sí sola el telescopio espacial. Lyman Spitzer había defendido durante décadas la idea de un gran observatorio orbital y cientos de científicos e ingenieros participaron posteriormente en su desarrollo. Pero fue Roman quien ayudó a transformar aquella propuesta en una misión institucional financiable.

Por esa razón, Edward Weiler, quien posteriormente ocuparía un puesto similar al suyo en NASA, comenzó a llamarla “la madre del Hubble”.

Roman participó incluso en decisiones técnicas fundamentales. NASA recuerda que defendió la incorporación de detectores CCD, una tecnología que entonces todavía parecía arriesgada y que terminaría convirtiéndose en un estándar de la astronomía digital. También trabajó continuamente con científicos para definir qué preguntas debía poder responder el futuro telescopio y cuáles eran las capacidades mínimas necesarias para conseguirlo.

Pero su legado fue más amplio que Hubble. NASA considera que su trabajo ayudó a sentar las bases del programa de Grandes Observatorios, del que posteriormente formarían parte Hubble, Chandra, Compton y Spitzer. La idea era construir observatorios espaciales capaces de estudiar el universo en diferentes regiones del espectro electromagnético y hacer que sus datos estuvieran disponibles para una comunidad científica amplia.

Roman se retiró inicialmente de NASA en 1979 para cuidar a su madre, aunque siguió trabajando como consultora y posteriormente regresó al Goddard Space Flight Center. Durante sus últimos años también enseñó ciencias a estudiantes y grabó libros de texto en audio para personas con discapacidad visual. Murió el 25 de diciembre de 2018, a los 93 años.

El telescopio que lleva su nombre completa una historia

En 2020, NASA decidió rebautizar el entonces denominado Wide Field Infrared Survey Telescope como Nancy Grace Roman Space Telescope. La elección tenía un simbolismo particular: el nuevo observatorio continuaría precisamente el modelo de astronomía espacial que Roman había ayudado a establecer seis décadas antes.

Hay además una coincidencia científica especialmente hermosa. Cuando años después le preguntaron cuál consideraba el descubrimiento más interesante realizado por Hubble, Roman respondió: la energía oscura. Las observaciones del telescopio ayudaron a ampliar las evidencias de que la expansión del universo se está acelerando.

Ahora, uno de los objetivos principales del telescopio que lleva su nombre será precisamente estudiar esa aceleración y tratar de comprender mejor la naturaleza de la energía oscura.

Nancy Grace Roman no llegó a verlo despegar. Pero el lanzamiento del nuevo observatorio cierra de alguna manera el círculo de una carrera que comenzó con una niña aprendiendo constelaciones y terminó ayudando a convencer a Estados Unidos de que algunos de sus mejores ojos científicos debían abandonar la Tierra. Y ahora uno de esos ojos lleva su nombre.