Un incendio ocurrido en junio dentro del campus Lake Mariner, en Nueva York, dejó a bomberos sin alarmas operativas, sistemas de supresión ni agua en tres hidrantes. El incidente ocurrió mientras TeraWulf transforma una de sus principales instalaciones de minería de bitcoin en un enorme complejo de cómputo para inteligencia artificial.
Un incendio ocurrido a principios de junio en Lake Mariner, un enorme complejo de centros de datos en Somerset, Nueva York, dejó al descubierto deficiencias de seguridad mientras su propietario, TeraWulf, acelera la transformación del sitio: de una instalación construida principalmente para minar bitcoin a uno de los mayores campus de cómputo para inteligencia artificial de la región.
El fuego comenzó dentro de un edificio todavía inconcluso que anteriormente había funcionado como instalación de tratamiento de agua e incluía un antiguo laboratorio y oficinas. Cuando llegaron los bomberos de Barker encontraron humo negro intenso, un sistema de alarma que no funcionaba, ausencia de un sistema operativo de supresión de incendios y tres hidrantes que no proporcionaban agua.
Steve Matisz, jefe del Departamento de Bomberos de Barker, explicó que sus elementos tuvieron que ingresar prácticamente “a ciegas”. No tenían información suficiente sobre los materiales que producían el humo y, según les informaron, las hojas de datos de seguridad que debían identificar las sustancias presentes en el edificio habían quedado destruidas por el propio incendio. Los bomberos terminaron utilizando el agua almacenada en sus camiones para combatir las llamas.
El incendio fue controlado rápidamente y no dejó personas heridas. Hasta ahora no se ha hecho pública una causa definitiva del fuego. Tampoco existe evidencia de que el incidente haya afectado directamente servidores de inteligencia artificial o equipos de minería en operación: ocurrió en una estructura que todavía se encontraba en obras. Pero el lugar donde ocurrió permite observar una transformación mucho mayor.
Primero bitcoin, ahora inteligencia artificial
Lake Mariner comenzó operaciones en marzo de 2022 como una instalación dedicada principalmente a la minería de bitcoin. El campus aprovecha la infraestructura eléctrica construida alrededor de la antigua central de carbón de Somerset, que dejó de generar electricidad en 2020. TeraWulf instaló inicialmente sus máquinas de minería sobre parte de la infraestructura de la antigua planta y posteriormente construyó edificios dedicados a esa actividad.
El auge de la inteligencia artificial cambió el negocio. En 2024, TeraWulf creó WULF Compute para desarrollar infraestructura de cómputo de alto rendimiento, conocida como HPC, destinada a cargas de trabajo con GPU, inteligencia artificial, aprendizaje automático y servicios de nube. Desde entonces comenzó a reducir parte de sus operaciones de bitcoin y a reutilizar infraestructura de Lake Mariner para centros de datos de alta densidad.
La transición ya es visible en las cifras de la propia compañía. Al 30 de junio de 2026, Lake Mariner todavía mantenía alrededor de 145 megawatts de capacidad de minería de bitcoin, pero ya operaba 81 megawatts de capacidad crítica de TI para HPC. En julio, la capacidad HPC energizada había aumentado a 102 megawatts. TeraWulf proyecta alrededor de 500 megawatts de capacidad bruta en la siguiente fase de expansión y contempla llevar el campus eventualmente hasta aproximadamente 750 megawatts, sujeto a nuevas autorizaciones.
Durante la primera mitad de este año, dos edificios utilizados para minería fueron reutilizados o sacados de operación para apoyar el desarrollo de HPC. Al mismo tiempo, la producción de bitcoin de la compañía cayó con fuerza y los ingresos provenientes del arrendamiento de infraestructura de alto rendimiento comenzaron a representar la mayoría de sus ingresos.
TeraWulf describe ya el sitio como su campus insignia para infraestructura digital y afirma que, cuando termine su expansión, estará destinado a despliegues de cómputo de alta densidad para IA y otras aplicaciones avanzadas.
Lake Mariner resume así una transición que está ocurriendo en distintos puntos de la industria tecnológica: la infraestructura energética construida durante el auge de las criptomonedas está encontrando una segunda vida en el auge de la inteligencia artificial. Ambas industrias comparten una característica fundamental: necesitan enormes cantidades de electricidad.
Un incendio durante la transformación
El fuego de junio no parece haber sido provocado directamente por esa reconversión y, hasta ahora, no se ha identificado públicamente su causa. Pero ocurrió precisamente mientras el campus atraviesa una expansión acelerada y se construyen nuevas instalaciones para cargas de cómputo mucho más densas.
La respuesta de los bomberos mostró que la infraestructura de seguridad no había avanzado al mismo ritmo. Según una investigación publicada por Ars Technica, TeraWulf reconoció posteriormente que es responsable de la seguridad operacional y de la preparación para emergencias en Lake Mariner. La empresa aseguró que, después del incendio, realizó una revisión con autoridades locales e implementó nuevas cajas de acceso para emergencias, hidrantes adicionales y paquetes portátiles con hojas de seguridad.
Sin embargo, cuando Ars Technica volvió a consultar al jefe de bomberos a mediados de agosto, Matisz dijo que, hasta donde sabía, los hidrantes continuaban secos. La construcción del campus, mientras tanto, siguió adelante. El complejo también involucra una red de compañías que refleja la creciente complejidad del negocio de infraestructura para IA. TeraWulf posee y opera Lake Mariner; Fluidstack ha contratado gran parte de su capacidad; Google respalda financieramente parte de esos compromisos y posee derechos que podrían convertirlo en accionista de TeraWulf; Anthropic se encuentra entre las compañías cuya demanda de cómputo está relacionada con la expansión de esta infraestructura.
La propiedad del sitio no es ambigua: TeraWulf es su operador y responsable de la seguridad. Pero la cantidad de empresas que financian, alquilan, utilizan o dependen de su capacidad muestra cómo se está construyendo físicamente la nueva industria de IA.
De una fiebre tecnológica a otra
Lake Mariner nació durante otro momento de expansión tecnológica acelerada. Cuando comenzó a minar bitcoin en 2022, el atractivo del sitio era esencialmente el mismo que ahora busca la inteligencia artificial: acceso a grandes cantidades de electricidad, infraestructura de transmisión ya construida y terreno industrial capaz de albergar equipos que funcionan continuamente.
Cuatro años después, parte de las máquinas ASIC utilizadas para producir bitcoin está dejando espacio a centros preparados para GPU y otros aceleradores especializados. La electricidad permanece. Lo que cambia es aquello que se calcula con ella. El incendio de junio no demuestra que los centros de datos de IA sean responsables del fuego ni que la conversión desde bitcoin haya provocado el incidente. Pero sí ofrece una imagen concreta de una transformación que normalmente ocurre lejos de la vista pública: la infraestructura que alimentó la fiebre de las criptomonedas está siendo reconstruida a gran velocidad para alimentar ahora la fiebre de la inteligencia artificial.
Y, en Lake Mariner, los sistemas destinados a proteger esa nueva infraestructura todavía parecen estar intentando alcanzar el ritmo de su expansión.
