La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) anunció el cierre de cuatro oficinas de atención a migrantes en México ante la grave crisis económica que enfrenta. La medida incluye el despido de 190 empleados, confirmó a Reuters un funcionario del organismo.
El ACNUR en México ha tenido una larga trayectoria de trabajo humanitario. Su labor en temas de refugio y asilo comenzó en el siglo XIX, cuando los indios Kikapú, originarios de Wisconsin, Estados Unidos de América, buscaron establecerse en Coahuila.
En los años 30, el país acogió a un gran número de refugiados españoles que huían del fascismo. Durante la década de 1970, sudamericanos perseguidos por dictaduras encontraron protección en México. En los años 80, el país abrió sus puertas a miles de guatemaltecos y centroamericanos desplazados por conflictos armados, lo que motivó la creación de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
En ese periodo, el gobierno mexicano, en conjunto con el ACNUR y organizaciones de la sociedad civil, ofreció vivienda, alimentación y servicios sociales a los refugiados, principalmente en Chiapas, Campeche y Quintana Roo. Tras la paz en Guatemala, algunos retornaron, pero quienes decidieron quedarse obtuvieron la nacionalidad mexicana e impulsaron comunidades autosuficientes.
Hoy, México enfrenta nuevos retos humanitarios. La violencia en Honduras, El Salvador y Guatemala, así como las crisis políticas en Nicaragua y Venezuela, ha obligado a miles a buscar asilo en México. Muchos de ellos viajan por rutas peligrosas, sin información suficiente, y pertenecen a grupos vulnerables como niños, mujeres embarazadas y personas LGBTI.
Ante esta situación, el ACNUR había incrementado su capacidad operativa para atender a más personas en tránsito o solicitantes de refugio. Sin embargo, la reducción de fondos amenaza con frenar parte de esta labor, justo cuando México se consolida como un país receptor clave en la región.
