La nueva geografía de la IA: China lleva los centros de datos al fondo del mar

La nueva geografía de la IA: China lleva los centros de datos al fondo del mar

China puso en operación frente a Shanghái un centro de datos submarino alimentado con energía eólica marina, un proyecto que muestra cómo la expansión de la inteligencia artificial empieza a transformar no solo el software, sino también la geografía física de la infraestructura digital.

El proyecto, conocido como Shanghai Lingang undersea data center, está ubicado a unos 10 kilómetros de la costa, en el área de Lingang, y tiene una capacidad planeada de 24 megawatts. De acuerdo con China Daily, comenzó a operar en mayo de 2026 y forma parte de un modelo que combina ingeniería marina, energía renovable e infraestructura digital orientada a cargas de trabajo de inteligencia artificial.

El centro utiliza módulos sellados instalados bajo el mar. La electricidad proviene de parques eólicos marinos y se transmite directamente hacia la instalación mediante cables submarinos, mientras que el agua de mar funciona como sistema natural de enfriamiento. Según el reporte, este diseño reduce el consumo eléctrico en 22.8%, elimina el uso de agua dulce para refrigeración y disminuye el uso de suelo en más de 90%.

La importancia del proyecto no está únicamente en que los servidores estén bajo el agua. Su relevancia está en el tipo de infraestructura que propone: centros de datos que no dependen solo de grandes terrenos, sistemas convencionales de enfriamiento o redes eléctricas terrestres saturadas, sino que se integran a territorios energéticos específicos, como parques eólicos marinos.

El caso aparece en un momento en que la expansión de la inteligencia artificial está elevando la demanda de cómputo, electricidad y refrigeración. La carrera por construir modelos más grandes, operar servicios de IA generativa y sostener cargas intensivas de procesamiento ha convertido a los centros de datos en una pieza central de la infraestructura tecnológica contemporánea.

En esa carrera, la pregunta ya no es solo qué modelos pueden entrenarse o qué chips pueden conseguirse. También importa dónde se colocará el cómputo, cómo se alimentará, qué recursos consumirá y qué territorios absorberán sus costos ambientales, energéticos y sociales. La IA también está dibujando un nuevo mapa.

El antecedente más conocido de centros de datos submarinos fue Project Natick, un experimento de Microsoft Research que probó la viabilidad de instalar servidores bajo el mar. En 2020, Microsoft informó que el módulo sumergido frente a las islas Orcadas, en Escocia, tuvo una tasa de fallas ocho veces menor que la de un grupo de control terrestre, después de operar durante dos años bajo el agua.

Microsoft presentó entonces el experimento como una vía para explorar centros de datos más rápidos de desplegar, con menor intervención humana y potencialmente cercanos a comunidades costeras. Sin embargo, la empresa no convirtió esa línea en un proyecto comercial activo. En 2024, Microsoft confirmó a Data Center Dynamics que Project Natick ya no estaba en operación, aunque dijo que conservaría aprendizajes del proyecto para otros diseños de centros de datos.

El proyecto de China se inserta en esa historia, pero con una diferencia relevante: no se presenta solo como una prueba de investigación, sino como un centro de datos submarino conectado a energía eólica marina y orientado a operación comercial. Data Center Dynamics reportó que el proyecto está vinculado con HiCloud Technology, China Telecom y entidades gubernamentales de Lingang, y que comenzó operaciones comerciales después de pruebas iniciales realizadas en febrero de 2026.

Según ese medio especializado, el proyecto fue lanzado oficialmente en junio de 2025, completó su construcción en octubre de ese año y tiene una capacidad de 24 MW. Otros reportes han señalado que la instalación se encuentra a unos 35 metros de profundidad y que puede alojar alrededor de 2,000 servidores, con cargas de trabajo relacionadas con procesamiento de IA, anotación de datos, 5G y servicios digitales.

La propuesta tiene una lógica clara: los centros de datos generan calor y requieren sistemas intensivos de enfriamiento. Al colocar módulos sellados bajo el mar, el océano funciona como disipador térmico. Al conectarlos con parques eólicos marinos, el proyecto intenta asociar el crecimiento del cómputo con una fuente energética renovable cercana.

Sin embargo, la infraestructura submarina no elimina todas las preguntas. Los centros de datos bajo el mar enfrentan desafíos de mantenimiento, corrosión, sustitución de hardware, cableado submarino, costos de reparación y evaluación ambiental de largo plazo. Tom’s Hardware señaló que este tipo de instalaciones todavía debe resolver problemas de servicio técnico y economía operativa, especialmente si se busca escalar de proyectos demostrativos a sistemas de cientos de megawatts.

El caso chino también debe leerse dentro de una disputa más amplia por infraestructura de IA. Países y empresas están buscando nuevos lugares para instalar cómputo: regiones con energía barata, zonas rurales, corredores industriales, desiertos, polos de generación renovable, instalaciones nucleares, costas con acceso a agua o, ahora, fondos marinos. La infraestructura digital empieza a desplazarse hacia donde pueda conseguir electricidad, enfriamiento y espacio.

En ese sentido, el centro submarino de Lingang no resuelve por sí solo los costos ambientales de la inteligencia artificial. Pero sí muestra una tendencia: la IA ya no vive únicamente en laboratorios, nubes comerciales o aplicaciones de consumo. Su crecimiento depende de una infraestructura territorial cada vez más extensa, costosa y visible.

La diferencia con los primeros años de internet es que esta nueva infraestructura ya no puede ocultarse tan fácilmente detrás de la idea abstracta de “la nube”. Los centros de datos ocupan suelo, consumen energía, requieren agua o sistemas de enfriamiento, modifican redes eléctricas y se conectan con estrategias industriales y geopolíticas.

China presenta el proyecto como una solución de cómputo verde y como una forma de reducir presión sobre suelo y agua dulce. Pero también puede leerse como parte de una carrera global por encontrar nuevas arquitecturas para sostener el crecimiento de la IA. Si Microsoft probó que los centros de datos submarinos podían funcionar técnicamente, China intenta mostrar que pueden integrarse a una cadena energética e industrial más amplia.

La nueva geografía de la IA no estará formada únicamente por ciudades inteligentes, laboratorios de modelos o fábricas de chips. También incluirá parques eólicos conectados a centros de datos, módulos sellados bajo el mar, corredores energéticos, cables submarinos y territorios reorganizados alrededor de la demanda de cómputo.

La pregunta de fondo ya no es solo cuánta inteligencia artificial puede entrenarse. Es dónde se colocará la infraestructura que la sostiene, quién controlará esa infraestructura y qué costos quedarán fuera de la pantalla.

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