Tras los terremotos que golpearon Venezuela, la emergencia no solo ocurre entre edificios colapsados, hospitales dañados y centros de acopio. También ocurre en la infraestructura de comunicación: familias que buscan personas no localizadas, voluntarios que coordinan ayuda, organismos internacionales que piden restablecer el acceso a redes sociales y servicios satelitales que ofrecen conexión en zonas afectadas.
La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, creada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, pidió a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) restablecer plenamente el acceso a redes sociales y medios de comunicación como “medida prioritaria e inmediata”.
El llamado ocurrió después de los sismos registrados el miércoles 24 de junio, cuando un terremoto de magnitud 7.2 fue seguido menos de un minuto después por otro de magnitud 7.5, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos. Reuters reportó que los movimientos devastaron zonas de Caracas, La Guaira y otras áreas del norte del país, con cientos de personas atrapadas bajo escombros y miles de familias afectadas.
El balance oficial más reciente elevó a 235 el número de personas fallecidas y a más de 4,300 los heridos, de acuerdo con el ministro de Salud, Carlos Alvarado. La cifra de desaparecidos seguía siendo menos clara: AP reportaba 157 personas desaparecidas en un corte previo, mientras Reuters informó que un sitio ciudadano de búsqueda listaba más de 46,000 personas no localizadas, aunque aclaró que no pudo verificar de forma independiente esos registros.
La petición de la Misión de la ONU coloca la conectividad en el centro de la respuesta humanitaria. El organismo advirtió que, durante las próximas horas y días, el acceso oportuno a información fiable y a canales de comunicación será fundamental para proteger la vida, la seguridad y el bienestar de la población.
La frase resume una dimensión de la emergencia que suele quedar en segundo plano: en un desastre, internet, redes sociales, medios de comunicación y plataformas de mensajería no son solo espacios de conversación pública. También funcionan como infraestructura para pedir auxilio, localizar familiares, verificar necesidades, coordinar centros de acopio, mover agua y medicamentos, reportar daños y conectar a comunidades con equipos de rescate.
Esa coordinación ya aparece en distintos niveles. Reuters reportó que trabajadores de emergencia y voluntarios buscaban sobrevivientes entre edificios colapsados durante la noche, mientras residentes de algunas zonas afirmaban que la ayuda oficial tardaba en llegar. En La Guaira, voluntarios removían escombros con las manos mientras familias esperaban noticias de personas desaparecidas. En la autopista Caracas-La Guaira, civiles caminaban hacia la costa con agua, comida y medicinas.
Ayuda para localizar despaparecidos
En paralelo, surgieron herramientas ciudadanas para intentar ordenar la búsqueda de personas no localizadas. El sitio «Desaparecidos Terremoto Venezuela» fue creado para rastrear personas desaparecidas y compartido por líderes opositores listaba más de 46,000 personas como no localizadas poco después de las 7 de la noche del jueves. Sin embargo, agencias como Reuters señalaron que no les fue posible verificar de forma independiente esos reportes.
La iniciativa es una muestra de que ante una emergencia de gran escala, la población intenta construir sus propios sistemas de registro y búsqueda cuando la información está fragmentada, las comunicaciones fallan o los canales oficiales no son suficientes.
«Tras el terremoto, muchas familias siguen sin saber de los suyos. Si no logras comunicarte con alguien, repórtalo aquí. Y si ya lo encontraste, avísanos — para que su nombre dé tranquilidad, no angustia», señalan los administradores en la página de inicio del portal. Hasta el corte de esta nota, el sitio web señala que se han generado 57 mil 395 reportes de personas desaparecidas durante el terremoto, de las cuales, 37 mil 273 aún no han sido reportadas como localizadas, mientras que 20 mil 122 ya habrían sido enconrtadas.

El sitio habría sido desarrollado por theempire.tech, una compañía de desarrollo de software y transformación digital dirigida por Jorge Bastidas. La empresa ofrece servicios que van desde la creación de planes estratégicos (Blueprint) y Productos Mínimos Viables (MVP), hasta el desarrollo de plataformas escalables y auditorías digitales. De acuerdo con la compañía, el portal fue desarrollado por expertos originarios de varios países de América Latina y aclararon que no solicitan donativos para mantener el proyecto.

La conectividad también se volvió un punto de respuesta tecnológica. Starlink, la unidad de internet satelital de SpaceX, anunció que ofrecería servicio gratuito durante un mes a sus usuarios en Venezuela y que trabajaba para desplegar terminales en las zonas más afectadas, con el objetivo de ayudar a restaurar comunicaciones.
La medida no reemplaza el trabajo de rescate, la atención médica ni la ayuda humanitaria, pero puede convertirse en una pieza crítica para sostener coordinación en lugares donde la infraestructura terrestre fue dañada o donde hay cortes de energía y comunicaciones.
El caso muestra que la tecnología más importante en un desastre no siempre es la más espectacular. No necesariamente se trata de inteligencia artificial, robots de rescate o sistemas avanzados de predicción. A veces, la tecnología decisiva es la que permite volver a comunicarse: una conexión estable, una red social accesible, un sitio de búsqueda, un teléfono con señal, una terminal satelital o un medio capaz de transmitir información confiable.
Por eso, el llamado de la ONU no es solo una defensa abstracta de la libertad de información. En una emergencia, restringir redes sociales o medios puede tener consecuencias concretas sobre la capacidad de las personas para protegerse, buscar ayuda y encontrar a sus familiares.
La Misión también pidió que la respuesta nacional e internacional se rija por normas y principios internacionales de derechos humanos, y que las necesidades y la dignidad de las personas afectadas estén al centro de los esfuerzos de asistencia y recuperación.
La emergencia todavía se mide en daños, víctimas y rescates. Pero también se mide en algo menos visible: cuánta información logra circular, cuántas personas pueden pedir ayuda y cuántas familias pueden saber dónde están los suyos.
