Mientras Washington organiza una red de países alrededor de sus cadenas de inteligencia artificial y comienza a exigir distancia frente al ecosistema tecnológico chino, México —su principal socio comercial y un proveedor creciente de infraestructura para centros de datos— permanece fuera. La omisión ocurre mientras ambos gobiernos negocian seguridad económica dentro de la revisión del T-MEC y México profundiza, al mismo tiempo, su cooperación tecnológica con China.
Estados Unidos está construyendo una nueva arquitectura internacional alrededor de la inteligencia artificial, pero México no forma parte de ella. La ausencia podría parecer secundaria en una lista diplomática de 35 países si no fuera porque México es actualmente el principal socio comercial de Estados Unidos, participa directamente en su cadena de fabricación de servidores para inteligencia artificial y negocia en estos mismos meses las condiciones de su integración económica futura dentro del T-MEC.
El 25 de junio, durante la cumbre de Pax Silica, Estados Unidos y otros 34 países suscribieron el Joint Statement on AI Opportunity Partnership, una declaración que busca coordinar políticas favorables al desarrollo de inteligencia artificial y fortalecer las cadenas internacionales necesarias para sostenerla. Entre los firmantes latinoamericanos aparecen Argentina, Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Paraguay. México no aparece. Tampoco Brasil.

Conviene distinguir dos círculos que suelen confundirse. La declaración sobre oportunidades de IA tiene 35 firmantes, mientras que Pax Silica, la iniciativa estadounidense más estrecha de seguridad económica y tecnológica, cuenta con un grupo menor de participantes. México está ausente de ambos esquemas.
La diferencia importa porque Pax Silica no se limita a los modelos generativos. El Departamento de Estado la presenta como una estrategia para desarrollar entre aliados y socios confiables cadenas que abarcan minerales críticos, energía, manufactura avanzada, semiconductores, infraestructura tecnológica e inteligencia artificial. Washington no está organizando únicamente una alianza alrededor de ChatGPT, Gemini o Claude: está intentando organizar la cadena física y económica completa que permite desarrollar y operar esos sistemas.
Hasta hace unas semanas, la ausencia mexicana podía interpretarse simplemente como una decisión diplomática cuyo significado era incierto. Una revelación de Reuters publicada el 14 de agosto cambia el contexto. De acuerdo con un funcionario estadounidense y un borrador interno revisado por la agencia, el Departamento de Estado prepara una comunicación dirigida precisamente a los países que firmaron el AI Opportunity Statement para advertirles que la participación en estructuras rivales impulsadas por China podría ser incompatible con su pertenencia al ecosistema organizado por Washington. El documento todavía puede modificarse y no constituye una obligación para México ni para los firmantes. Sí revela, sin embargo, hacia dónde se está moviendo la política estadounidense.
La inteligencia artificial comienza así a convertirse en una cuestión de pertenencia geopolítica.
Una omisión difícil de explicar por el tamaño del mercado
México no es un mercado marginal para las compañías estadounidenses de inteligencia artificial. Tampoco es un país periférico dentro de las cadenas tecnológicas de Estados Unidos.
En los primeros meses de 2026, México se mantuvo como el principal socio comercial estadounidense en bienes. Su participación en la economía de la inteligencia artificial también crece. OpenAI reportó que México pasó del lugar 60 al 54 en su clasificación mundial de mensajes de ChatGPT por habitante entre el último trimestre de 2025 y el primero de 2026, uno de los mayores ascensos registrados durante ese periodo. La medición no representa el número total de usuarios mexicanos, pero sí muestra una expansión relativa de la intensidad de uso.
Otra aproximación confirma el fuerte peso de las plataformas estadounidenses. Statcounter atribuyó en julio de 2026 a ChatGPT 76.01% de su indicador mexicano de mercado de chatbots, seguido por Gemini con 15.23%, Microsoft Copilot con 5.25%, Perplexity con 2.16% y Claude con 1.34%. La métrica debe leerse con cautela: Statcounter mide principalmente referencias de tráfico procedentes de estas plataformas, no usuarios únicos. Pero el patrón es revelador: los servicios estadounidenses dominan ampliamente el tráfico que la empresa observa en México.
La integración va incluso más allá del consumo. México se ha convertido en una pieza inesperadamente importante de la infraestructura física de la IA estadounidense. El Financial Times reportó que durante 2026 alrededor de 40% de las importaciones estadounidenses de servidores utilizados en centros de datos de inteligencia artificial procedieron de México. Entre enero y mayo, las ventas mexicanas de servidores a Estados Unidos alcanzaron 46,900 millones de dólares y en mayo México se convirtió en su mayor proveedor mensual. Fabricantes taiwaneses como Foxconn y Pegatron han expandido instalaciones mexicanas para atender la demanda estadounidense.
La ausencia mexicana del nuevo esquema estadounidense, por tanto, difícilmente puede explicarse sólo por falta de mercado, adopción o relevancia industrial.
La fecha vuelve más delicada la omisión
El AI Opportunity Statement tampoco apareció en un momento cualquiera de la relación bilateral.
Desde marzo, Estados Unidos y México desarrollan negociaciones relacionadas con la revisión conjunta del T-MEC. Las delegaciones han recibido instrucciones de estudiar mecanismos para aumentar la producción norteamericana mientras limitan la entrada de insumos procedentes de economías consideradas no de mercado en las cadenas regionales. Entre los asuntos incluidos se encuentran la seguridad económica, las reglas de origen y posibles acciones comerciales complementarias.
A finales de mayo se realizó la primera ronda bilateral, centrada, entre otros asuntos, en reglas de origen automotrices, acero, aluminio y seguridad económica. Estados Unidos volvió entonces a señalar la necesidad de evitar que terceros países obtengan beneficios indirectos del T-MEC. El AI Opportunity Statement fue anunciado apenas unas semanas después, el 25 de junio, mientras las negociaciones comerciales continuaban.
La coincidencia no demuestra que la exclusión de México haya sido concebida como una presión dentro del T-MEC. No existe evidencia pública que permita sostenerlo. Pero ambas políticas comienzan a utilizar un lenguaje compatible: cadenas seguras, socios confiables, reducción de dependencias, restricciones a insumos de economías consideradas no de mercado y protección de infraestructura estratégica.
Hay además un precedente relevante. En julio, USTR destacó como uno de los avances de México dentro de la negociación comercial la actualización de sus controles a la exportación de productos de doble uso para acercarlos a los controles estadounidenses. Esto demuestra que la discusión sobre alineamiento tecnológico y seguridad ya está entrando materialmente en la revisión del tratado.
Mientras negocia con Washington, México se acerca tecnológicamente a China
La otra mitad de la historia apareció casi escondida entre comunicados sectoriales.
El 23 de julio, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación informó que su titular, Rosaura Ruiz, se reunió con el embajador de China en México, Chen Daojiang, para fortalecer la cooperación bilateral y preparar nuevos proyectos dentro de la relación científica entre ambos países. Las áreas mencionadas no son menores: inteligencia artificial, supercómputo, robótica, electromovilidad, semiconductores y energía.
Es prácticamente el mismo conjunto de tecnologías que Washington está tratando como estratégicas dentro de su nueva arquitectura internacional.
La coincidencia temporal es todavía más llamativa. Ese mismo 23 de julio, el representante comercial estadounidense Jamieson Greer se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum en Ciudad de México durante la tercera ronda bilateral relacionada con el T-MEC. En esa conversación se revisaron seguridad económica, acero, aluminio, automóviles y fortalecimiento de las cadenas de suministro norteamericanas, además de la necesidad estadounidense de enfrentar el aprovechamiento del acuerdo por países que no son miembros.
México, en otras palabras, estaba hablando simultáneamente con Washington sobre seguridad de las cadenas norteamericanas y con Beijing sobre cooperación en IA, semiconductores, supercómputo y robótica.
Eso no implica que México haya elegido a China. La realidad económica dice exactamente lo contrario: la producción mexicana está profundamente vinculada con Estados Unidos y el ecosistema estadounidense domina buena parte del consumo de IA en el país. Lo que revela es una estrategia más compleja, en la que México intenta conservar vínculos tecnológicos con ambos polos.
El problema es que Washington parece comenzar a cuestionar precisamente esa posibilidad.
De la integración económica a la confianza tecnológica
La revelación de Reuters sugiere que Estados Unidos empieza a introducir una distinción que podría ser especialmente incómoda para México: un país puede ser socio comercial y, al mismo tiempo, no ser considerado parte del núcleo de socios tecnológicos confiables.
La comunicación preparada por el Departamento de Estado cuestiona que los integrantes del ecosistema estadounidense puedan participar simultáneamente en iniciativas cuyos objetivos entren en conflicto con los de Washington. Estados Unidos intenta responder así a la creación de una organización internacional de cooperación en inteligencia artificial promovida por China.
México no tendría que abandonar actualmente Huawei, DeepSeek, proveedores chinos de robótica o proyectos científicos con Beijing para conservar el T-MEC. No existe una cláusula semejante. Tampoco el AI Opportunity Statement produce por sí solo obligaciones jurídicas para México, puesto que ni siquiera lo firmó.
La pregunta relevante es qué sucede si esta lógica comienza a trasladarse a instrumentos con consecuencias económicas reales.
Estados Unidos ya está negociando con México controles de exportación, contenido regional, seguridad económica y reducción de insumos extrarregionales. Pax Silica, al mismo tiempo, busca concentrar inversión y cadenas estratégicas entre aliados y socios considerados confiables. Si ambas políticas convergen, la discusión sobre China podría pasar gradualmente de la diplomacia a las condiciones bajo las cuales empresas instaladas en México participan de la cadena norteamericana.
Para sectores como servidores, electrónica, telecomunicaciones, vehículos eléctricos, baterías o robótica, la diferencia podría ser considerable. El mecanismo más probable no tendría que adoptar la forma de una prohibición general de tecnología china. Podría aparecer mediante reglas de origen más exigentes, controles de exportación coordinados, restricciones en infraestructura sensible, criterios de seguridad para proveedores o condiciones para acceder a determinados proyectos e inversiones.
Todavía es una posibilidad, no un hecho consumado.
México tiene una vulnerabilidad, pero también una palanca
La posición mexicana tampoco es de debilidad absoluta. Si Estados Unidos quiere construir una enorme infraestructura doméstica de inteligencia artificial, México forma ya parte de esa ecuación.
La producción mexicana de servidores demuestra hasta qué punto las cadenas tecnológicas norteamericanas se han integrado. México no sólo consume modelos estadounidenses: ensambla parte del hardware que termina dentro de los centros de datos que ejecutan esos modelos.
Por eso una exclusión permanente resultaría también costosa para Washington.
Un escenario posible es que Estados Unidos utilice la revisión del T-MEC para presionar a México hacia una mayor convergencia en controles tecnológicos y cadenas de suministro vinculadas con China. Otro es que la propia importancia industrial mexicana obligue a Washington a incorporarlo gradualmente a su arquitectura de IA, pero bajo condiciones negociadas.
En ambos casos, la discusión ya no sería solamente comercial.
México tendría que decidir cuánto espacio quiere conservar para desarrollar relaciones tecnológicas con China y qué costo está dispuesto a asumir para mantener esa autonomía frente a un Estados Unidos que empieza a organizar la inteligencia artificial como un ecosistema de aliados.
La ausencia es el dato; la intención todavía no
Hay que evitar una conclusión para la que todavía no existe evidencia: que Estados Unidos excluyó deliberadamente a México del AI Opportunity Statement como castigo por sus relaciones con China o por razones ideológicas.
La composición latinoamericana sí merece investigación. Argentina, Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Paraguay aparecen entre los firmantes mientras México y Brasil permanecen fuera. Pero la lista, por sí sola, no demuestra cuáles fueron los criterios de selección ni permite atribuir una motivación partidista a Washington.
Lo que sí puede afirmarse es más concreto y quizá más importante: la principal economía latinoamericana integrada a Estados Unidos no fue incluida en el primer esquema de alineamiento internacional de Washington alrededor de la inteligencia artificial, pese a ser su principal socio comercial, un mercado creciente para sus modelos y un proveedor cada vez más importante del hardware que sostiene sus centros de datos.
La omisión ocurre, además, mientras México negocia con Estados Unidos seguridad económica dentro del T-MEC y profundiza simultáneamente su cooperación con China en algunas de las tecnologías que Washington considera estratégicas.
Ese conjunto de hechos convierte una ausencia diplomática aparentemente menor en una señal que merece atención.
La siguiente ronda bilateral entre México y Estados Unidos está prevista para septiembre. Si en ella empiezan a aparecer con mayor frecuencia conceptos como controles de exportación, semiconductores, proveedores confiables, infraestructura crítica, telecomunicaciones, tecnología china o requisitos adicionales para las cadenas norteamericanas, tendremos una señal más clara de que la competencia entre Estados Unidos y China por la inteligencia artificial comienza a entrar directamente en la negociación comercial mexicana.
Por ahora, la pregunta queda abierta: ¿puede México seguir formando parte de la cadena industrial estadounidense mientras mantiene una política tecnológica abierta hacia China, o Washington comenzará a considerar ambas cosas incompatibles?
La respuesta puede terminar definiendo mucho más que la política mexicana de inteligencia artificial. Puede definir el margen de autonomía tecnológica de México dentro de América del Norte.
Fuentes consultadas
- U.S. Department of State — AI Opportunity Statement
- Reuters — US to tell partners they must pick sides in AI race with China
- U.S. Census Bureau — Top Trading Partners
- OpenAI — 2026 Q1 Signals update
- Statcounter — AI chatbot market share in Mexico
- Financial Times — Mexico and AI server imports
- USTR — USMCA bilateral discussions, March 2026
- USTR — First bilateral USMCA round, May 2026
- USTR — Third bilateral round, July 2026
- Secihti — México y China impulsan proyectos de IA, robótica y semiconductores
