China convierte sus olimpiadas de robots humanoides en una gigantesca pista de pruebas

China convierte sus olimpiadas de robots humanoides en una gigantesca pista de pruebas

Más de 2,000 robots compiten en Beijing en carreras, futbol, artes marciales y baile, pero también hacen camas, ordenan libros, conectan cables y responden a emergencias. La segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides muestra cuánto ha avanzado la tecnología china en apenas un año y dónde siguen estando sus principales dificultades.

Un robot humanoide recorrió 100 metros en 9.39 segundos en Beijing. Otro terminó apenas ocho centésimas después. Los dos superaron los 9.58 segundos con los que Usain Bolt conserva desde 2009 el récord mundial humano de esa distancia.

La carrera fue apenas una de las primeras pruebas de una competencia considerablemente mayor. Entre el 22 y el 26 de agosto, Beijing celebra la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, un encuentro que reúne a 666 equipos y 2,056 robots procedentes de 16 países de seis continentes. Durante cinco días disputarán 51 pruebas y 1,301 competencias en el Óvalo Nacional de Patinaje de Velocidad, la llamada Cinta de Hielo construida para los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022.

La escena puede parecer una versión robótica de los Juegos Olímpicos: hay atletismo, futbol, levantamiento de pesas, artes marciales, baile, tenis de mesa y hasta tira y afloja. Pero una parte creciente del programa ocurre lejos de las pistas deportivas. Los robots también tienen que trabajar. Deben ordenar libros en una biblioteca, realizar tareas de hotel, manipular paquetes, cargar materiales, ensamblar componentes, preparar espacios de oficina, conectar cables o participar en simulaciones de rescate. Esas pruebas son probablemente las más importantes para una industria que intenta demostrar que los humanoides pueden pasar de las exhibiciones espectaculares a realizar tareas útiles de manera autónoma.

De 500 a más de 2,000 robots en un año

La escala del evento cambió radicalmente desde su primera edición. Los Juegos Mundiales de Robots Humanoides de 2025 reunieron a 280 equipos y más de 500 robots. Un año después participan 666 equipos, un crecimiento de 138%, mientras el número de robots prácticamente se cuadruplicó hasta llegar a 2,056. El programa también pasó de 26 a 51 pruebas, y de 487 a 1,301 competencias.

La mayor parte de la participación continúa siendo china. De acuerdo con los organizadores, 641 equipos y 1,975 robots proceden de 157 empresas y 200 universidades e instituciones de investigación del país. También participan equipos de Estados Unidos, Alemania, Japón y otros países.

El crecimiento coincide con el esfuerzo de China por convertir a la robótica humanoide en una industria estratégica. Beijing concentra cerca de una cuarta parte de los fabricantes chinos de robots completos y el gobierno de la ciudad ha colocado las aplicaciones prácticas de esta tecnología entre sus prioridades industriales. La competencia funciona así simultáneamente como espectáculo, banco de pruebas y escaparate comercial.

En un año, los robots aprendieron a correr

Los resultados deportivos permiten observar la velocidad del cambio. En la primera edición de los juegos, Tiangong Ultra ganó los 100 metros con un tiempo de 21.50 segundos. Este año, una nueva versión terminó la distancia en 9.39 segundos. Lightning, desarrollado por Honor, registró 9.47 segundos.

El avance refleja mejoras en motores, equilibrio dinámico, coordinación de las articulaciones y control corporal. Los organizadores respondieron aumentando también la dificultad: el límite permitido para completar los 100 metros pasó de tres minutos a un minuto, mientras el correspondiente a los 1,500 metros cayó de 40 a 15 minutos.

Sin embargo, correr rápido no significa necesariamente controlar bien el cuerpo. Después de la carrera de 100 metros, Tiangong terminó golpeando las barreras de protección y Lightning cayó después de cruzar la meta. La escena resume una de las contradicciones actuales de la robótica humanoide: las máquinas pueden mostrar niveles extraordinarios de velocidad y potencia en condiciones controladas y, al mismo tiempo, tener dificultades para reaccionar ante pequeñas variaciones del entorno. Por eso la edición de este año coloca mucho más peso en otra capacidad: la autonomía.

Menos controles remotos

En buena parte de las competencias ya no basta con que un humano dirija al robot desde fuera de la pista. Las reglas de 2026 aumentaron las pruebas que deben completarse sin control remoto. Salvo algunas excepciones, los eventos de pista y otras competencias deportivas exigen funcionamiento completamente autónomo. En las pruebas basadas en escenarios reales, completar una tarea autónomamente recibe el doble de ponderación que hacerla mediante teleoperación.

Reuters calcula que más de 40% de las competencias requieren autonomía total. La diferencia es fundamental para evaluar si un humanoide puede convertirse realmente en trabajador.

Un robot operado a distancia puede levantar una caja, hacer una cama o conectar un cable, pero sigue necesitando a una persona tomando decisiones. Para sustituir o complementar trabajo humano debe percibir el entorno, identificar objetos, decidir qué hacer y ejecutar movimientos correctamente sin recibir instrucciones para cada acción. Ahí las tareas aparentemente más sencillas pueden resultar más difíciles que una carrera.

Hacer una cama puede ser más difícil que correr 100 metros

De las 51 pruebas de los juegos, 30 corresponden a competencias deportivas y 21 a escenarios de aplicación.

Algunas ocurren directamente en entornos diseñados para parecerse a fábricas, hoteles, hogares y centros logísticos. Hay robots que deben clasificar paquetes, realizar trabajos de ensamblaje, atender servicios de hotel o responder a emergencias.

En una prueba de oficina, por ejemplo, las máquinas disponen de 20 minutos para realizar actividades como colocar suministros para una reunión, cargar una impresora y operar una trituradora de papel. En otra competencia tienen que recoger libros devueltos, colocarlos correctamente en los estantes de una biblioteca y detectar ejemplares mal ubicados.

También existen ocho pruebas dedicadas específicamente a manos robóticas de alta precisión, con acciones tan pequeñas como recoger frijoles o apretar tornillos.

Son actividades menos espectaculares que ver correr a un humanoide a casi 40 kilómetros por hora, pero tecnológicamente pueden ser mucho más importantes.

Una pista atlética es plana, está delimitada y cambia muy poco. Una habitación, una fábrica o una cocina contienen objetos de diferentes tamaños, superficies irregulares, obstáculos inesperados y elementos que pueden estar ligeramente fuera del lugar previsto.

Un cable desplazado algunos centímetros puede convertirse en un problema de percepción, razonamiento y manipulación para una máquina.

Las medallas como pruebas industriales

China tampoco está organizando estas competencias únicamente como entretenimiento. Las autoridades y la industria están utilizando los juegos para desarrollar métodos comunes con los cuales medir capacidades que después puedan convertirse en criterios técnicos para robots comerciales.

Jiang Guangzhi, director de la Oficina Municipal de Economía y Tecnología de la Información de Beijing, señaló antes de la competencia que algunas reglas pueden evolucionar hacia estándares técnicos de aplicación industrial. La idea es que resolver habilidades del “último metro” permita convertir las capacidades demostradas durante la competencia en productos capaces de trabajar fuera de ella.

El evento coincide además con una etapa particularmente activa para la industria china.

La Conferencia Mundial de Robots celebrada también esta semana en Beijing reunió a más de 300 empresas, más de 2,000 exhibiciones y alrededor de 150 lanzamientos de productos. Fabricantes chinos están mostrando humanoides destinados a logística, manufactura, servicios y tareas domésticas, mientras inversionistas empiezan a exigir que las demostraciones se conviertan en productividad y ventas.

Los juegos permiten llevar esa competencia a un espacio relativamente estandarizado.

Una empresa puede afirmar que su robot corre, manipula objetos o trabaja autónomamente. Poner varias máquinas frente al mismo circuito, la misma caja, el mismo cable o la misma estantería permite empezar a comparar esas afirmaciones.

Las olimpiadas muestran también lo que todavía falta

La espectacular mejora de los robots chinos en apenas un año hace sencillo imaginar una transición inmediata hacia trabajadores humanoides capaces de ocupar fábricas, almacenes y hogares. Las propias competencias muestran por qué esa transición será más complicada. La velocidad física está avanzando rápidamente. También mejoran el equilibrio, la movilidad y la resistencia. Pero las tareas reales necesitan combinar percepción visual, comprensión del entorno, planificación, memoria, manipulación precisa y capacidad de reaccionar ante errores e imprevistos durante periodos largos. Es justamente por eso que las segundas olimpiadas de robots de China resultan interesantes más allá de las carreras y las caídas.

No están probando únicamente qué robot puede correr más rápido. Están empezando a medir qué máquinas pueden abandonar la exhibición, entrar al mundo desordenado de los humanos y resultar realmente útiles.

Con información de Reuters y Global Times

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *