El CO2 mantuvo sus niveles a pesar del COVID-19; científicos buscan controlarlo con basalto

El CO2 mantuvo sus niveles a pesar del COVID-19; científicos buscan controlarlo con basalto

Un problema que preocupa a los expertos  desde hace décadas son las emisiones de dióxido de carbono [CO2], un gas de efecto invernadero que a raíz de la aceleración de la actividad industrial, sobretodo por la quema combustibles fósiles, se ha acumulado en cantidades muy por encima de los niveles normales para el planeta.

A mayor concentración de CO2, el calor permanece encerrado en la atmósfera y las temperaturas se elevan más. El problema se ha intensificado de manera proporcional al aumento de actividades generadoras de estos gases de efecto invernadero.

La solución más certera es la desaceleración de las actividades industriales que han alterado el ciclo de carbono en la Tierra desde la era de la Revolución industrial. No obstante, aunque los grandes corporativos responsables de estas emisiones muestran voluntad por implementar políticas para reducir las emisiones de carbono, los resultados no se ven.

Este año las temperaturas de ciudades ubicadas en el hemisferio norte se elevaron a niveles históricos. Durante el mes de junio el servicio de cambio climático de Copernicus registró temperaturas de 10 grados Celsius por encima del promedio en regiones de Siberia.

El 20 de junio, la organización meteorológica registró en el Ártico temperaturas por encima de los 37 grados Celsius, un indicador que nunca antes se había presentado. La intensa ola de calor podría estar asociada con el calentamiento global. Un estudio publicado en Natural Climate Change señala que este fenómeno puede producir mayor desprendimiento de gases como el metano debido a los cambios que generaría en comunidades microbianas que regulan las emisiones de este gas.

LAS EMISIONES DE CO2 CONTINUARON A PESAR DEL COVID-19

En 2020, a pesar de que la epidemia del COVID-19 paralizó los mercados, las emisiones de carbono continuaron en niveles similares a los registrados el año anterior por organismos como el Observatorio Mauna Loa en Hawaii que realiza un monitoreo mensual del CO2.

De acuerdo con este observatorio las emisiones continuaron con la misma tendencia presentada el año anterior. En sus reportes este laboratorio indicó que en el mes de junio del 2019 se midieron 413.93 partículas por millón [ppm] de CO2, en tanto que para el mismo mes pero del 2020, la cifra fue un poco más alta, al alcanzar los 416.39 ppm.

BASALTO COMO REMEDIO

Un equipo multidisciplinario encabezado por David Beerling, biogeoquímico de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, propone reducir las emisiones de CO2 a partir de una técnica que emplea basalto -una roca volcánica compuesta de piroxeno y feldespato- pulverizado o meteorizado esparcido en campos de cultivo.

Nature señaló que la propuesta permitiría reducir la presencia de CO2 en la atmósfera aunque no se trata de una solución definitiva. La propuesta de meteorizar rocas de basalto y esparcirlas en tierras de cultivo para que reduzcan el CO2 fue inspirada en el funcionamiento del ciclo del carbono en la naturaleza.

Los investigadores observaron que era posible imitar un fenómeno natural en el que el dióxido de carbono presente en la atmósfera, al entrar en contacto con el agua y rocas de silicato dispuestas en la superficie de la Tierra, transforman el CO2 en bicarbonatos estables que se disuelven y se integran a ríos y océanos. Esta es la manera natural en que este gas de efecto invernadero no se acumula en el planeta, por ejemplo cuando hay erupciones volcánicas.

Los científicos estiman que con esta proyecto podrán ampliar este proceso natural del ciclo del carbono y reducir las emisiones acumuladas en las últimas tres décadas. Las regiones contempladas para la implementación de este método son Brasil, China, algunos países de Europa occidental, India, Indonesia y Estados Unidos.

El límite superior de lo que esperan reducir es similar a las emisiones de 500 centrales eléctricas que funcionen a partir de carbón, detalló el journal. Los investigadores también señalaron a Nature que ya se encuentran en proceso pruebas de este método en cuatro países.

De acuerdo con Nature, los investigadores han comenzado en el Reino Unido donde la aplicación de 20 toneladas de polvo de basalto en una parcela permitió la eliminación de emisiones en un 40 por ciento por encima de lo que se reduce de manera natural en una parcela no tratada.

En otro ensayo realizado en Malasia se obtuvo un incremento de la reducción de CO2 en un 15 por ciento. Los primeros resultados de estos experimentos también arrojaron que se mejoró el rendimiento de los cultivos en donde se esparció el basalto.

PROS Y CONTRAS

Aunque esta solución ya ha pasado las primeras pruebas, y podría ser útil a países como Estados Unidos que generan altas emisiones de CO2, tiene pros y contras. Una de las preocupaciones es que no se han detallado aún los impactos que tendría en el medio ambiente.

Nature apunta a que aunque es una buena manera de combatir la contaminación por el dióxido de carbono, de manera inevitable tendría un impacto en los ecosistemas y afectaría a los suelos, ríos e incluso océanos.

También se tendría que considerar que se tendría explotar roca de basalto en cantidades industriales lo que implicaría también costos que según el journal son comparables a los que se generarían con otro tipo de soluciones. Para poder reducir el costo, los investigadores contemplan reciclar basalto de la actividad minera.

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