Un hombre de 20 años fue arrestado este viernes 10 de abril tras presuntamente lanzar un cóctel molotov contra la casa del CEO de OpenAI, Sam Altman, en San Francisco, en un incidente que no dejó personas heridas y que fue seguido por amenazas contra la sede de la compañía. Horas después, OpenAI informó por separado que una herramienta de desarrollo de terceros usada en su proceso de firmado de aplicaciones para macOS fue comprometida en un ataque de cadena de suministro, aunque aseguró que no hay evidencia de acceso a datos de usuarios ni de alteración de sus productos.
De acuerdo con Associated Press, el artefacto incendiario alcanzó una reja exterior de la propiedad de Altman durante la madrugada. Menos de una hora después, el mismo sospechoso habría amenazado con incendiar la sede de OpenAI, donde fue detenido. Las autoridades no habían informado un posible móvil y los cargos seguían pendientes.
En paralelo, OpenAI publicó un comunicado en el que explicó que una versión maliciosa de Axios fue ejecutada dentro de un flujo de GitHub Actions relacionado con el firmado de sus aplicaciones de macOS. Aunque la empresa dijo que no encontró evidencia de que el certificado fuera exfiltrado ni de que sus sistemas, software o datos de usuarios resultaran comprometidos, decidió revocar y reemplazar el material de firmado “por abundancia de cautela”. La medida obliga a los usuarios de macOS a actualizar ChatGPT Desktop, Codex App, Codex CLI y Atlas.
Horas después del ataque, Altman publicó un texto en su blog en el que dijo que había subestimado el poder de las narrativas públicas y defendió una IA más democratizada, menos concentrada y acompañada de una respuesta social más amplia frente a sus riesgos. Por ahora, no hay evidencia pública de que ese mensaje, el ataque físico y el incidente de ciberseguridad formen parte de un mismo episodio; lo que sí muestran es el nivel de presión pública, política y técnica que rodea hoy a OpenAI.
