La IA podría automatizar 58% de las horas laborales actuales en Europa: McKinsey

La IA podría automatizar 58% de las horas laborales actuales en Europa: McKinsey

Un nuevo reporte del McKinsey Global Institute advierte que la inteligencia artificial, los agentes digitales y la robótica podrían automatizar técnicamente 58% de las horas laborales actuales en diez economías europeas, aunque la consultora subraya que esa cifra no debe leerse como una proyección directa de despidos o pérdida de empleos.

El informe, titulado Agents, robots, and us: How AI reshapes work and skills in Europe, fue publicado el 12 de mayo de 2026 y analiza cómo la automatización podría modificar tareas, habilidades y flujos de trabajo en Europa. Según McKinsey, 44% de las horas laborales actuales podrían ser automatizadas por agentes digitales y 14% por robots, debido al peso de actividades cognitivas, administrativas, de análisis, coordinación y procesamiento de información en la economía europea.

La consultora insiste en que se trata de “potencial técnico”, no de adopción efectiva. Es decir, mide qué proporción del trabajo podría ser realizada con tecnologías ya existentes, pero no cuánto será realmente automatizado, ni con qué velocidad, ni bajo qué condiciones regulatorias, laborales u organizacionales. McKinsey estima que para 2030 entre 15% y 25% de las horas laborales actuales podrían automatizarse bajo sus escenarios de adopción.

El reporte calcula que la automatización y la IA podrían desbloquear hasta 1.9 billones de dólares en valor económico para Europa hacia 2030 en un escenario medio de adopción, o alrededor de 1.1 billones de dólares en un escenario más gradual. Sin embargo, McKinsey aclara que estas cifras representan valor potencial a nivel organizacional, no necesariamente incrementos directos del PIB ni beneficios garantizados para los trabajadores.

Uno de los puntos centrales del estudio es que la mayor parte del valor provendría de agentes digitales, no de robots físicos. McKinsey estima que los agentes habilitados por IA representarían cerca de 82% del valor potencial de la automatización en Europa, frente a 18% correspondiente a robótica. Incluso en sectores físicamente intensivos como la manufactura, buena parte del impacto vendría de agentes aplicados a planeación, control de calidad, compras y coordinación de cadenas de suministro.

El informe también cuestiona una lectura simplista sobre reemplazo de habilidades. Según McKinsey, cerca de 75% de las habilidades demandadas actualmente por empleadores europeos se usan tanto en actividades automatizables como no automatizables. Esto implica que muchas habilidades no desaparecerían, sino que serían aplicadas de otra manera, en colaboración con sistemas de IA, agentes o robots.

La demanda de habilidades relacionadas con IA ya muestra un crecimiento acelerado. McKinsey señala que la demanda de “fluidez en IA” aumentó cinco veces entre el cuarto trimestre de 2023 y el cuarto trimestre de 2025, mientras que las habilidades técnicas de IA crecieron 1.7 veces en Europa. La consultora define la fluidez en IA no como saber construir modelos, sino como la capacidad de usar, gestionar, interpretar e integrar sistemas de IA en el trabajo cotidiano.

Para McKinsey, la clave no está solo en adoptar herramientas, sino en rediseñar procesos completos. El reporte señala que muchas empresas ya usan IA, pero menos de 40% reporta resultados medibles, lo que atribuye a que las organizaciones suelen aplicar IA sobre procesos heredados, en lugar de rediseñar flujos de trabajo, reducir capas de coordinación e integrar actividades fragmentadas entre personas y sistemas.

La advertencia de fondo es que el impacto de la IA sobre el empleo dependerá menos de la tecnología aislada y más de las decisiones de empresas, gobiernos y sistemas educativos. McKinsey sostiene que la transición obligará a invertir en habilidades, rediseñar roles y preparar a los trabajadores para operar junto a agentes y robots. En esa lectura, la pregunta no es únicamente cuántas tareas puede automatizar la IA, sino quién decide cómo se reorganiza el trabajo, qué valor se captura y qué lugar conservarán las personas dentro de los nuevos sistemas productivos.

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