Un Hub de ArcGIS reúne datos oficiales y ciudadanos sobre edificios afectados y recursos disponibles, mientras imágenes satelitales comienzan a revelar la extensión de la destrucción en La Guaira.
La respuesta digital al doble terremoto que golpeó a Venezuela el 24 de junio no solo se está organizando a través de redes sociales, plataformas de búsqueda de personas y conectividad satelital de emergencia. También se está construyendo sobre mapas.
En medio de una tragedia que ya dejó 1,430 personas fallecidas y 3,238 heridas, herramientas geoespaciales comenzaron a reunir reportes sobre edificios afectados, recursos disponibles, zonas dañadas y puntos de atención. Uno de esos esfuerzos es el Hub “DRP-Terremoto Venezuela”, una plataforma de ArcGIS creada para centralizar datos abiertos obtenidos de fuentes oficiales y ciudadanas durante la emergencia.
El sitio forma parte del Programa de Respuesta ante Desastres de Esri, una iniciativa que proporciona tecnología geográfica, datos, aplicaciones configurables y soporte técnico a organizaciones que responden a crisis. En el caso venezolano, el Hub funciona como un punto de acceso a mapas, capas de información y formularios para documentar daños post-terremoto.
Una de las herramientas asociadas es el formulario “Reporte de Daños Post-Terremoto”, dedicado a recopilar información sobre edificios afectados y recursos de apoyo disponibles tras los sismos. Su valor está en que permite convertir reportes dispersos en información georreferenciada: no solo saber que un edificio colapsó o que existe un centro de ayuda, sino ubicarlo en el territorio y conectarlo con otras capas de la emergencia.
Este tipo de cartografía es crucial cuando las primeras horas de una catástrofe están marcadas por información incompleta. Los mapas no sustituyen los balances oficiales ni las verificaciones de campo, pero ayudan a ordenar reportes, visualizar patrones y detectar zonas donde los daños pueden estar subregistrados.
Las imágenes satelitales también están cumpliendo un papel central. Fotografías tomadas después del terremoto han permitido identificar edificios derruidos en distintos puntos de La Guaira, una de las zonas más afectadas. De acuerdo con mapas elaborados a partir de esas imágenes, la destrucción se extiende desde Catia La Mar hasta Caraballeda, siguiendo la línea de costa y la falla de San Sebastián.
Las primeras capturas satelitales de Vantor ya habían mostrado daños visibles en puntos como Playa Puerto Viejo, Playa Grande y Maiquetía. En algunas zonas se observan bloques residenciales colapsados, edificios completos reducidos a escombros y afectaciones en infraestructura estratégica, incluido el entorno del Aeropuerto Internacional de Maiquetía.
La utilidad de estos mapas no es solamente informativa. Para equipos de rescate, autoridades locales, brigadas ciudadanas y organizaciones humanitarias, la información georreferenciada puede ayudar a priorizar inspecciones, coordinar rutas, ubicar recursos, identificar refugios y documentar zonas donde aún hace falta ayuda.
La sociedad civil venezolana también ha comenzado a construir sus propios sistemas de información. Además de plataformas para localizar personas desaparecidas, han surgido mapas colaborativos con refugios, centros de acopio, puntos de distribución de alimentos y reportes de edificios colapsados o con daños estructurales. En un escenario donde la información oficial puede llegar tarde o resultar insuficiente, estas iniciativas permiten que la emergencia se lea desde el territorio.
El Humanitarian OpenStreetMap Team también anunció que se movilizó para obtener y compartir datos necesarios con socios en campo tras los terremotos. Su participación apunta a una dimensión clave de las crisis contemporáneas: la respuesta humanitaria ya no depende únicamente de maquinaria, rescatistas y suministros, sino también de datos abiertos, imágenes satelitales y comunidades capaces de mapear daños en tiempo casi real.
Aun así, estos sistemas deben leerse con cautela. Los mapas colaborativos y formularios abiertos pueden contener duplicados, errores o reportes sin verificar. Su fuerza está en acelerar la visibilidad de los daños; su límite, en que requieren validación técnica y coordinación con actores en terreno para convertirse en decisiones operativas.
El terremoto en Venezuela expuso una paradoja: mientras la infraestructura física colapsaba en zonas enteras, una infraestructura digital distribuida comenzó a activarse. Satélites, mapas abiertos, formularios ciudadanos, plataformas de búsqueda y redes de voluntarios están formando una segunda capa de respuesta, menos visible que las brigadas sobre los escombros, pero cada vez más importante para entender dónde está el daño y dónde sigue faltando ayuda.
En una emergencia de esta magnitud, mapear no es solo representar el desastre. Es hacer visible lo que todavía no ha sido atendido.
