VenApp y la emergencia en Venezuela: cuando una app oficial no basta para organizar la búsqueda de desaparecidos

VenApp y la emergencia en Venezuela: cuando una app oficial no basta para organizar la búsqueda de desaparecidos

El gobierno venezolano pidió a la población usar VenApp, una aplicación gubernamental para reportar personas desaparecidas, daños en viviendas y afectaciones de infraestructura tras los terremotos que golpearon al país esta semana. Pero la respuesta digital a la emergencia parece estar ocurriendo en un ecosistema mucho más amplio: redes sociales, grupos de mensajería, plataformas ciudadanas, sitios colaborativos y canales comunitarios.

Hasta el cierre de esta nota, los terremotos del pasado 24 de junio, de magnitudes 7.5 y 7.2, han causado una severa devastación en Venezuela. De acuerdo con el balance oficial, suman 1,450 personas fallecidas, 3,150 heridas y más de 12,000 damnificadas. Aunque no existe una cifra oficial consolidada de desaparecidos, estimaciones extraoficiales apuntan a que el número podría acercarse a las 50,000 personas.

En este contexto, la implementación de VenApp llegó a esta crisis con una historia previa. Fue presentada oficialmente en 2022 como una “red social soberana” vinculada al sistema 1×10 del Buen Gobierno. Su sección Línea 58 permitía reportar problemas de servicios públicos mediante formularios con tipo de reporte, fecha, lugar exacto, fotografías o documentos de respaldo. De acuerdo con la presentación oficial del gobierno venezolano, esos reportes eran canalizados a una Sala Situacional.

VenApp ya había sido cuestionada por su uso político después de la elección presidencial de 2024, cuando organizaciones de derechos humanos señalaron que la aplicación fue utilizada para reportar personas que expresaban desacuerdo con el gobierno. Ese antecedente modifica la manera en que se interpreta su uso actual: para una parte de la población, reportar en VenApp puede no sentirse igual que enviar un mensaje a un familiar, a un grupo de WhatsApp, a una red vecinal o a una plataforma ciudadana.

Cazadores de Fake News también documentó que VenApp, originalmente presentada como una plataforma de gobierno electrónico, había incorporado categorías para reportar “guarimbas fascistas” y subcategorías como cierre de vías públicas, amenazas, ataques a personas, desinformación, saqueos y daños al patrimonio público. Para la organización, la app permitía centralizar información geolocalizada sobre manifestaciones y personas disidentes.

Esa arquitectura puede ser útil para una emergencia: permite centralizar información, clasificar daños y recibir reportes geolocalizados. Pero también exige a los usuarios entregar datos especialmente sensibles. En el caso de una persona desaparecida, un reporte puede incluir nombre, ubicación, imagen, teléfono, vínculo familiar, dirección, último punto de contacto, estado de vulnerabilidad y posible daño patrimonial.

La diferencia entre una app estatal y una red comunitaria no está solo en la tecnología. Está en la relación social que sostiene el dato. En WhatsApp, comunidades en Facebook, Instagram o TikTok, muchas personas ya tienen contactos, grupos familiares, vecinos, periodistas, médicos, brigadistas, migrantes y comunidades transnacionales. Esos canales no siempre son ordenados ni verificables, pero tienen una ventaja: están insertos en redes de confianza ya existentes.

VenApp, en cambio, opera como una vía vertical: el ciudadano entrega información al Estado y espera una respuesta institucional. Esa lógica puede ser eficiente cuando existe confianza en la autoridad, claridad sobre el uso de datos y capacidad de respuesta. Pero en contextos de polarización, vigilancia, crisis institucional o experiencia acumulada de abandono, la población puede desplazarse hacia redes horizontales, aunque sean más caóticas.

Las señales abiertas de descarga apuntan en esa dirección. Una revisión de los rankings públicos de Similarweb para Android en Venezuela muestra que VenApp no aparece entre las principales aplicaciones gratuitas del país al 26 de junio. En el listado general figuran aplicaciones financieras, redes sociales, mensajería, VPNs, video y entretenimiento. En la categoría de comunicación, las primeras posiciones corresponden a WhatsApp Messenger, WhatsApp Business,, Messenger y otras herramientas de llamadas o mensajería.

Aplicaciones más usadas en Venezuela segúin Similarweb.

La ausencia de VenApp en esos rankings no prueba que la app no esté siendo usada. La plataforma también funciona en versión web, puede estar instalada en teléfonos de usuarios que la descargaron antes y existen copias APK distribuidas fuera de las tiendas oficiales. Además, AppBrain registra que VenApp fue retirada de Google Play en julio de 2024, por lo que su visibilidad actual en tiendas no puede medirse como la de una aplicación disponible normalmente.

Datos de AppBrain indican que VenApp fue retirada de Google Play el 30 de julio de 2024. Antes de quedar fuera de la tienda, acumulaba 4.9 millones de descargas, 28 mil calificaciones, una versión final 4.3.75 y 44 permisos reportados por la plataforma. APKPure conserva versiones descargables de VenApp, incluida la 4.3.75, fechada el 26 de julio de 2024, bajo el desarrollador Cyber Capital Partners Corp.

Pero esa ausencia sí es relevante: muestra que, al menos en las señales abiertas de Google Play, la emergencia no produjo un repunte visible de la app móvil promovida como canal oficial.

La respuesta ciudadana parece moverse por otra vía. Plataformas como Desaparecidos Terremoto Venezuela se presentan como herramientas voluntarias para reconectar familias, identificar personas en hospitales, refugios o centros de atención, y ordenar reportes duplicados. El propio sitio advierte que se trata de una iniciativa ciudadana, no partidista, que no solicita dinero ni sustituye a los organismos de rescate.

Ese tipo de iniciativas no necesariamente compite con el Estado. En una emergencia de gran escala, puede complementar vacíos de información, acelerar la circulación de datos y ayudar a familias que no logran comunicarse por los canales formales. Pero también revela una fractura: cuando la infraestructura oficial no basta o no genera suficiente confianza, la sociedad produce sus propias redes de búsqueda.

Venezuela no enfrenta solo una crisis sísmica. También enfrenta una crisis de comunicación, coordinación y confianza. Los terremotos dañaron edificios, servicios y rutas de auxilio, pero también pusieron a prueba la relación entre ciudadanía, Estado e infraestructura digital.

Por eso, la pregunta no es únicamente cuántas personas descargaron VenApp después del sismo. La pregunta más importante es por qué, en medio de una emergencia, muchas personas parecen recurrir primero a redes familiares, mensajería, plataformas comunitarias y canales informales para buscar a sus desaparecidos.

VenApp puede concentrar reportes. Las plataformas ciudadanas pueden movilizar redes. WhatsApp y Telegram pueden sostener cadenas familiares y vecinales. X puede amplificar llamados de búsqueda. Ninguna de esas vías es perfecta. Todas pueden producir errores, duplicados, rumores o vacíos. Pero juntas muestran algo fundamental: en una catástrofe, la información no circula únicamente por donde el Estado indica, sino por donde la sociedad todavía puede sostener confianza.

La emergencia volvió a colocar a VenApp en el centro de la conversación digital venezolana. Sin embargo, su historia previa, su salida de las tiendas oficiales y su baja visibilidad en rankings abiertos de descarga sugieren que el desafío no es solo tecnológico. Es institucional.

Una app puede estar habilitada. Puede tener formularios, geolocalización, servidores y una Sala Situacional. Pero si la población duda de quién recibirá sus datos, cómo serán usados y si habrá respuesta efectiva, la infraestructura oficial puede quedar rodeada por una red más amplia de soluciones ciudadanas.

En el fondo, la búsqueda de desaparecidos tras los terremotos en Venezuela muestra una disputa silenciosa por la confianza: entre el dato centralizado y el dato comunitario; entre el canal oficial y la red familiar; entre la promesa de eficiencia estatal y la necesidad urgente de encontrarse unos a otros.