Investigadore descifran el nombre de Sak Tahn Waax, el matemático maya ligado a una fórmula astronómica

Investigadore descifran el nombre de Sak Tahn Waax, el matemático maya ligado a una fórmula astronómica

Una inscripción realizada hace más de 1,200 años en Xultún, Guatemala, atribuye un complejo cálculo sobre los ciclos de Venus, Marte y los calendarios mayas a un individuo cuyo nombre significa “Zorro de pecho blanco”.

Durante siglos, los nombres conservados en las inscripciones mayas pertenecieron principalmente a gobernantes, integrantes de linajes, personajes religiosos y altos funcionarios. Ahora, el desciframiento de un pequeño texto pintado sobre una pared permite agregar a esa historia el nombre de alguien dedicado a observar el cielo y trabajar con números: Sak Tahn Waax.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Texas en Austin y Skidmore College identificaron el nombre al final de una fórmula astronómica localizada en el sitio arqueológico de Xultún, en el noreste de Guatemala. El estudio fue publicado el 14 de julio en la revista Antiquity.

El nombre, traducido por los autores como “Zorro de pecho blanco”, aparece después de una expresión que puede interpretarse como “así dice”. Para los investigadores, esa construcción funciona como una atribución personal de los cálculos que la preceden.

Hasta ahora, se trata del único ejemplo conocido del periodo Clásico maya en el que una persona dedicada a las matemáticas y la astronomía aparece identificada por su nombre y vinculada directamente con su trabajo intelectual.

Un hallazgo escondido desde 2010

La inscripción no fue descubierta recientemente. En 2010, arqueólogos que excavaban la estructura 10K-2 de Xultún encontraron una pequeña habitación con murales, retratos, jeroglíficos y decenas de anotaciones matemáticas y calendáricas.

En sus cuatro paredes aparecen hombres sentados y arrodillados, representados con distintas edades y rangos. Cerca de ellos fueron pintados textos pequeños, cálculos numéricos y tablas relacionadas con los movimientos de cuerpos celestes.

Los investigadores han identificado alrededor de 52 textos distintos dentro de la habitación. Algunos fueron escritos directamente sobre los murales y otros sobre capas de estuco aplicadas repetidamente, una señal de que las paredes fueron utilizadas como una superficie de trabajo durante un periodo prolongado.

El espacio podría haber funcionado como una combinación de aula, taller y centro de producción de códices. En el lugar también fueron encontrados instrumentos relacionados con la fabricación de papel de corteza, mientras que la presencia de escribas con diferentes rangos sugiere que existían procesos de enseñanza y formación entre especialistas.

Más que una sala destinada a exhibir resultados terminados, la habitación conserva algo parecido a los borradores de quienes calculaban, corregían y combinaban ciclos temporales hace más de 12 siglos.

Uno de esos registros, designado por los investigadores como Texto 19, estaba muy deteriorado. El análisis de los signos visibles, fotografías multiespectrales y comparaciones con otros jeroglíficos permitió reconstruir gradualmente su contenido y reconocer los dos glifos finales como una atribución personal.

Una fórmula de 2,920 días

El Texto 19 organiza cinco fechas separadas por intervalos de 20, 260, 1,560 y 1,080 días. En conjunto, los cálculos forman un gran ciclo de 2,920 días, equivalente a ocho años solares de 365 días y a cinco periodos sinódicos de Venus de 584 días.

La fórmula también incorpora dos periodos aproximados de Marte, el calendario ritual Tzolk’in de 260 días y diferentes unidades del calendario solar Haab. En apenas nueve jeroglíficos, Sak Tahn Waax —o el escriba que transmitió su trabajo— reunió seis ciclos temporales y mostró cómo podían encajar dentro de una misma cuenta.

Los intervalos aparecen además en una progresión de uno, uno, dos, tres y cinco: una secuencia que actualmente sería reconocida como parte del patrón de Fibonacci. Los autores, sin embargo, advierten que no es posible saber si los especialistas mayas identificaban esa relación como un concepto matemático independiente o si surgió de la manera en que organizaron los ciclos calendáricos.

El cálculo probablemente fue realizado cerca del año 781. La reconstrucción de la primera fecha corresponde al 7 de noviembre de 781 en el calendario juliano, equivalente al 11 de noviembre en el calendario gregoriano.

La fórmula no buscaba únicamente registrar dónde se encontraban Venus o Marte en un momento determinado. Su estructura relacionaba ciclos planetarios y calendarios humanos dentro de grandes periodos de tiempo, una actividad fundamental para la organización política, ritual y religiosa de las sociedades mayas.

“Así dice Sak Tahn Waax”

La parte más extraordinaria aparece al final del cálculo. Los últimos glifos incluyen la expresión cheheen, traducida por los especialistas como “así dice”, seguida del nombre Sak Tahn Waax.

Los investigadores interpretan la frase como una atribución del trabajo. No obstante, todavía existen dos posibilidades: Sak Tahn Waax pudo calcular y pintar personalmente la fórmula o el escriba pudo consignar su nombre para reconocer a otro especialista del que provenía el conocimiento.

En ambos casos, la inscripción vincula explícitamente una obra matemática y astronómica con un individuo histórico, algo que no había sido documentado en otros textos mayas del periodo Clásico.

Los términos “matemático”, “astrónomo” o “científico” son categorías modernas y no necesariamente corresponden a los títulos utilizados por los propios mayas. Los autores emplean la expresión matemático-astrónomo para describir el tipo de conocimiento reunido en el texto: observación celeste, manejo de calendarios y construcción de relaciones numéricas entre diferentes ciclos.

Por esta razón, afirmar que Sak Tahn Waax fue “el primer científico de América” resultaría excesivo. Existieron tradiciones científicas indígenas mucho antes de su nacimiento y seguramente hubo innumerables especialistas cuyos nombres no sobrevivieron.

La relevancia del hallazgo es más precisa: Sak Tahn Waax es el único matemático-astrónomo maya del periodo Clásico conocido hasta ahora cuyo nombre aparece directamente atribuido a una fórmula.

La persona detrás de los números

Las inscripciones mayas muestran que, durante el siglo VIII, artistas y escribas comenzaron a firmar con mayor frecuencia algunas de sus obras. Sin embargo, esa práctica no había sido observada en los cálculos matemáticos o astronómicos conservados.

Los investigadores incluso consideran que la forma poco común y aparentemente creativa de organizar los ciclos en el Texto 19 pudo ser la razón por la que alguien decidió agregar el nombre de su autor. La fórmula habría representado una propuesta particular dentro de una tradición compartida de observación y cómputo del tiempo.

Dieciséis años después del descubrimiento de la habitación, las paredes de Xultún permiten reconocer no solamente la sofisticación de la ciencia maya, sino también a una de las personas que participó en su construcción.

En algún momento cercano al año 781, Sak Tahn Waax observó el cielo, relacionó los movimientos de Venus y Marte con distintos calendarios y dejó su nombre junto a los números. Más de 1,200 años después, “Zorro de pecho blanco” vuelve a ocupar un lugar en la historia de las matemáticas.