Los bancos centrales preparan nuevas reglas para una era en la que la IA moverá dinero

Los bancos centrales preparan nuevas reglas para una era en la que la IA moverá dinero

Bancos centrales y reguladores de las principales economías comienzan a revisar cómo integrar la IA al sistema financiero sin aumentar riesgos sistémicos. La preocupación ya no es solo su uso en bancos, sino su entrada a funciones críticas como pagos, crédito, mercados, ciberseguridad y decisiones automatizadas.

Bancos centrales y entidades financieras de los países en desarrollo analizan el impacto de la inteligencia artificial en la operación del sistema financiero: pagos, crédito, mercados, ciberseguridad, supervisión y gestión de riesgos. La discusión sobre este tema tomó fuerza esta semana en el Foro del Banco Central Europeo en Sintra, Portugal, donde la IA se convirtió en uno de los temas centrales entre banqueros centrales, economistas y autoridades financieras. De acuerdo con Reuters, el debate atravesó prácticamente todas las conversaciones del encuentro, desde estabilidad financiera y mercado laboral hasta crédito, seguridad y demanda energética.

La preocupación de fondo es que la IA puede alterar la economía global en múltiples escenarios: si cumple demasiado rápido sus promesas, puede reconfigurar mercados completos; si no las cumple, también puede desatar ajustes financieros en sectores donde ya se han acumulado grandes expectativas e inversiones.

El Banco de Inglaterra fue uno de los organismos que planteó el problema con mayor claridad y advirtió que los marcos regulatorios actuales no fueron diseñados para agentes de IA autónomos (en pagos, trading, ciberseguridad y operaciones). Podrían necesitar nuevas reglas o actualizaciones porque los agentes podrían amplificar volatilidad o causar problemas sistémicos. El banco está evaluando brechas regulatorias.

Sarah Breeden, vicegobernadora de estabilidad financiera, advirtió que la IA está remodelando las finanzas a gran velocidad y que los bancos centrales deben adaptarse para evitar que la próxima sorpresa tecnológica se convierta en una prueba de estabilidad financiera. Su advertencia se centró en la IA agentiva, es decir, sistemas capaces de encadenar acciones de manera autónoma, usar herramientas digitales y ejecutar tareas con menor intervención humana.

Durante años, la IA en bancos y firmas financieras se usó principalmente para análisis de riesgo, detección de fraude, atención automatizada o apoyo a decisiones internas. Pero la siguiente etapa podría ser más profunda: agentes de IA que realicen transacciones en nombre de consumidores y comercios, diseñen y ejecuten estrategias de trading, identifiquen vulnerabilidades cibernéticas o participen en sistemas de pago. Para Breeden, el sistema financiero podría evolucionar rápidamente hacia una operación más autónoma, a mayor escala y velocidad.

Ese escenario obliga a revisar reglas que fueron diseñadas para otra época. La regulación financiera actual parte, en buena medida, de la idea de que existe una cadena humana de responsabilidad: directivos, operadores, auditores, supervisores y autoridades capaces de intervenir cuando algo sale mal. Pero si los agentes de IA ejecutan decisiones a velocidad de máquina, interactúan entre sí y modifican su comportamiento según el entorno, la supervisión tradicional puede quedarse corta.

La pregunta ya no es solo si los bancos pueden usar IA, sino bajo qué condiciones podrá operar dentro de funciones críticas del sistema financiero. En mercados, el riesgo es que agentes autónomos amplifiquen comportamientos de manada, ejecuten estrategias similares o reaccionen al mismo tiempo ante señales compartidas. En pagos, el problema es quién autoriza una operación cuando un agente actúa en nombre de una persona o empresa. En ciberseguridad, el dilema es doble: la IA puede ayudar a detectar vulnerabilidades, pero también puede acelerar ataques más complejos.

La FED advierte sobre la IA

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) también ha empezado a colocar esta discusión dentro de la supervisión bancaria. Michelle Bowman, vicepresidenta de supervisión de la Fed, señaló en mayo que las instituciones financieras ya desarrollan aplicaciones propias e implementan herramientas asistidas por proveedores. También sostuvo que la IA será un “multiplicador de fuerza” para el sistema financiero, pero que su rápida evolución obliga a revisar si las guías supervisoras actuales son adecuadas para el futuro.

Bowman puso atención en varios puntos sensibles: riesgos de terceros cuando los bancos dependen de proveedores tecnológicos, administración de modelos, herramientas usadas en decisiones que afectan directamente a consumidores y aplicaciones vinculadas con ciberseguridad. La Fed, junto con la OCC y la FDIC, también modificó recientemente su guía de administración de riesgo de modelos para aclarar que no aplica de la misma forma a IA generativa o agentiva, una señal de que los supervisores estadounidenses reconocen que estas tecnologías requieren un enfoque distinto.

FSB propone prácticas de gobernanza

El tema también escaló al nivel de coordinación internacional. El Financial Stability Board, organismo que reúne a autoridades financieras, bancos centrales y reguladores de las principales economías, publicó el 10 de junio una consulta sobre prácticas para la adopción responsable de IA en instituciones financieras. El documento propone 12 prácticas enfocadas en gobernanza, gestión del ciclo de vida de la IA, supervisión directiva, riesgos tecnológicos, ciberseguridad y dependencia de proveedores.

La consulta del FSB menciona explícitamente nuevas formas complejas de IA, incluidas la IA generativa y la IA agentiva. Su diagnóstico es que las instituciones financieras ya están usando IA para transformar operaciones y servicios, pero que su adopción rápida también puede amplificar riesgos existentes o introducir vulnerabilidades nuevas. A nivel de sistema, sostiene el organismo, una adopción responsable puede reducir riesgos para la estabilidad financiera.

A la preocupación regulatoria se suma otra: el posible impacto macroeconómico del boom de inversión en IA. El Banco de Pagos Internacionales, conocido como BIS y considerado el banco de los bancos centrales, advirtió en su Reporte Económico Anual 2026 que la inversión y el entusiasmo asociados con la IA ayudaron a sostener la actividad económica y condiciones financieras favorables. Pero también alertó sobre la incertidumbre alrededor de la sostenibilidad de ese auge, los cuellos de botella de oferta y la posibilidad de dinámicas de sobreinversión similares a ciclos anteriores de auge y caída.

Reuters reportó que el BIS también ve riesgos en el financiamiento del boom de IA, cada vez más apoyado en deuda y estructuras complejas dentro de la cadena de suministro. Para los bancos centrales, esto abre una pregunta incómoda: si la infraestructura de IA se vuelve una pieza central de la economía, una corrección abrupta en ese sector podría transmitirse a mercados, crédito, inversión y estabilidad financiera.

UE reconoce dependencia tecnológica

La Unión Europea observa el fenómeno desde una doble perspectiva. Por un lado, el Banco Central Europeo ha señalado que la IA podría elevar la productividad de la zona euro durante la próxima década si su adopción se expande ampliamente. Por otro, también reconoce que Europa parte de una posición de dependencia tecnológica frente a otros centros de innovación, en especial Estados Unidos, y que la inversión en centros de datos, semiconductores y energía será determinante para que la región capture los beneficios de la nueva tecnología.

En conjunto, estas señales muestran que las principales economías ya están entrando en una fase de preparación regulatoria. La IA dejó de ser tratada únicamente como una herramienta de eficiencia para bancos y aseguradoras. Ahora empieza a ser vista como una infraestructura financiera emergente: una capa tecnológica que podría participar en decisiones de crédito, mover dinero, ejecutar operaciones, detectar riesgos, producir nuevos riesgos y alterar la velocidad con la que se propagan las crisis.

El punto central no es que la IA vaya a causar inevitablemente una crisis financiera. La advertencia es más precisa: si agentes autónomos empiezan a operar dentro de mercados y sistemas de pago sin reglas adecuadas, sin mecanismos de control y sin claridad sobre responsabilidades, los reguladores podrían encontrarse supervisando un sistema que ya no funciona a ritmo humano.

Por eso, la discusión entre bancos centrales no gira únicamente en torno a innovación. Gira alrededor de control. ¿Quién responde si un agente de IA ejecuta una operación dañina? ¿Qué ocurre si varios modelos toman decisiones similares al mismo tiempo? ¿Cómo se audita un sistema que razona, actúa y se adapta? ¿Qué tipo de interruptores de emergencia se necesitan para detener operaciones automatizadas antes de que escalen?

La IA está entrando al sistema financiero en el mismo momento en que las economías enfrentan deuda elevada, tensiones geopolíticas, fragilidad en mercados y una fuerte concentración tecnológica. Para los bancos centrales, el desafío será permitir innovación sin convertir la autonomía de las máquinas en una nueva fuente de riesgo sistémico.