Policía usa IA para escanear más de 130 mil rostros y arresta a 19 personas en Australia

Policía usa IA para escanear más de 130 mil rostros y arresta a 19 personas en Australia

Un ensayo de reconocimiento facial en vivo desplegado en espacios públicos de Australia Occidental produjo 33 alertas durante su primera semana. Dos coincidencias resultaron incorrectas. La policía promete eliminar inmediatamente los datos de quienes no aparecen en sus listas, pero especialistas advierten que cada transeúnte debe ser procesado biométricamente antes de ser descartado.

La Policía de Australia Occidental utilizó un sistema de reconocimiento facial en vivo asistido por inteligencia artificial para escanear más de 130 mil rostros durante la primera semana de un ensayo desplegado en estaciones de transporte, centros comerciales y otros espacios públicos concurridos.

El sistema generó 33 alertas y contribuyó al arresto de 19 personas. También permitió realizar dos verificaciones de bienestar e identificar a 21 delincuentes sexuales registrados, quienes fueron abordados por agentes. Sin embargo, la policía reconoció que dos de las coincidencias generadas por el algoritmo eran incorrectas y tuvieron que ser descartadas mediante revisión humana.

La prueba utiliza una camioneta policial señalizada y equipada con cámaras capaces de detectar cientos de rostros por minuto. Cuando alguien entra en su campo de visión, el sistema localiza su cara, genera una plantilla biométrica y la compara en tiempo real con una lista predeterminada de personas buscadas por las autoridades.

La lista puede incluir personas con órdenes de arresto pendientes, sospechosos de delitos graves, personas desaparecidas, individuos sujetos a restricciones legales y personas consideradas en riesgo de hacerse daño o de dañar a otras.

La tecnología no necesita encontrar primero a una persona sospechosa para comenzar a funcionar: analiza a todas las personas que pasan frente a la cámara y descarta después a quienes no coinciden con la base policial.

Una detención durante la presentación pública

El alcance del sistema quedó expuesto durante una conferencia de prensa en la estación de autobuses de Mirrabooka, en Perth. Mientras el comisionado de policía Col Blanch presentaba la tecnología ante medios de comunicación, las cámaras instaladas en una camioneta cercana detectaron a una mujer buscada por no presentarse ante un tribunal.

Los agentes revisaron la alerta y la detuvieron en medio del acto. Blanch aseguró que la intervención no había sido planeada y la presentó como demostración de la capacidad operativa del sistema.

La escena resumió el argumento del gobierno: una tecnología que puede buscar simultáneamente entre miles de personas permite localizar a individuos requeridos sin que los agentes tengan que reconocerlos personalmente entre la multitud.

Pero también mostró el dilema. Para encontrar a una persona, la policía tuvo que transformar primero los rostros de todos los presentes en datos biométricos comparables.

La policía promete borrar los datos

La Policía de Australia Occidental sostiene que la prueba no constituye vigilancia masiva porque las cámaras están instaladas en un vehículo marcado, existen avisos visibles y las operaciones son públicas, limitadas en el tiempo y desplegadas en ubicaciones seleccionadas mediante información de inteligencia.

Cuando un rostro no produce una alerta, la imagen se pixela en la pantalla del operador y los datos biométricos derivados se eliminan de forma automática e inmediata, según la corporación. La policía afirma que no almacena la información de quienes no coinciden con la lista ni la comparte con terceros. Los datos relacionados con alertas sí pueden conservarse cuando sean necesarios para investigar un delito o una queja.

Cada despliegue debe ser autorizado por un oficial con rango de superintendente o superior. La autoridad debe evaluar si la operación es necesaria y proporcional, justificar la ubicación elegida, definir qué categorías integrarán la lista y considerar las salvaguardas aplicables.

La policía también insiste en que una coincidencia algorítmica no basta para detener, interrogar o ejercer facultades contra una persona. Todas las alertas deben ser revisadas por agentes, quienes evalúan el parecido, la puntuación generada por el sistema, las condiciones ambientales y otras circunstancias antes de confirmar la identidad.

Las dos falsas alertas reconocidas durante la primera semana fueron detectadas antes de convertirse por sí mismas en arrestos. El episodio muestra la función de la revisión humana, pero también confirma que el sistema puede señalar como sospechosa a una persona que no está en la lista.

Procesar también es recopilar

Especialistas y autoridades de privacidad cuestionan la afirmación de que no existe vigilancia masiva cuando los datos de los transeúntes se conservan solo durante unos instantes.

La Oficina del Comisionado de Información de Australia Occidental ha señalado que procesar información durante un periodo breve continúa siendo una forma de recopilación y genera obligaciones legales. Expertos consultados por The Guardian también rechazaron la comparación de la policía entre el reconocimiento facial y una cámara convencional de circuito cerrado.

Una cámara de seguridad ordinaria puede grabar imágenes para revisarlas posteriormente. El reconocimiento facial en vivo, en cambio, intenta identificar personas: extrae patrones biométricos de cada rostro y los compara inmediatamente con una base de datos.

Por eso, la discusión no depende únicamente de si la policía conserva las imágenes. También importa que el sistema observe, convierta y evalúe biométricamente a personas que no son sospechosas, aunque sus datos sean descartados segundos después.

La precisión cambia fuera del laboratorio

La policía afirma que el algoritmo fue evaluado por el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido y por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos. También utiliza un umbral de similitud conservador, operadores capacitados, revisión humana y monitoreo continuo para reducir las falsas alertas.

Sin embargo, las tasas obtenidas en condiciones controladas no necesariamente se mantienen en calles, estaciones o centros comerciales. La iluminación, el ángulo de las cámaras, el movimiento, la densidad de las multitudes, el clima y la calidad de las imágenes pueden reducir la precisión.

Especialistas también advierten que los sistemas de reconocimiento facial han presentado históricamente diferencias de desempeño según edad, género y color de piel. Si una base policial contiene una representación desproporcionada de determinados grupos, estos podrían quedar expuestos con mayor frecuencia tanto a coincidencias correctas como a errores.

La intervención humana tampoco es una solución automática. Un agente puede confirmar que dos imágenes se parecen, pero también puede verse influido por la aparente objetividad de una alerta tecnológica. El control reduce el riesgo de una detención puramente algorítmica, aunque no elimina la posibilidad de que personas inocentes sean detenidas momentáneamente, identificadas o interrogadas.

La prueba también mide la confianza pública

El ensayo tendrá una duración prevista de cinco meses y utiliza, por ahora, una camioneta móvil. La policía ha dicho que publicará los resultados de cada despliegue y evaluará el sistema antes de decidir su futuro. Otras corporaciones policiales australianas observan la prueba ante la posibilidad de adoptar tecnologías semejantes.

Australia Occidental estrenó además nuevas disposiciones de privacidad el 1 de julio de 2026. La Ley de Privacidad e Intercambio Responsable de Información regula el tratamiento de datos personales por entidades públicas e introduce obligaciones para ciertos procesos automatizados que influyen en decisiones significativas sobre las personas.

La normativa exige considerar riesgos de daño, discriminación y sesgo, así como mecanismos para solicitar intervención humana. La Oficina del Comisionado de Información puede recibir quejas sobre hechos ocurridos desde el 1 de julio y tiene facultades para investigar, ordenar medidas y, en algunos casos, determinar compensaciones.

El conflicto, por tanto, no consiste únicamente en saber si el reconocimiento facial encuentra personas buscadas. También obliga a decidir qué proporción resulta aceptable: más de 130 mil rostros procesados, 33 alertas, 19 arrestos y dos coincidencias incorrectas durante la primera semana.

La policía presenta el sistema como una herramienta focalizada que puede aumentar la seguridad sin conservar datos de la mayoría. Sus críticos responden que la vigilancia no deja de ser masiva porque sea momentánea: para comprobar que una persona no está en la lista, el Estado primero debe analizarla como si pudiera estarlo.

En última instancia, el despliegue exige algo que ningún algoritmo puede producir por sí mismo: confianza en que las autoridades mantendrán las listas bajo control, borrarán los datos prometidos, reconocerán los errores, evitarán ampliar silenciosamente los usos de la tecnología y permitirán una supervisión independiente.

Con informacion de The Guardian