El W3C discute formatos para que las máquinas consuman páginas sin procesar todo su HTML, herramientas para que los sitios expongan funciones directamente a agentes y protocolos para que éstos puedan identificarse y colaborar. En paralelo, un borrador presentado ante el IETF propone una “Web of Agents”. Internet comienza a adquirir una segunda arquitectura, pensada menos para ser visitada y más para ser utilizada por máquinas.
Durante más de tres décadas, gran parte de la Web fue construida suponiendo que al otro lado de una página habría una persona. HTML organizaba documentos para navegadores, los enlaces permitían desplazarse entre ellos y los sitios incorporaron después menús, formularios, botones, buscadores y aplicaciones cada vez más complejas. Los robots también recorrieron esa estructura desde muy temprano, particularmente los crawlers de los buscadores, pero su función consistía principalmente en construir índices para que finalmente un ser humano llegara a alguna página.
Esa arquitectura comienza a cambiar. La expansión de los agentes de inteligencia artificial está planteando una pregunta diferente: si quien necesita utilizar un sitio es una máquina, ¿por qué obligarla a recorrer una interfaz diseñada para ojos, manos y ratones humanos?
La respuesta empieza a aparecer en diferentes proyectos técnicos. Durante 2025 y 2026 surgieron dentro del World Wide Web Consortium (W3C) grupos dedicados a la denominada Agentic Web, mientras se desarrollan propuestas para representar páginas en formatos optimizados para modelos, permitir que los sitios expongan directamente sus funciones a agentes y establecer mecanismos mediante los cuales éstos puedan descubrirse, identificarse y colaborar. En agosto de 2026 apareció además un nuevo borrador técnico titulado The Web of Agents, que propone utilizar JSON para describir qué puede hacer un agente y cómo invocarlo.
No se trata todavía de una sustitución de la Web actual ni de un conjunto terminado de estándares. Varios de estos trabajos pertenecen a Community Groups del W3C, espacios de incubación cuyas propuestas no constituyen automáticamente recomendaciones oficiales del organismo, mientras que The Web of Agents es actualmente un Internet-Draft independiente con estatus experimental y no un estándar del IETF. Sin embargo, observados en conjunto muestran algo más significativo: la infraestructura de Internet comienza a prepararse para usuarios que no necesariamente son humanos.
Del HTML al JSON para agentes
Una de las señales más claras apareció el 24 de marzo de 2026, cuando se creó dentro del W3C el Web Content Browser for AI Agents Community Group. Su punto de partida es sencillo: los agentes necesitan leer e interactuar con páginas, pero proporcionar a un modelo el HTML completo o una representación del DOM resulta costoso y puede perder parte del significado necesario para ejecutar correctamente una tarea.
El grupo trabaja por ello en un formato basado en JSON que represente el contenido de una página específicamente para agentes y modelos de lenguaje. Entre sus objetivos está reducir el número de tokens necesarios para procesarla sin perder información semántica ni interactividad.
El cambio parece pequeño, pero modifica una premisa central de la Web. Actualmente, un sistema de IA que necesita conocer un precio, localizar un formulario o identificar los elementos de una página puede recibir una enorme estructura construida originalmente para que un navegador la renderice. Después debe deducir qué parte corresponde al contenido, qué es navegación, qué elemento funciona como botón y qué información necesita realmente.
Una representación específica para máquinas podría ofrecerle directamente esa estructura. Para una persona, un sitio continuaría mostrando fotografías, tipografías, publicidad, menús y botones. Para un agente, el mismo servicio podría convertirse en algo mucho más parecido a un conjunto de entidades, atributos, acciones y relaciones expresados de forma estructurada. No significaría necesariamente que desaparezca HTML. Significaría que la página para humanos dejaría de ser la única representación importante de un sitio.
El agente ya no tendría que encontrar el botón
Otra pieza del cambio es WebMCP, trabajo desarrollado en el entorno del W3C Web Machine Learning Community Group. Su objetivo es permitir que una aplicación Web exponga parte de su funcionalidad como herramientas que un agente pueda descubrir y utilizar directamente. El propio W3C describió en 2025 la propuesta como una manera de hacer accesible la funcionalidad JavaScript de un sitio a los agentes sin depender de mecanismos frágiles como interpretar el DOM o comprender una captura de pantalla.
La diferencia es fundamental. Un agente actual que quiere realizar una acción puede tener que abrir una página, identificar visualmente un campo, introducir datos, localizar un botón y simular un clic. WebMCP explora otra posibilidad: que el propio sitio anuncie explícitamente las herramientas disponibles.
Una tienda podría ofrecer operaciones equivalentes a buscar un producto, consultar existencias o añadir un artículo al carrito. Una aplicación bancaria podría exponer determinadas consultas autorizadas y una aerolínea podría ofrecer funciones relacionadas con vuelos y reservaciones. El agente no tendría que aprender dónde está cada botón porque la aplicación le comunicaría directamente qué acciones sabe realizar.
En junio de 2026 el trabajo de WebMCP ya había entrado en una fase de revisión que incluía cuestiones de arquitectura, privacidad y seguridad dentro del ecosistema del W3C. Estas cuestiones son particularmente importantes porque un agente no sólo puede leer información: puede actuar utilizando las credenciales y permisos de una persona.
El problema de seguridad aparece precisamente porque la Web tradicional fue diseñada principalmente alrededor de una relación entre el usuario y el servicio. La llegada de agentes introduce un tercer actor que puede operar en representación del usuario, lo que obliga a resolver quién es, qué permisos recibió y cómo puede auditarse lo que hizo. Estas preguntas ya forman parte de las discusiones técnicas alrededor de WebMCP.
Una Web donde los agentes encuentren otros agentes
La siguiente capa va todavía más lejos. El AI Agent Protocol Community Group del W3C fue creado para explorar protocolos abiertos que permitan que los agentes se descubran, se identifiquen y colaboren a través de la Web. Entre sus áreas de trabajo se encuentran mecanismos para intercambiar información sobre capacidades e intención, negociar roles y establecer interacciones entre agentes pertenecientes a diferentes dominios.
En otras palabras, la Web no serviría únicamente como una colección de recursos que los agentes consultan. También podría convertirse en el espacio donde los propios agentes aparecen como entidades conectadas.
Una propuesta aún experimental presentada ante el IETF lleva esa idea directamente en el nombre. The Web of Agents (WoA), cuya versión más reciente fue publicada el 9 de agosto de 2026, describe un mecanismo mínimo basado en JSON mediante el cual un servidor HTTP podría anunciar la existencia de agentes y explicar sus entradas y salidas mediante JSON Schema. Un cliente podría conocer así qué capacidades ofrece determinado agente y cómo invocarlo de una manera uniforme.
La propuesta no constituye un estándar del IETF y su propio documento la presenta como experimental. Su importancia, por ahora, es conceptual: demuestra que ya existe trabajo técnico dirigido a transformar a los agentes en componentes descubribles dentro de la propia arquitectura Web.
La estructura resultante empieza a parecer bastante distinta de Internet tal como lo experimenta una persona.

Internet como un enorme backend
La consecuencia podría ser una separación creciente entre la parte de Internet que ven las personas y la que utilizan las máquinas. Un periódico seguiría necesitando portada, fotografías y diseño editorial para sus lectores. Una tienda necesitaría enseñar productos. Un museo continuaría construyendo una experiencia visual y una comunidad podría querer deliberar dentro de un foro. La dimensión humana de la Web difícilmente desaparecerá.
Sin embargo, una parte considerable de las tareas informativas y transaccionales podría moverse por debajo de esa interfaz. Consultar horarios, comparar precios, encontrar documentos, buscar noticias, comprobar existencias, reservar servicios o realizar determinadas gestiones no requieren necesariamente que una persona contemple cada página intermedia.
En ese sentido, la metáfora de un “inmenso backend” resulta útil. No sería un único backend centralizado, sino una red gigantesca de bases de datos, sitios, servicios, APIs, herramientas y agentes que intercambian información mientras el usuario observa únicamente la última interfaz: su asistente.
El fenómeno ya tiene una dimensión medible. Cloudflare informó en julio de 2026 que más de 50% del tráfico que observa en Internet es no humano, aunque esta categoría incluye muchos tipos de automatización además de inteligencia artificial. HUMAN Security, por su parte, calculó que el tráfico generado específicamente por agentes y navegadores agénticos aumentó 7,851% durante 2025, aunque todavía partía de una base relativamente pequeña.
La importancia de esos números no está simplemente en que haya “más bots”. Es que el tipo de automatización está cambiando. Un crawler tradicional recorría páginas fundamentalmente para indexarlas. Los agentes empiezan a recorrerlas porque necesitan hacer algo.
Cloudflare resumió recientemente el problema desde otra perspectiva: miles de millones de solicitudes automatizadas siguen descargando páginas diseñadas para humanos, incluso cuando nada cambió en ellas. Para la empresa, es una señal de una Web construida para un tipo de visitante que empieza a recibir otro completamente diferente.
El W3C ya discute una “Web agéntica”
La transformación ha llegado incluso al debate sobre el futuro de la Web abierta. En una reunión del W3C celebrada en abril de 2026 para discutir estrategias de preservación de la Open Web, participantes plantearon explícitamente que Internet está entrando en una nueva etapa caracterizada por la Agentic Web y que el reto consiste en impedir que esa infraestructura termine confinada dentro de ecosistemas propietarios.
La preocupación es importante porque los agentes podrían reproducir, a una escala todavía mayor, el proceso de concentración que ocurrió anteriormente con los buscadores y las plataformas. Si unas pocas compañías controlan los principales agentes utilizados para acceder a Internet, sus sistemas podrían convertirse en intermediarios entre prácticamente cualquier fuente y sus usuarios.
Ya no sería suficiente preguntarse quién aparece primero en Google. Habría que preguntarse qué fuentes considera confiables un agente, qué servicios sabe descubrir, qué protocolos acepta, qué información excluye y bajo qué criterios decide utilizar una fuente en lugar de otra.
El W3C ha comenzado incluso a discutir las implicaciones comerciales. Junto con GS1 realizará los días 8 y 9 de septiembre de 2026 en Zúrich un taller denominado E-Commerce for Humans and AI Agents, dedicado a cuestiones como descubrimiento de productos, identidad, confianza, pagos y la manera en que la información comercial debería ponerse a disposición tanto de personas como de agentes. La señal es difícil de ignorar: ya no se está pensando únicamente en bots que leen páginas, sino en agentes que participan en la economía Web.
Una segunda Web debajo de la primera
Durante años se habló de Web 1.0, Web 2.0, Web3 e incluso Web5 para describir diferentes visiones sobre la evolución de Internet. La transformación actual podría resultar menos espectacular en el nombre, pero mucho más profunda en su arquitectura. No necesita sustituir la Web existente. Puede crecer debajo de ella.
La primera capa continuará siendo familiar: páginas, imágenes, videos, enlaces, botones y aplicaciones construidas para personas. La segunda podría estar formada por representaciones estructuradas, herramientas, protocolos de identidad, interfaces de programación y agentes capaces de descubrir y utilizar otros servicios.
Los humanos seguiríamos viendo Internet. Las máquinas empezarían a operarlo. Eso también modifica la importancia del frontend. Durante décadas, prácticamente todo servicio digital necesitó competir por una interfaz cada vez más atractiva y sencilla porque una persona debía aprender a utilizarla. Cuando el cliente es un agente, la prioridad cambia: importa que los datos estén correctamente estructurados, que las capacidades puedan descubrirse, que los permisos sean verificables y que las acciones puedan ejecutarse de manera segura.
La pregunta para un sitio dejaría entonces de ser únicamente “¿cómo consigo visitantes?” y empezaría a incluir otra: “¿cómo consigo que los agentes puedan encontrarme, entenderme y utilizarme?”
Todavía es demasiado pronto para saber qué protocolos prevalecerán. WebMCP puede cambiar, los grupos comunitarios del W3C pueden producir especificaciones diferentes y The Web of Agents puede no convertirse jamás en un estándar. Precisamente por eso resulta significativo que aparezcan simultáneamente tantos esfuerzos tratando de resolver el mismo problema.
La Web fue construida para documentos enlazados y después adaptada para aplicaciones, plataformas y teléfonos móviles. Ahora empieza una nueva adaptación. Esta vez, el nuevo usuario no necesariamente tiene pantalla, ojos ni manos. Y si esa transición continúa, Internet podría terminar adquiriendo dos superficies diferentes: una Web visible que visitamos las personas y otra, mucho más estructurada, que recorren y operan las máquinas en nuestro nombre.
