La Ley de Inteligencia Artificial clasifica los sistemas según el daño que pueden causar y el poder que adquieren sobre las personas. Desde el 2 de agosto de 2026, también comenzarán a aplicarse nuevas obligaciones de transparencia.
La Unión Europea comenzará el 2 de agosto de 2026 una nueva etapa de aplicación de su Ley de Inteligencia Artificial. La regulación no parte de la idea de que toda IA sea peligrosa, sino que establece distintos niveles de riesgo según la finalidad del sistema, el contexto en el que se utiliza y las consecuencias que puede tener para las personas.
El modelo europeo divide los sistemas en cuatro categorías: riesgo inaceptable, alto riesgo, riesgo relacionado con la transparencia y riesgo mínimo o nulo. Esta clasificación muestra que el peligro no depende solamente de la capacidad técnica de un modelo, sino del lugar que ocupa dentro de una decisión. Una herramienta utilizada para entretener no recibe el mismo tratamiento que otra capaz de negar un empleo, un crédito o una prestación pública.
Los usos de IA que Europa decidió prohibir
La categoría de riesgo inaceptable comprende los sistemas que representan una amenaza clara para la seguridad, los medios de subsistencia o los derechos fundamentales. En estos casos, la Unión Europea no exige únicamente medidas de control: prohíbe directamente su utilización.
Entre las prácticas prohibidas se encuentran los sistemas que manipulan o engañan a las personas de manera perjudicial y los que explotan vulnerabilidades relacionadas con la edad, una discapacidad o una situación económica. También se prohíbe la puntuación social, mediante la cual una institución clasifica a las personas según su comportamiento, sus características o su reputación.
La Ley de IA impide además utilizar perfiles o rasgos personales como única base para predecir si alguien cometerá un delito. Tampoco permite recopilar indiscriminadamente fotografías de internet o grabaciones de cámaras de vigilancia para crear bases de reconocimiento facial.
Otras prohibiciones afectan el reconocimiento de emociones en centros de trabajo y escuelas, la clasificación biométrica destinada a deducir determinadas características protegidas y la identificación biométrica remota en tiempo real con fines policiales en espacios públicos, salvo las excepciones limitadas contempladas por la legislación. Estas ocho prohibiciones se aplican desde febrero de 2025.
La regulación añadió posteriormente una novena práctica prohibida: los sistemas que generan contenido sexualmente explícito o íntimo sin consentimiento, incluido el material de abuso sexual infantil y las aplicaciones que producen falsos desnudos. Esta prohibición entrará en vigor en diciembre de 2026 como parte de las modificaciones aprobadas mediante el paquete denominado AI Omnibus.
Una IA es de alto riesgo cuando puede cambiar la vida de una persona
El segundo nivel incluye sistemas que pueden causar daños graves a la salud, la seguridad o los derechos fundamentales. En esta categoría se encuentran componentes utilizados en infraestructuras críticas, dispositivos médicos, productos regulados y sistemas de cirugía asistida por robots.
También se consideran de alto riesgo algunas herramientas empleadas en la educación y el trabajo. Esto incluye programas que califican exámenes, determinan el acceso a una institución educativa, filtran currículums, seleccionan candidatos, administran trabajadores o influyen en el acceso al empleo por cuenta propia.
La misma clasificación alcanza ciertos sistemas utilizados para conceder servicios públicos y privados esenciales. Un ejemplo es la puntuación crediticia automatizada cuando puede determinar si una persona obtiene un préstamo. La regulación incluye además aplicaciones utilizadas por autoridades policiales, sistemas de migración y asilo, controles fronterizos y herramientas incorporadas a la administración de justicia o a procesos democráticos.
La lógica es que el riesgo aumenta cuando la IA deja de limitarse a ofrecer información y comienza a intervenir en decisiones que afectan derechos o condiciones materiales de vida. No es lo mismo que un sistema recomiende una película a que evalúe la credibilidad de una prueba, decida qué persona avanza en un proceso de contratación o influya en la resolución de una solicitud de asilo.
Los proveedores de sistemas de alto riesgo deberán evaluar y reducir los peligros, documentar su funcionamiento, conservar registros y utilizar datos adecuados para disminuir resultados discriminatorios. También tendrán que garantizar supervisión humana, precisión, solidez y ciberseguridad.
Tras la reforma más reciente, las obligaciones para sistemas utilizados en ámbitos como educación, empleo, biometría, migración e infraestructuras críticas comenzarán a aplicarse el 2 de diciembre de 2027. Para sistemas integrados en productos regulados, como juguetes o ascensores, el plazo se extenderá hasta el 2 de agosto de 2028.
Ocultar que intervino una IA también genera riesgo
La tercera categoría se refiere a la transparencia. Estos sistemas no están necesariamente prohibidos, pero las personas deben saber cuándo están interactuando con una máquina o cuándo un contenido fue creado o modificado artificialmente.
Los asistentes conversacionales deberán informar que son sistemas de IA. Los proveedores de herramientas generativas tendrán que hacer que sus contenidos sean identificables, mientras que los deepfakes y determinados textos creados para informar al público sobre asuntos de interés general deberán llevar etiquetas claras y visibles.
Las obligaciones de transparencia comenzarán a aplicarse en agosto de 2026. La finalidad es que una persona pueda interpretar correctamente lo que está viendo y decidir si confía en una conversación, una imagen, un audio o un texto en el que intervino una inteligencia artificial.
La clasificación europea reconoce así que un sistema puede causar daño sin tomar una decisión administrativa. También existe riesgo cuando una herramienta imita a una persona, oculta su naturaleza artificial o produce contenidos que pueden confundirse con documentos, testimonios o representaciones auténticas de la realidad.
Los modelos de propósito general tienen una categoría adicional
La Ley de IA establece reglas específicas para los modelos de propósito general, capaces de realizar numerosas tareas y servir como base para otros sistemas. Sus proveedores deben cumplir obligaciones relacionadas con transparencia, documentación y derechos de autor.
Cuando un modelo es especialmente capaz o alcanza una utilización muy extendida, puede ser considerado portador de riesgo sistémico. En esos casos, el proveedor debe evaluar sus capacidades, analizar posibles daños y aplicar medidas para reducirlos. Estas obligaciones comenzaron a regir en agosto de 2025.
La categoría de riesgo mínimo o nulo, en cambio, comprende la mayoría de las aplicaciones utilizadas actualmente. La Comisión Europea menciona como ejemplos los filtros de correo no deseado y algunos videojuegos que incorporan IA. Estos sistemas no reciben obligaciones adicionales bajo la Ley de IA.
Google Earth muestra que el riesgo también depende del entorno
Un episodio ocurrido esta semana muestra por qué el contexto puede transformar una función creativa en un problema de confianza. El 30 de julio, Google incorporó en Google Earth una herramienta que combinaba Nano Banana 2 con imágenes satelitales, aéreas y tridimensionales de lugares reales.
La función permitía seleccionar un punto del planeta y pedir a la IA que generara sobre él una escena personalizada. Google propuso usos educativos, urbanos e inmobiliarios, como reconstruir la antigua Pompeya, imaginar una construcción o visualizar cómo podría transformarse un terreno.
Un día después, la empresa retiró temporalmente la función. Google explicó que algunas personas estaban compartiendo capturas de imágenes generadas que parecían violar sus políticas y reconoció que el público deposita una confianza particular en Google Earth como representación fiable del mundo.
Re: our statement on Image Generation in Google Earth:
“We know that people uniquely trust Google Earth for a reliable view of the world. We’ve seen geospatial professionals using this feature for a range of useful purposes, however we’ve also seen people sharing screenshots of…— News from Google (@NewsFromGoogle) July 31, 2026
Las imágenes no modificaban el mapa visible para otros usuarios y llevaban una marca que indicaba que habían sido generadas mediante IA. Sin embargo, una captura podía salir de la plataforma y circular separada de esas advertencias. Google anunció que trabajaría en barreras de seguridad más fuertes antes de volver a habilitar la herramienta.
El caso permite observar una forma de riesgo que no depende únicamente de la imagen creada. Una escena artificial adquiere otro peso cuando aparece sobre una plataforma utilizada para ubicar lugares, comprobar territorios y observar acontecimientos. El problema surge de la combinación entre la capacidad generativa y la autoridad informativa del entorno en el que se presenta.
La clasificación europea apunta precisamente hacia esa dirección: el riesgo de IA no está contenido solamente dentro del modelo. También depende de aquello con lo que se conecta, de la confianza que hereda y de las decisiones que permite tomar. Una misma tecnología puede ser casi inofensiva en un videojuego y convertirse en una amenaza cuando se utiliza para vigilar, clasificar, excluir o alterar una representación reconocida de la realidad.
