El acuerdo con Beijing contempla transferencia de tecnologías avanzadas, infraestructura digital y mecanismos de financiamiento conjunto. Apenas días antes, México había discutido con Washington cooperación en inteligencia artificial, semiconductores y cadenas de suministro.
México abrió una nueva vía de cooperación tecnológica con China en áreas estratégicas como inteligencia artificial, supercómputo, diseño de chips, robótica y electromovilidad, mientras mantiene en paralelo conversaciones con Estados Unidos sobre algunas de las mismas tecnologías que definirán la infraestructura digital de los próximos años.
La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) y el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China firmaron un memorando de entendimiento que permitirá ampliar la cooperación entre universidades y empresas de ambos países en investigación, desarrollo tecnológico e innovación. El acuerdo incluye capacitación, intercambio de conocimiento, asociaciones público-privadas para infraestructura digital y transferencia de tecnologías avanzadas, además de mecanismos de financiamiento conjunto entre gobiernos.
El memorando fue firmado durante la Novena Reunión de la Subcomisión de Ciencia y Tecnología de la Comisión Binacional Permanente México-China, encabezada por la titular de la Secihti, Rosaura Ruiz Gutiérrez, y el ministro de Ciencia y Tecnología de China, Yin Hejun. De acuerdo con el gobierno mexicano, es la primera ocasión desde la creación de la subcomisión, en 2004, en que participa directamente el ministro chino de Ciencia y Tecnología.
La agenda coloca a la inteligencia artificial y al cómputo de alto rendimiento en el centro de una relación científica que hasta ahora había tenido resultados principalmente en áreas como hidroelectricidad, biodiversidad y control de plagas. Durante el encuentro, México presentó a la delegación china algunos de sus principales proyectos tecnológicos, entre ellos el Clúster Nacional de Cómputo de Alto Rendimiento e Inteligencia Artificial y Coatlicue, la infraestructura de supercómputo con la que el gobierno pretende ampliar las capacidades nacionales para entrenar y ejecutar modelos de IA, realizar simulaciones científicas y procesar grandes volúmenes de datos.
La delegación mexicana también puso sobre la mesa proyectos de diseño de chips, electromovilidad, monitoreo satelital, sistemas de alerta temprana, energía, agua, agricultura y el proyecto automotriz Olinia. China, por su parte, planteó profundizar la cooperación frente a la brecha tecnológica y digital y vincular con mayor intensidad investigación científica, desarrollo tecnológico e industria.
La parte más relevante del acuerdo, sin embargo, puede estar menos en los proyectos mencionados que en los mecanismos establecidos para desarrollarlos. El memorando permite explorar asociaciones entre instituciones educativas y empresas, infraestructura digital financiada mediante esquemas público-privados y transferencia de tecnologías avanzadas. También contempla el intercambio de experiencias sobre políticas públicas y marcos regulatorios.
Esto no significa, al menos por ahora, que China vaya a suministrar procesadores, aceleradores de IA o infraestructura para Coatlicue, ni que alguna empresa china haya sido seleccionada como proveedor de los proyectos mexicanos. El comunicado tampoco especifica montos de inversión, empresas participantes, calendarios de ejecución o tecnologías concretas que serán transferidas.
México acaba de abrir a China una puerta hacia su estrategia de IA, supercómputo y tecnologías avanzadas justo cuando Estados Unidos intenta impedir que Beijing gane terreno en las cadenas que sostienen la inteligencia artificial. Para México, acercarse a China puede significar acceso a conocimiento, infraestructura, financiamiento y una mayor capacidad de negociación frente a Washington; pero también introduce un riesgo: que EU empiece a mirar la infraestructura tecnológica mexicana no sólo como un asunto comercial, sino de seguridad estratégica. Chips, centros de datos, telecomunicaciones y transferencia tecnológica son ya piezas de la competencia entre las dos potencias. México todavía no está eligiendo un bloque, pero empieza a probar cuánto margen tiene para construir una política tecnológica propia sin quedar atrapado entre ambos.
México habla con las dos potencias de la IA
La aproximación a China ocurre menos de dos semanas después de que el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, viajara a Washington. El 26 de agosto, Velasco se reunió con el subsecretario de Estado estadounidense para Asuntos Económicos, Jacob Helberg, para discutir oportunidades de cooperación en innovación, inteligencia artificial, semiconductores y cadenas de suministro.
En otras palabras, México está conversando simultáneamente con Estados Unidos y China sobre algunos de los componentes más sensibles de la economía tecnológica mundial. La coincidencia es significativa. El desarrollo de inteligencia artificial depende de una cadena industrial que comienza en el diseño y fabricación de semiconductores y se extiende hacia centros de datos, energía, redes, modelos y servicios digitales. Esa cadena se ha convertido también en uno de los principales terrenos de competencia estratégica entre Washington y Beijing.
México mantiene una integración económica profunda con Estados Unidos y forma parte de sus cadenas manufactureras y de semiconductores, pero el acuerdo firmado con Beijing muestra que el gobierno mexicano no está limitando su búsqueda de capacidades tecnológicas a su vecino del norte.
La dimensión geopolítica quedó todavía más clara este lunes 7 de septiembre, cuando el canciller chino Wang Yi recibió a Velasco en Beijing. Durante el encuentro, Wang afirmó que las relaciones entre México y China “no están dirigidas contra terceros” y “no deberían verse afectadas por terceros”. También señaló que China respalda a México en la defensa de su independencia y autonomía y en la oposición a interferencias externas. La formulación resulta especialmente relevante en un momento en que Estados Unidos y China compiten por cadenas de suministro, semiconductores, infraestructura digital, minerales estratégicos y liderazgo en inteligencia artificial.
Construir capacidad antes que elegir un bloque
Hasta ahora, los movimientos del gobierno mexicano parecen apuntar menos hacia una alineación tecnológica con una potencia que hacia una estrategia de diversificación. México intenta desarrollar infraestructura propia, supercómputo, capacidades nacionales de IA, diseño de semiconductores y formación de talento, al mismo tiempo que busca acuerdos con países y empresas capaces de aportar conocimiento, tecnología y financiamiento.
En ese contexto, China ofrece una experiencia difícil de ignorar. En pocas décadas construyó una de las mayores capacidades industriales y científicas del mundo y actualmente compite con Estados Unidos en inteligencia artificial, telecomunicaciones, vehículos eléctricos, robótica, baterías, energía renovable y supercómputo. Ruiz señaló precisamente que México busca aprovechar la experiencia china en matemáticas, inteligencia artificial y en la conexión entre investigación, desarrollo tecnológico e industria.
Para México, esa estrategia también implica un desafío: mantener autonomía tecnológica mientras sus dos principales interlocutores compiten por definir las reglas, la infraestructura y las cadenas de suministro de la próxima etapa de la economía digital. El memorando con China todavía es un marco de cooperación y no un programa de inversiones concreto. Pero marca un cambio importante: México ya no está discutiendo inteligencia artificial únicamente como una política de adopción tecnológica. Está comenzando a tratarla como infraestructura estratégica y como parte de su política exterior.
