El presidente de Estados Unidos anunció ante la Asamblea General de la ONU que los documentos de su gobierno comenzarán a utilizar el término “superinteligencia” y reiteró que no frenará el desarrollo de la tecnología. Las declaraciones prolongan una política orientada a acelerar la innovación, reducir barreras regulatorias y conservar la ventaja estadounidense frente a China, justo cuando Naciones Unidas reclama mayores salvaguardas para los sistemas más avanzados.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó este martes su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas para volver a defender el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y anunciar un cambio de terminología: aseguró que los documentos del gobierno estadounidense comenzarán a utilizar “super intelligence”, o “superinteligencia”, en lugar de inteligencia artificial.
“A partir de este momento, todos los documentos de Estados Unidos, y espero que los del mundo, cambiarán para utilizar el término mucho más preciso ‘super’ en lugar de artificial”, declaró Trump ante los líderes reunidos en Nueva York. El presidente añadió que no pretende “sofocar el crecimiento” de una tecnología que, según dijo, será más grande que la Revolución Industrial.
El anuncio no implica que el gobierno estadounidense haya determinado técnicamente que los sistemas actuales alcanzaron una superinteligencia artificial. En la literatura especializada, el término suele reservarse para sistemas hipotéticos capaces de superar ampliamente el rendimiento cognitivo humano en prácticamente todos los ámbitos relevantes. Trump, en cambio, lo utilizó como una nueva denominación general para la tecnología que actualmente se conoce como inteligencia artificial.
Más que una modificación semántica, las declaraciones refuerzan una narrativa de aceleración que la administración Trump ha desarrollado desde su regreso a la Casa Blanca: Estados Unidos se encuentra en una carrera tecnológica global, debe conservar el liderazgo sobre China y las políticas públicas no deberían introducir obstáculos que retrasen el desarrollo de los modelos, la infraestructura y las aplicaciones de IA.
Esa orientación aparece de manera explícita en el America’s AI Action Plan, presentado por la Casa Blanca en julio de 2025 bajo el título Winning the AI Race. El documento establece como primer pilar “acelerar la innovación en IA”, plantea reducir regulaciones consideradas excesivas y sostiene que Estados Unidos debe contar con los sistemas de inteligencia artificial más potentes del mundo. La estrategia también incluye ampliar infraestructura energética y de centros de datos y exportar tecnología estadounidense a países aliados.
La política continuó en marzo de 2026, cuando la Casa Blanca presentó un marco legislativo nacional que pidió al Congreso eliminar barreras consideradas innecesarias, acelerar el despliegue de IA en distintos sectores y evitar una fragmentación regulatoria entre estados que, según la administración, podría perjudicar la capacidad estadounidense para competir.
Trump ha vinculado cada vez más directamente esa estrategia con China. El lunes, un día antes de su discurso ante la ONU, afirmó que Estados Unidos se encuentra por delante de Pekín y que pretende mantener esa posición. “Quien gane en IA, gana”, ha repetido en las últimas semanas, mientras describe la tecnología como potencialmente mayor que Internet y la Revolución Industrial.
El presidente también ha rechazado los llamados recientes a ralentizar el desarrollo de modelos avanzados. En una publicación previa a la Asamblea General calificó las advertencias sobre una posible catástrofe provocada por la IA como un “hoax” y señaló que su gobierno recurriría al Departamento de Justicia y a otras autoridades si fuera necesario intervenir ante problemas concretos, pero que su política general será favorecer el crecimiento de la tecnología.
La posición introduce un contraste particularmente visible durante la semana de alto nivel de Naciones Unidas. Horas antes de Trump, el secretario general de la ONU, António Guterres, utilizó su último discurso ante la Asamblea General para pedir cooperación internacional, evaluaciones compartidas y salvaguardas que permitan un “ritmo responsable” en el desarrollo de la inteligencia artificial. También propuso avanzar hacia un marco multilateral de gestión de riesgos respaldado por supervisión independiente.
La discusión continuará este miércoles en el Consejo de Seguridad, donde representantes de OpenAI, DeepSeek y otras empresas de inteligencia artificial abordarán los riesgos de los sistemas avanzados para la seguridad internacional. Reuters informó que Sam Altman participará por OpenAI, que DeepSeek estará entre las compañías que informarán al organismo y que se espera también representación de alto nivel de Anthropic.
El contraste no se limita a gobiernos y empresas. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada este martes encontró que 55% de los adultos estadounidenses consultados considera positivo ralentizar el desarrollo de la IA, frente a 13% que lo considera negativo. Además, 73% dijo que para Estados Unidos es más importante garantizar un desarrollo seguro y responsable que conservar el liderazgo mundial en la tecnología; 23% priorizó mantenerse por delante de otros países. La encuesta en línea reunió respuestas de 1,277 adultos y tiene un margen de error de tres puntos porcentuales.
Las declaraciones de Trump colocan así dos concepciones distintas de la política de IA frente a frente durante la misma semana en Nueva York. Naciones Unidas está intentando construir mecanismos internacionales para evaluar y contener riesgos derivados de sistemas cada vez más capaces, mientras la administración estadounidense presenta la velocidad de desarrollo y la conservación de la ventaja tecnológica como objetivos estratégicos.
En ese contexto, llamar “superinteligencia” a la inteligencia artificial adquiere un significado que va más allá del nombre. No constituye una declaración científica acerca de las capacidades alcanzadas por los modelos actuales, sino que se integra en una visión política en la que la IA es presentada como una tecnología capaz de alterar el equilibrio económico y estratégico mundial y cuya carrera, desde la perspectiva de la Casa Blanca, Estados Unidos no puede permitirse perder.
