Si la persona del anuncio no existe, Nueva York quiere que lo sepas

Si la persona del anuncio no existe, Nueva York quiere que lo sepas

Nueva York puso en vigor una ley pionera que obliga a revelar cuando un anuncio utiliza intérpretes sintéticos generados con inteligencia artificial. La medida abre una nueva frontera regulatoria: ya no solo importa qué dice un anuncio, sino si la persona que aparece en él existe realmente.

Nueva York acaba de marcar una línea sencilla, pero incómoda para la nueva publicidad generada con inteligencia artificial: si un anuncio usa una persona sintética para vender algo, el público debe saberlo.

La gobernadora Kathy Hochul anunció que ya está en vigor una ley considerada la primera de su tipo en Estados Unidos, que exige revelar cuando un anuncio incluye “intérpretes sintéticos” generados con IA. La medida fue firmada en diciembre de 2025 y entró en vigor el 9 de junio de 2026. Su objetivo, según el gobierno estatal, es aumentar la transparencia en la publicidad y proteger tanto a consumidores como a trabajadores creativos.

El punto central de la norma no es prohibir el uso de inteligencia artificial en anuncios. Tampoco obliga a etiquetar cualquier pieza creativa que haya usado IA en alguna etapa de producción. La ley se enfoca en un caso más específico: anuncios que utilizan medios digitales creados, reproducidos o modificados por computadora para dar la impresión de que hay una interpretación humana, cuando esa figura no corresponde a una persona natural identificable.

En otras palabras: si una marca usa un avatar hiperrealista, una actriz inexistente, un portavoz generado por IA o un “humano” sintético para promocionar un producto, debe informarlo de manera clara.

La diferencia parece pequeña, pero cambia el terreno de la discusión. Hasta ahora, buena parte del debate regulatorio sobre IA se ha concentrado en los modelos, las empresas que los desarrollan o los riesgos abstractos de la automatización. Nueva York está entrando por una puerta mucho más cotidiana: la relación entre consumidor, imagen y confianza.

La pregunta ya no es únicamente si un anuncio exagera, manipula o persuade. La pregunta ahora también es si la persona que mira a cámara, sonríe y recomienda un producto existe realmente.

La ley se inscribe en un contexto en el que los intérpretes generados con IA se han vuelto más accesibles para campañas digitales, redes sociales y publicidad de bajo costo. El propio gobierno de Nueva York advierte que, sin una notificación clara, este tipo de contenidos puede debilitar la capacidad del público para distinguir entre lo real y lo fabricado.

También hay una dimensión laboral. SAG-AFTRA, el sindicato que representa a actores y otros profesionales del entretenimiento en Estados Unidos, respaldó la medida al considerarla una protección frente al reemplazo engañoso de interpretaciones humanas por figuras sintéticas. Para la organización, el aviso obligatorio no solo protege al consumidor, sino que reconoce el valor del trabajo de los intérpretes en una industria donde la IA generativa ya empezó a disputar rostros, voces y presencia escénica.

La norma contempla sanciones económicas: mil dólares por una primera infracción y cinco mil dólares por violaciones posteriores. También prevé excepciones, entre ellas ciertos materiales promocionales vinculados a obras expresivas, siempre que el uso del intérprete sintético sea consistente con su uso dentro de la obra; además, deja fuera anuncios exclusivamente de audio y casos donde la IA se use solo para traducir el idioma de un intérprete humano.

Esa precisión es importante porque evita presentar la ley como una prohibición general contra la IA en publicidad. Más bien, funciona como una regla de etiquetado: las marcas pueden usar estos recursos, pero no pueden hacerlos pasar silenciosamente por personas reales frente al público neoyorquino.

La medida, sin embargo, también abre preguntas prácticas. En una campaña digital nacional o global, ¿cómo debe actuar una marca si su anuncio puede llegar a usuarios ubicados en Nueva York? ¿Bastará con agregar una leyenda en todas las versiones del anuncio? ¿Qué tan visible debe ser el aviso para considerarse “conspicuo”? Y, sobre todo, ¿se convertirá Nueva York en un estándar de facto para agencias y anunciantes que prefieran evitar riesgos legales?

Medios estadounidenses han señalado que grupos de la industria publicitaria ven la ley con cautela, al considerar que puede sumar complejidad regulatoria y frenar parte de la experimentación creativa con IA. Al mismo tiempo, sus defensores sostienen que la regla no impide innovar, sino que obliga a hacerlo sin ocultar al público cuándo se le está mostrando una figura artificial.

La discusión anticipa una tensión que probablemente se repetirá en otros sectores: la IA generativa no solo automatiza tareas, también produce presencias. Puede crear voces, cuerpos, gestos y rostros que funcionan como sustitutos simbólicos de personas. En publicidad, esa capacidad tiene un valor evidente: permite fabricar voceros perfectos, siempre disponibles, adaptables a cada mercado y sin los costos de una contratación tradicional.

Pero justo ahí aparece el problema. Cuando una figura sintética vende un producto como si fuera una persona, el público no solo recibe un mensaje comercial; recibe una representación de humanidad diseñada para generar confianza.

Por eso la ley de Nueva York puede parecer pequeña, pero apunta a una transformación mayor. En la era de los anuncios con humanos artificiales, la transparencia ya no consiste únicamente en saber quién paga una campaña. También empieza a consistir en saber si quien nos habla desde la pantalla es alguien, o solo una simulación convincente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *