La emisión de bonos de las grandes tecnológicas para construir centros de datos e infraestructura de inteligencia artificial alcanzó 220,000 millones de dólares en lo que va de 2026. Los inversionistas siguen considerando solventes a compañías como Amazon y Alphabet, pero comienzan a exigir mayores rendimientos para absorber una oferta de deuda que crece a una velocidad sin precedentes.
La enorme cantidad de dinero que las empresas tecnológicas necesitan para sostener la expansión de la inteligencia artificial comienza a producir una nueva señal en los mercados financieros: el capital sigue disponible, pero los inversionistas están empezando a cobrar más por proporcionarlo.
La emisión de deuda de los llamados hyperscalers ( empresas tecnológicas que operan centros de datos masivos) vinculada con inversiones en inteligencia artificial alcanzó 220,000 millones de dólares durante 2026 hasta el 10 de agosto, de acuerdo con datos de BNP Paribas . En el mismo periodo del año pasado, esas compañías habían emitido alrededor de 12,500 millones de dólares, lo que supone un incremento de más de 200,000 millones en apenas un año.
El crecimiento comienza a modificar las condiciones bajo las cuales el mercado está dispuesto a financiar la construcción de centros de datos, chips, redes y otras infraestructuras necesarias para entrenar y operar sistemas de IA. Reuters reportó este viernes que algunos de los principales gestores de bonos observan ya señales de “indigestión” ante el volumen de emisiones que llega al mercado.
No se trata, al menos por ahora, de una crisis de solvencia de las grandes tecnológicas. Amazon, Alphabet y otros grandes emisores mantienen altas calificaciones crediticias, fuertes flujos de efectivo y balances que los inversionistas continúan considerando sólidos. El cambio se encuentra principalmente en el precio que el mercado exige para absorber cantidades cada vez mayores de deuda.
Los bonos corporativos del sector tecnológico ofrecen actualmente un diferencial promedio de alrededor de 89 puntos base sobre los bonos del Tesoro estadounidense, nueve puntos base por encima del conjunto del mercado corporativo con grado de inversión. Históricamente, las grandes tecnológicas disfrutaron precisamente de la situación contraria: sus balances sólidos y sus menores necesidades de endeudamiento permitían que sus bonos cotizaran con diferenciales inferiores a los de buena parte del mercado.
Ese comportamiento puede observarse en operaciones recientes. Amazon colocó 25,000 millones de dólares en bonos de largo plazo, con una parte de la emisión cotizando alrededor de 120 puntos base por encima de los bonos del Tesoro. Alphabet también encontró demanda para una emisión realizada en agosto, pero tuvo que ofrecer a los inversionistas una concesión de entre 10 y 15 puntos base frente al rendimiento de bonos existentes de la compañía.
El cambio es relevante porque muestra que la carrera por desarrollar infraestructura de IA comienza a encontrar una restricción distinta a las que han dominado hasta ahora la discusión sobre chips, electricidad o capacidad de los centros de datos: la capacidad del propio mercado financiero para seguir absorbiendo deuda de un pequeño grupo de compañías.
Fondos de pensiones y aseguradoras suelen establecer límites a la cantidad de activos que pueden mantener de un mismo emisor. Si las mismas compañías regresan repetidamente al mercado con nuevas emisiones multimillonarias, esos límites de diversificación pueden comenzar a restringir la demanda incluso cuando los inversionistas no tengan dudas sobre su capacidad de pago. El fenómeno aparece mientras las necesidades de financiamiento continúan creciendo.
Broadcom se encuentra en conversaciones con prestamistas para una nueva estructura de financiamiento de más de 60,000 millones de dólares relacionada con infraestructura de inteligencia artificial, según un reporte de Bloomberg. La operación podría incluir alrededor de 30,000 millones de dólares de deuda subordinada y un tramo de deuda sénior garantizada de entre 60,000 millones y 70,000 millones, llevando eventualmente el financiamiento total hasta alrededor de 100,000 millones de dólares.
La operación tampoco equivaldría simplemente a que Broadcom asumiera directamente 100,000 millones de dólares de deuda. El financiamiento sería emitido mediante un vehículo de propósito especial, mientras la compañía garantizaría una parte del tramo sénior. Entre los beneficiarios del financiamiento se encontrarían Anthropic y otras empresas que necesitan infraestructura construida alrededor de chips y tecnologías de red de Broadcom.
Broadcom, Apollo y Blackstone ya habían establecido en junio una estructura similar para financiar una expansión de 35,000 millones de dólares de la capacidad informática de Anthropic. El nuevo proyecto muestra cómo la infraestructura de inteligencia artificial comienza a apoyarse no solamente en el gasto directo de las grandes tecnológicas, sino también en vehículos financieros, deuda sénior y subordinada, garantías corporativas y capital privado.
El dinero todavía está, pero cuesta más
La ampliación de los diferenciales no demuestra que exista una crisis financiera alrededor de la inteligencia artificial ni permite concluir que una eventual burbuja haya comenzado a romperse. El mercado continúa comprando los bonos y los grandes emisores conservan una elevada calidad crediticia. Lo que sí puede observarse es un cambio en las condiciones de financiamiento.
Durante los primeros años de la expansión de la IA, las grandes compañías tecnológicas pudieron utilizar sus enormes flujos de efectivo y su acceso privilegiado a los mercados para aumentar rápidamente el gasto. A medida que los proyectos adquieren dimensiones de decenas de miles de millones de dólares y las emisiones se repiten, la cantidad de deuda disponible empieza a importar tanto como la calidad de quienes la emiten.
Si el gasto y las emisiones continúan creciendo al ritmo actual, el costo del capital puede convertirse gradualmente en una restricción adicional para proyectos que hasta ahora parecían disponer de recursos prácticamente ilimitados. La discusión dejaría entonces de centrarse únicamente en cuánto dinero están dispuestas a gastar las grandes tecnológicas y comenzaría a incluir otra pregunta: cuánto está dispuesto a prestarles el mercado, y a qué precio.
Con información de Reuters
