El nuevo asistente puede enviar correos, organizar viajes, llenar formularios, realizar compras y continuar tareas en segundo plano. Funciona dentro de una computadora virtual dedicada y cuenta con un segundo agente que supervisa sus acciones.
Meta presentó Muse, un agente personal de inteligencia artificial diseñado para realizar tareas en nombre de una persona y continuar trabajando incluso después de que ésta cierre la aplicación. A diferencia de un chatbot tradicional, Muse no está pensado únicamente para responder preguntas. La compañía lo describe como un sistema capaz de recibir objetivos, elaborar planes, utilizar aplicaciones y navegadores, ejecutar acciones y volver con el usuario cuando necesita una decisión o autorización.
Por ejemplo, puede organizar un viaje, enviar un correo electrónico, preparar una cena a partir de una receta guardada en Instagram, recordar las restricciones alimentarias de los invitados, vender un automóvil, intentar reducir una factura o ajustar un plan de entrenamiento cuando cambia el calendario de la persona.
También puede abrir páginas web, llenar formularios y negociar en nombre del usuario. Para tareas largas, continúa trabajando en segundo plano y vuelve cuando algo cambia o antes de realizar una acción sensible, como enviar un mensaje o completar una compra.
Muse comienza a desplegarse en Estados Unidos para iOS, Android y web, y Meta prevé llevarlo posteriormente a sus gafas de inteligencia artificial. La compañía ofrecerá funciones gratuitas y planes de suscripción para usos más intensivos.
Una computadora propia para cada agente
La parte más particular de Muse no es el modelo que lo impulsa, sino la infraestructura que Meta construyó alrededor de él. Cada agente funciona dentro de Muse Secure VM, una máquina virtual dedicada en la nube con su propio navegador. Allí se almacenan las conexiones y credenciales de los servicios que el usuario decide permitirle utilizar.
En lugar de limitarse a conversar mediante una API, Muse dispone así de algo parecido a una pequeña computadora desde la que puede navegar e interactuar con servicios externos. La persona decide a qué aplicaciones puede conectarse y qué permisos obtiene en cada una. En el correo electrónico, por ejemplo, puede autorizar únicamente la lectura de mensajes o permitir también que el agente los envíe.
Meta asegura que Muse no puede ver directamente contraseñas ni métodos de pago. Las credenciales se almacenan de manera separada y el agente puede utilizarlas sin conocer su contenido. También muestra un registro de las acciones realizadas y de aquellas que planea ejecutar.
Un agente vigila al otro
La arquitectura contiene además una peculiaridad: Muse no trabaja solo. Dentro de la misma máquina virtual funciona otro agente independiente, llamado Sentinel, separado de Muse a nivel del sistema. Su función es revisar las acciones antes de que lleguen a Internet y solicitar autorización del usuario cuando sea necesario.
En términos simples, la arquitectura funciona aproximadamente así:
persona → Muse → Sentinel → Internet y aplicaciones
Muse intenta ejecutar una acción y Sentinel decide si puede continuar o si es necesario detenerse y pedir permiso. Esta estructura refleja uno de los problemas centrales de la nueva generación de agentes personales: cuanto más útiles resultan, mayores son los permisos que necesitan.
Un sistema capaz de leer el calendario, abrir el correo, realizar compras y manejar cuentas puede ahorrar trabajo, pero un error deja de producir únicamente una respuesta incorrecta: puede provocar una acción real.
De asistente a trabajador persistente
Meta ya había comenzado a introducir funciones agénticas en Meta AI durante julio. Con Muse Spark 1.1, el asistente podía conectarse a correo y calendario, crear presentaciones y seguir tareas de principio a fin. Muse lleva esa lógica un paso más allá al convertirla en un producto separado y persistente.
La diferencia puede resumirse en la duración del trabajo. Un chatbot espera una pregunta y produce una respuesta. Un agente recibe un objetivo, utiliza herramientas y continúa hasta completar una parte del trabajo. Un agente personal persistente como Muse intenta además mantener contexto durante el tiempo, recordar preferencias y actuar proactivamente cuando detecta algo relevante.
Meta asegura que puede recordar detalles mencionados una sola vez y utilizarlos posteriormente para hacer sugerencias sin necesidad de que el usuario vuelva a introducirlos. La compañía vincula directamente el producto con la idea de “superinteligencia personal” promovida por Mark Zuckerberg: sistemas que conocen el contexto de cada individuo y pueden asumir progresivamente una mayor parte de sus tareas cotidianas.
Pagos y compras hechas por una IA
Muse también entra directamente al comercio electrónico. El agente puede realizar pagos mediante Link, la plataforma de Stripe. Para proteger los datos financieros, el sistema puede generar una tarjeta de un solo uso, mientras Meta afirma que Muse nunca ve los detalles reales de la tarjeta del usuario. Shop Pay y compatibilidad con 1Password están previstas posteriormente.
La posibilidad de que agentes autónomos compren productos empieza a generar además una infraestructura propia alrededor de las transacciones realizadas por IA: identificación de agentes, autorización, protección de compras y nuevas formas de verificar quién está realizando una operación.
La seguridad todavía es el punto delicado
Meta presenta Muse como un agente construido desde el inicio alrededor de privacidad y seguridad, pero su desarrollo también muestra lo difícil que resulta entregar acceso amplio a aplicaciones sin introducir nuevos riesgos.
Reuters informó que la compañía retrasó el lanzamiento originalmente previsto para abril mientras intentaba solucionar problemas detectados durante las pruebas. Los ensayos internos encontraron fallas de seguridad, problemas de confiabilidad y situaciones en las que información privada podía quedar expuesta. Meta sostiene que el sistema alcanzó posteriormente los requisitos mínimos establecidos para su lanzamiento.
La empresa prepara además una versión llamada Muse Confidential VM, prevista para finales de este año, en la que toda la máquina virtual, incluidas conversaciones y datos, estará cifrada con una clave controlada únicamente por el usuario, de manera que ni siquiera Meta pueda acceder a su contenido.
Muse llega así en un momento en que los laboratorios están pasando rápidamente de asistentes que producen información a sistemas capaces de actuar directamente en el mundo digital. El cambio parece pequeño en la interfaz, Meta incluso lo presenta acompañado de una simpática mascota, pero conceptualmente es considerable. Ya no se trata sólo de preguntarle algo a una IA. Se trata de darle trabajo, entregarle una computadora y dejarla continuar hasta que necesite volver a hablar con nosotros.
