La OIT estima que 6.1% de los empleos ocupados por personas de 15 a 29 años en el mundo está en ocupaciones con exposición significativa o alta a la inteligencia artificial. En América Latina y el Caribe, la proporción llega a 10%, pero el organismo advierte que exposición no equivale a pérdida automática de empleo.
La inteligencia artificial no está llegando a un mercado laboral juvenil intacto. Cuando las herramientas generativas comenzaron a extenderse entre empresas y trabajadores, las personas jóvenes ya enfrentaban dificultades crecientes para conseguir su primer empleo, una reducción de puestos de cualificación media y economías con menor capacidad para absorber a quienes intentaban incorporarse al trabajo.
Ese contexto es fundamental para interpretar una de las cifras centrales del informe Global Employment Trends for Youth 2026: Back to the future, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): 6.1% de los empleos ocupados actualmente por personas de 15 a 29 años en el mundo pertenece a las categorías con exposición significativa o máxima a la inteligencia artificial. En América Latina y el Caribe, la proporción asciende a 10%.
La cifra no significa que 6.1% de los jóvenes vaya a perder su trabajo, ni que 10% del empleo juvenil latinoamericano esté condenado a desaparecer. La propia OIT advierte que su indicador mide la susceptibilidad tecnológica de las tareas que componen una ocupación, no un resultado laboral inevitable. Estar expuesto significa que una proporción importante del trabajo puede ser realizada, modificada o asistida mediante sistemas de IA generativa.
La diferencia es sustancial. Una empresa puede introducir IA y despedir trabajadores, pero también puede redistribuir tareas, capacitar al personal para otras funciones o mantener a sus empleados actuales mientras deja de contratar nuevos trabajadores para determinados puestos. La OIT señala expresamente esta última posibilidad: la automatización puede afectar la entrada de nuevos trabajadores al mercado laboral incluso cuando no se produzca una pérdida inmediata de empleos existentes. Para las personas jóvenes, ese escenario puede ser especialmente importante.
El problema comenzó antes de la IA
El informe sitúa el avance de la inteligencia artificial dentro de una transformación mucho más amplia. La recuperación del empleo juvenil posterior a la pandemia se detuvo y la transición entre la escuela y un trabajo decente se ha vuelto más difícil por una combinación de menor crecimiento económico, creación insuficiente de empleo, tensiones geopolíticas y aceleración del cambio tecnológico.
En América Latina y el Caribe, además, el número de jóvenes empleados ya había disminuido durante la década comprendida entre 2016 y 2025. La región aparece junto con Asia Oriental, Europa Oriental, África del Norte y el Sudeste Asiático y el Pacífico entre las subregiones que registraron una contracción del empleo juvenil en ese periodo.
Por eso sería incorrecto utilizar la expansión de la IA para explicar por sí sola los problemas laborales que enfrentan actualmente los jóvenes. Mucho antes de la popularización de los modelos generativos, numerosas tareas habían sido modificadas por software, automatización administrativa y otras formas de digitalización, mientras el mercado laboral regional atravesaba procesos de informalización, precarización y transformación de las relaciones de trabajo.
La expansión de las plataformas digitales de trabajo y la pérdida de prestaciones asociadas a determinadas formas de empleo forman parte de ese contexto latinoamericano más amplio, aunque no son el objeto específico del informe analizado por la OIT y este documento no permite atribuirles una proporción concreta del deterioro actual. Lo que sí documenta el informe es otro proceso particularmente importante: la reducción o debilitamiento de ocupaciones que durante décadas sirvieron como puerta de entrada al trabajo.
Se erosionan los primeros peldaños
La OIT dedica una parte importante de su análisis al “vaciamiento” de los empleos de cualificación media. En esta categoría aparecen trabajos administrativos y de apoyo de oficina, servicios y ventas, ocupaciones agrícolas calificadas, oficios, operadores de maquinaria y ensambladores. Varias de estas ocupaciones coinciden, además, con grupos que presentan una elevada exposición a la inteligencia artificial, particularmente los trabajos administrativos y de oficina.
Pero tampoco aquí la IA aparece como el origen de todo el fenómeno. El propio informe recuerda que la reducción de puestos de cualificación media comenzó a estudiarse mucho antes de la actual ola de IA generativa y que históricamente se ha relacionado con factores como la digitalización y la globalización. Lo que cambia ahora es que las nuevas herramientas de inteligencia artificial pueden acelerar una transformación que ya estaba en marcha.
Para los jóvenes, la pérdida de esos trabajos tiene una consecuencia particular porque muchos funcionaban como primeros peldaños de una trayectoria profesional. Permitían conseguir experiencia después de terminar la secundaria, una carrera técnica o la universidad y, posteriormente, desplazarse hacia posiciones de mayor responsabilidad y mejores ingresos.
Cuando esos puestos dejan de crecer, desaparecen o comienzan a exigir capacidades que anteriormente correspondían a trabajadores experimentados, el problema no necesariamente aparece primero como una ola de despidos. Puede manifestarse como una reducción silenciosa de las oportunidades disponibles para alguien que intenta obtener su primer trabajo.
La OIT identifica también una “inflación de experiencia” en las vacantes de entrada. Las empresas incorporan requisitos de experiencia y habilidades más avanzadas para puestos que tradicionalmente estaban destinados a trabajadores principiantes. El informe recoge además el concepto de seniorization: en las ocupaciones más expuestas a IA, más de la mitad de las nuevas habilidades solicitadas en anuncios de puestos de entrada correspondía tradicionalmente a trabajadores experimentados.
Así, el impacto tecnológico puede producirse antes incluso de que una profesión desaparezca.
América Latina: 7.8 millones de empleos expuestos
La exposición a la IA tampoco se distribuye uniformemente en el mundo. Según los cálculos de la OIT, en 2025 América Latina y el Caribe tenía aproximadamente 78.4 millones de trabajadores de entre 15 y 29 años dentro de la población analizada. Cerca de 7.85 millones estaban empleados en ocupaciones consideradas significativamente o altamente expuestas a la inteligencia artificial, equivalentes a 10% del total.
La proporción regional supera el promedio mundial de 6.1%, aunque permanece por debajo de Europa del Norte, del Sur y Occidental, con 14.9%; América del Norte, con 14.3%; y Europa Oriental, con 12.8%. La exposición es mucho menor en economías donde el empleo se concentra en agricultura, servicios de baja cualificación y otras actividades cuyas tareas son más difíciles de automatizar digitalmente.
Esta última diferencia también introduce un matiz. Una baja exposición a la IA no necesariamente representa una ventaja económica. La OIT señala que los trabajadores de países con menor digitalización pueden enfrentar menor riesgo inmediato de sustitución tecnológica, pero al mismo tiempo quedar excluidos de las ganancias de productividad que ofrece el uso de esas herramientas.
La discusión, por tanto, no se reduce a determinar quién puede ser reemplazado por una máquina. También incluye quién tiene acceso a las nuevas tecnologías, quién puede utilizarlas para incrementar su productividad y qué trabajadores quedan atrapados en actividades de baja productividad y escasa protección.
El empleo latinoamericano también se está reorganizando
Entre 2023 y 2025, los datos disponibles para 19 países de América Latina y el Caribe muestran que el empleo de personas de 20 a 29 años en ocupaciones de alta cualificación aumentó 6.9%. Al mismo tiempo, las ocupaciones de baja cualificación disminuyeron 4.9% y las de cualificación media prácticamente no registraron crecimiento.

El dato no permite afirmar que la inteligencia artificial haya producido esa recomposición. Por el contrario, una de las precauciones necesarias al leer el informe consiste precisamente en no confundir simultaneidad con causalidad. Los mercados laborales responden al crecimiento económico, la estructura productiva, la inversión, los cambios demográficos, la educación, el comercio, la automatización tradicional y las decisiones empresariales, además de las tecnologías de IA.
En ese sentido, la inteligencia artificial aparece como una nueva capa sobre problemas que ya existían.
América Latina llegó a esta etapa después de años de crecimiento insuficiente, elevada informalidad y transformaciones en las formas tradicionales de contratación. La digitalización ya había eliminado o reorganizado determinadas tareas y las plataformas habían creado nuevas formas de obtener ingresos que no necesariamente reproducen las condiciones, estabilidad o protección de un empleo asalariado tradicional. Este contexto es relevante para interpretar el informe, aunque esas transformaciones requieren fuentes adicionales para medir su peso específico y no deben atribuirse directamente al análisis de la OIT.
Un escenario de riesgo, no una predicción
Para mostrar la magnitud potencial del fenómeno, la OIT realiza un ejercicio hipotético: supone que desapareciera por completo 10% de los empleos que actualmente se encuentran dentro de las categorías de mayor exposición a la IA.
En ese escenario, aproximadamente 5.6 millones de trabajadores jóvenes en el mundo tendrían que pasar al desempleo, cambiar de trabajo o abandonar la fuerza laboral. En América Latina y el Caribe, la cifra equivaldría a alrededor de 785 mil transiciones laborales.
Pero se trata deliberadamente de un escenario hipotético. No constituye una previsión de la OIT ni significa que el organismo espere la desaparición de esos puestos. La cifra surge simplemente de aplicar una pérdida de 10% al universo de empleos actualmente clasificados como expuestos.
La advertencia resulta especialmente importante porque las transformaciones provocadas por la IA pueden adoptar formas menos visibles que el despido. Una empresa puede mantener a cinco trabajadores que antes eran seis, decidir no sustituir a quien renuncia, exigir experiencia adicional para un puesto junior o aumentar la productividad de una persona hasta dejar de necesitar una nueva contratación.
Para una generación que apenas intenta ingresar al mercado laboral, todos esos escenarios importan.
Una escalera laboral con menos peldaños
El problema que plantea el informe de la OIT puede entenderse entonces menos como una predicción de desempleo masivo y más como una advertencia sobre la transformación de las rutas mediante las cuales las personas jóvenes comienzan su vida laboral.
Durante décadas, una parte importante de esas trayectorias comenzaba en puestos administrativos, técnicos, comerciales, operativos o profesionales junior. Algunos estaban lejos de ser empleos ideales, pero permitían obtener experiencia, capacitación y referencias para ascender posteriormente hacia funciones más especializadas.
Esa escalera ya estaba perdiendo peldaños antes de la llegada de ChatGPT y de la actual expansión de la inteligencia artificial generativa. La automatización previa, los cambios empresariales, la digitalización y las dificultades económicas habían comenzado a modificarla.
La IA puede ahora acelerar el proceso.
Por eso, el dato más importante del informe quizá no sea que 6.1% del empleo juvenil mundial, o 10% del latinoamericano, esté “expuesto”. La pregunta de fondo es qué ocurre cuando las ocupaciones más susceptibles de transformación coinciden precisamente con algunas de las posiciones que permiten a una persona joven entrar al mercado laboral y comenzar a construir experiencia.
En ese escenario, el riesgo no consiste solamente en que una máquina sustituya a alguien que ya tiene empleo. También consiste en que el puesto desde el que debía comenzar la siguiente generación simplemente deje de abrirse.
