La revista literaria británica publicó un comunicado después de que surgieran cuestionamientos sobre “The Serpent in the Grove”, de Jamir Nazir, ganador regional del Commonwealth Short Story Prize para el Caribe. La Commonwealth Foundation sostiene que el autor declaró que no usó IA, pero admite que no cuenta con una herramienta concluyente para verificarlo.
La revista literaria Granta mantendrá en su sitio el cuento “The Serpent in the Grove”, de Jamir Nazir, ganador regional del Commonwealth Short Story Prize para el Caribe, mientras la Commonwealth Foundation revisa las dudas sobre un posible uso de inteligencia artificial en la obra.
El caso abrió una discusión en el sector editorial después de que lectores y críticos señalaran posibles marcas de escritura generada por IA en el cuento. Según The Guardian, las sospechas surgieron poco después de su publicación en Granta y se apoyaron en patrones de estilo, comentarios de especialistas y resultados de herramientas de detección como Pangram.
La Commonwealth Foundation, responsable del premio, dijo que todos los participantes declararon que sus obras eran propias y que los autores preseleccionados confirmaron, tras nuevas consultas, que no habían usado IA. También explicó que no utilizó detectores durante el proceso de evaluación porque introducir textos inéditos en esas plataformas podía generar problemas de consentimiento y propiedad artística.
Granta aclaró en un comunicado firmado por su editora, Sigrid Rausing, que la revista publica desde hace más de diez años los cuentos ganadores del Commonwealth Prize, pero no controla la selección de las obras ni participa en la elección del jurado. La revista reconoció que existe especulación sobre si el texto de Nazir pudo haber sido generado al menos parcialmente con IA.
La parte más llamativa del comunicado es que Granta recurrió a Claude.ai para revisar el cuento. De acuerdo con la declaración de Rausing, el modelo respondió que el texto “casi con certeza” no fue producido sin ayuda humana, aunque añadió que algunos pasajes podían indicar un núcleo humano alrededor del cual se habría usado IA para elaborar el relato.
Rausing admitió que los jueces podrían haber premiado “una instancia de plagio con IA”, aunque señaló que todavía no existe una conclusión definitiva y que quizá nunca se sepa con certeza. Hasta que la Commonwealth Foundation llegue a una decisión, Granta mantendrá los cuentos publicados en su sitio.
El episodio muestra una tensión creciente en concursos literarios y publicaciones culturales. Si un participante usa IA de forma sustantiva sin declararlo, la falta afecta la competencia y la confianza en el premio. Pero el caso también evidencia otro problema: las instituciones no cuentan todavía con métodos suficientemente confiables para distinguir entre una obra humana, una obra asistida por IA y una sospecha basada en estilo.
La controversia ocurre en un contexto de mayor vigilancia sobre el uso de IA en literatura y periodismo. The Guardian recordó otros casos recientes, como la ruptura de The New York Times con un colaborador que admitió haber usado IA en una reseña, y la cancelación de la novela Shy Girl por preocupaciones sobre posible uso parcial de inteligencia artificial.
La discusión no está cerrada. La Commonwealth Foundation mantiene que debe operar bajo un principio de confianza mientras no exista una herramienta o proceso suficiente para verificar el uso de IA en ficción inédita. Granta, por su parte, reconoció la paradoja de que una IA sea una de las herramientas más rápidas disponibles para revisar si un texto pudo haber sido generado por IA.
El caso deja una pregunta abierta para premios, editoriales y revistas literarias: cómo preservar la confianza en la autoría sin convertir cada obra en objeto de sospecha permanente. En adelante, los concursos probablemente tendrán que definir con mayor claridad qué usos de IA están permitidos, cuáles deben declararse y cómo se verificará el origen de los textos sin vulnerar los derechos de los autores.

