NewsGuard usará IA para marcar a medios que usan IA sin declararlo

NewsGuard usará IA para marcar a medios que usan IA sin declararlo

La empresa privada que califica la confiabilidad de medios para anunciantes y plataformas lanzó un sistema en tiempo real para identificar “granjas de contenido IA”. El problema existe, pero la pregunta de fondo es otra: quién califica a los calificadores.

NewsGuard, la empresa privada que desde 2018 se presenta como árbitro global de la confiabilidad periodística, anunció el lanzamiento de un sistema en tiempo real para detectar sitios que producen contenido con inteligencia artificial sin declararlo.

La herramienta fue desarrollada en alianza con Pangram Labs, una compañía especializada en detección de textos generados por IA. Según NewsGuard, el sistema combina software automatizado con revisión de analistas humanos para identificar sitios donde una parte sustancial del contenido parece haber sido producido por inteligencia artificial.

La paradoja es difícil de ignorar: una empresa que vende calificaciones de confiabilidad a anunciantes, plataformas tecnológicas y otros clientes usará inteligencia artificial para identificar y sancionar comercialmente a sitios que usan inteligencia artificial sin transparentarlo de forma suficiente.

El problema que NewsGuard describe es real. La compañía afirma haber identificado 3,006 sitios clasificados como “AI Content Farms”, más del doble que hace un año, y sostiene que este universo crece actualmente a un ritmo de entre 300 y 500 nuevos sitios por mes.

De acuerdo con sus criterios, un sitio entra en esa categoría cuando cumple tres condiciones: una parte sustancial de su contenido es producida por IA; no declara claramente ese uso; y se presenta de una forma que podría llevar a un lector promedio a asumir que sus textos fueron elaborados por periodistas o redactores humanos.

Hasta ahí, la preocupación parece razonable. El ecosistema informativo enfrenta una multiplicación de portales automatizados que publican grandes volúmenes de textos baratos, genéricos o falsos para capturar tráfico, ingresos publicitarios o alimentar operaciones de influencia. NewsGuard incluso señala que estas granjas pueden operar como sitios “made for advertising”, diseñados para absorber publicidad programática, y afirma que hasta 141 grandes marcas aparecieron anunciadas en este tipo de páginas durante un periodo de dos meses.

Pero el lanzamiento abre una segunda discusión: la concentración de poder en las capas de clasificación de internet. NewsGuard no es un organismo regulador, ni una organización pública, ni una instancia de autorregulación gremial del periodismo. Es una empresa privada fundada por Steven Brill y Gordon Crovitz, ex editor del Wall Street Journal. Su modelo consiste en producir y vender datos, calificaciones y herramientas de confiabilidad informativa a anunciantes, plataformas, empresas tecnológicas, investigadores y otros clientes. En su propio material comercial, NewsGuard afirma que sus ratings cubren más de 35,000 fuentes de noticias y representan más del 95% del engagement con noticias en línea.

Eso significa que una calificación baja no solo tiene consecuencias reputacionales. En un mercado dondela publicidad programática puede excluir sitios mediante listas, segmentos “pre-bid” y herramientas de seguridad de marca, una etiqueta adversa puede traducirse en pérdida directa de ingresos. NewsGuard presenta su nuevo flujo de datos como una herramienta para que anunciantes eviten colocar campañas en granjas de contenido IA y afirma que puede integrarse en plataformas de compra publicitaria como The Trade Desk o licenciarse directamente por marcas y agencias.

El dilema no es si existen granjas de contenido IA. Existen. El dilema es qué ocurre cuando una empresa privada, con herramientas algorítmicas propias y criterios comerciales, se convierte en intermediaria de la monetización informativa.

El historial de NewsGuard vuelve esa pregunta más sensible. La compañía ha trabajado en proyectos de detección de desinformación vinculados con instituciones públicas estadounidenses. En 2020 anunció que había ganado un concurso organizado por el Pentágono y el Departamento de Estado para detectar desinformación sobre COVID-19. También ha reconocido trabajo con entidades como el Global Engagement Center del Departamento de Estado, la Unión Europea y áreas vinculadas al Departamento de Defensa, información que fue retomada por el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes en 2024 dentro de una investigación política sobre posibles mecanismos de censura indirecta mediante contratos gubernamentales y publicidad.

Ese contexto se volvió más conflictivo en 2026. En febrero, NewsGuard demandó a la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, acusando a la agencia y a su presidente, Andrew Ferguson, de usar el poder gubernamental para castigar sus calificaciones editoriales y obstaculizar su negocio. NewsGuard sostuvo que la campaña de la FTC estaba motivada, en parte, por quejas de medios conservadores con bajas calificaciones, como Newsmax.

Dos meses después, la FTC anunció acciones para “restaurar la competencia” en el ecosistema de publicidad digital. La agencia sostuvo que grandes grupos publicitarios habían coordinado estándares comunes de “brand safety” que podían volver a ciertos sitios “categóricamente inelegibles” para recibir ingresos publicitarios si eran clasificados como desinformativos. En ese comunicado, la FTC mencionó explícitamente a NewsGuard y al Global Disinformation Index como empresas cuyas designaciones de desinformación, según la denuncia, podían contribuir a la desmonetización de puntos de vista políticos desfavorecidos.

La propia FTC retiró después su demanda de información contra NewsGuard, señalando que sus acuerdos con grandes agencias publicitarias habían resuelto los asuntos relacionados con la empresa que dieron origen a esa exigencia. Sin embargo, el episodio dejó expuesta la tensión central: las herramientas creadas para proteger a anunciantes de desinformación también pueden convertirse en infraestructura de exclusión económica para medios.

Ahí aparece la contradicción más profunda del nuevo sistema. NewsGuard exige transparencia a los sitios que usan IA para producir contenido, pero su propia herramienta de clasificación combina detección algorítmica, datos propietarios y revisión interna. El uso de IA por Pangram Labs se informa en el comunicado de lanzamiento, pero el poder real de la herramienta opera en otro nivel: en las decisiones automatizadas de compra publicitaria, en las listas de exclusión y en los sistemas que determinan qué medios pueden monetizar.

La pregunta, entonces, no es si NewsGuard tiene razón al advertir sobre el “AI slop”. En buena medida, la tiene. El contenido automatizado, masivo, opaco y de baja calidad ya está contaminando búsquedas, redes sociales, agregadores y mercados publicitarios. La pregunta es si la respuesta debe consistir en delegar a empresas privadas la capacidad de decidir, con herramientas algorítmicas y contratos comerciales, qué medios son confiables y cuáles deben quedar fuera de la economía publicitaria.

La IA no solo está transformando la producción de noticias. También está transformando los sistemas que clasifican, ordenan, financian o expulsan a quienes producen información. En ese nuevo ecosistema, la disputa no se limita a quién escribe los textos. También se extiende a quién controla las listas, los filtros y las etiquetas que definen qué contenido merece circular y cuál debe desaparecer del mercado.

Por eso, el lanzamiento de NewsGuard no debe leerse únicamente como una herramienta contra granjas de contenido IA. Es una señal de algo más amplio: la consolidación de una nueva capa de poder sobre internet, donde empresas privadas califican la confiabilidad de medios, plataformas automatizan consecuencias económicas y los anunciantes delegan decisiones editoriales bajo el lenguaje técnico de la seguridad de marca.

Las granjas de contenido IA son un problema real. Pero en un ecosistema donde una empresa privada, con vínculos gubernamentales previos, clientes comerciales y sistemas algorítmicos propios, puede influir en qué medios reciben publicidad y cuáles quedan excluidos, la pregunta relevante sigue abierta: quién califica a los que califican.

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